Cómo criar a un bebé

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Apuesto que más de una vez cualquier padre se ha preguntado eso de cómo criar a un bebé, ya que no resulta nada fácil: aunque es obvio, es al revés de cómo nos han enseñado.

Como madre de cuatro no me puedo erigir en una sabelotodo pero algo de experiencia me gasto.

Si eres padre primerizo esto te servirá: es una cuestión más de instinto que de conducta. A día de hoy, tras casi 7 años cuidando bebés sin descanso, si hay algo que me queda claro es que no es como pensaba.

Los bebés no duermen.

Al contrario del famoso dicho, dormir como un bebé significa no pegar ojo.

Recuerdo cómo con mi primera y segunda hija, intentaba que durmieran en su cuna. La cuna es de lejos el artículo de puericultura menos usado en mi casa. Se me despertaban llorando en su habitación desde 2 a 4 veces cada noche y terminábamos exhaustos durmiendo nosotros en alguna de las camas individuales de ese cuarto.

La tercera y el cuarto no han dormido en la cuna. Me he evitado así infinitas noches en vela. Pero es que yo creía que era verdad que los bebés dormían y lo hacían en cunas.

Al final lo hacen en mi cama. Eso sí que no me lo esperaba.

Hay bebés que no quieren el pecho.

Ya puedes tú querer y poner empeño: si cierran el pico, es imposible.

Esto me pasó especialmente con la primera. No había manera y opté por hacer lactancia diferido y sacarme la leche para dársela en biberón. Una hazaña. ¿Lo volvería a hacer? Pues imagino que sí pero no me estresaría tanto y le daría biberón y tan feliz.

La lactancia artificial es tu amiga.

Sí. La leche en polvo es maravillosa. Para todas las madres que no pueden o no quieren dar el pecho, es la mejor solución. Biberones, tetinas, esterilizadores y cacitos con agua mineral serán tus mayores aliados. Adelante y sin remordimientos. Alimentar al niño es lo único importante; y a veces la única opción.

Los bebés no tienen horarios.

El otro día fue al pediatra con mi cuarto hijo. Eran casi las 11 y me preguntó si ya había desayunado, dormido su siesta de media mañana y hecho otra toma de pecho. Lo miré asombrada y le dije que sí. No de una manera tan cuadriculada sino más caótica, pero sí.

A mi mente vinieron recuerdos de cuándo mi primera niña tenía 4 meses y debía tomar a las 8 un biberón de 120 ml, dormir, a las 12 otro con zumo de naranja; a las 14 debía comer papilla y dormir de nuevo; a las 17 debía merendar, jugar, bañarse y a las 20 el último biberón con cereales y a dormir.

Aún estoy esperando a que lo haga. 🤣

Mis niños o son la excepción que confirma la regla o soy la única que lo reconoce o a veces pienso que todos mienten y tras las palabras “el niño come y duerme perfectamente”, se esconde un miedo al fracaso voraz.

Yo carezco de él. Mis hijas ni han dormido ni comido bien. Y el niño que es el que mejor duerme ya con 6 meses sigue tomando el pecho por la noche que se lo doy acostada y ni me entero y come a demanda.

Pero si algo he entendido es que lo de los niños es puro instinto de supervivencia. Cada uno lo hace como puede. Si tu hijo come y duerme como un bendito, da las gracias eternamente. El resto de padres zombies te envidiamos en secreto.

¿Y vosotros? ¿Qué pensáis: era tan fácil como parecía? Seguro que hay cosas que no han salido como creíais. Aquí os doy cabida, contadme qué salió diferente… En el próximo post sigo contando cómo  hacerlo, que es como yo creía 😂

1, 2, 3… responda otra vez

El sueño de una noche de verano.

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Hace muchos días que no aparecía yo por aqui, me van a disculpar por favor, pero es que cuando se unen varios factores a la vez, la vida una madre bloguera se complica: les cuento así que la semana pasada pasé varios días en cama aquejada de una gastroenteritis que me asoló porque me dejó postrada con dos gnomitas locas y un marido trabajando. A esto hay que unirle, que fue el Corpus, que tuve que trabajar y que además me fui a casa de nuestros amigos a que todos nos lo pasáramos pipa.
Justo el sábado las niñas estaban emocionadas jugando con sus amigos, la Bola, que por si alguien no la conociera es la íntima amiga de mi gnomita Mayor, y su hermano que no tiene nombre artístico pese a contar con 10 meses de edad ya. Bueno a lo que iba, que las niñas estaban emocionadas y reventadas a partes iguales,los duchamos a los cuatro en comuna y después del baño y la posterior cena, las niñas se quedaron jugando en el salón y luego como malos padres las pusimos a ver Peppa Pig. Cayó primero mi gnomita Chica y después la Mayor para dejar a la Bola en último lugar.
Los padres cenábamos felices en la terraza y de repente pregunté yo si cada vez que se había quedado allí la Mayor a dormir no había tenido terrores nocturnos.
Ajá. Mi pesadilla. La pesadilla de cualquier padre que quiere que su hijo duerma y sobre todo, que no despierte al resto de la prole. La respuesta fue clara y contundente: No, nunca. La cuestión es que esto de los terrores lleva casi un año quitándonos el sueño porque entre pitos y flautas, la niña -siempre complicada para dormir ella- lleva casi desde que empezó el otoño con esta alteración del sueño.
No tengo estudios de ningún tipo de formación sobre esto que tanta lata da, sólo puedo hablar de mi experiencia como madre, quizás de corta trayectoria, pero suficientemente intensa.
Los terrores empezaron cuando la niña con 2 años y medio se resfrió en la guarde; pilló un clásico virus de guarrería y luego lo empalmó con uno de estómago. Esto le supuso un cambio de hábitos en su rutina, pues durante una semana ni se levantó ni se acostó a su hora y menos, comió. Una de las noches, habíamos conseguido que se durmiera en su cuarto con su hermanita de 8 meses y empezó a dar berridos y saltos en su cama. Gritaba desesperada con verdadera angustia y buscaba algo en la oscuridad de la habitación. No sabíamos qué le pasaba, la niña no nos oía ni nos miraba. Le gritaba a la pared y saltaba despavorida.
Obviamente despertaba a su pobre hermana que dormía plácidamente. Esto sucedió hasta 4 veces en una sola noche.
Asustados, le comentamos al pediatra la situación y nos dijo que era normal y nos dio un jarabe, “el jarabe de ser valiente” le llamábamos.
En una semana ese jarabe calmó la ansiedad de los despertares y se controló bastante la cosa, fue mano de santo o eso creía yo.
Al tiempo hubo otro cambio en sus rutinas, imagino que otro virus, y tachán: volvimos a padecer los terrores. Terrores de los que la niña ni se entera, los sufrimos los demás porque ella está totalmente dormida y no se despierta. Hemos pasado por todo tipo de saltos, alaridos, aspavientos, sustos, etcétera… y cualquiera de los que me seguís por Tuiter sabéis de qué os hablo, pero ya este fin de semana pasado se estrenó con algo nuevo.
La niña se hace mayor y ya tiene 3 años. Ya se ha bajado de la cama dormida, ha venido al salón llorando y saltando y aunque parezca que está despierta, en absoluto es así. Normalmente la calma mi marido, siempre mucho más paciente que yo, y en cuanto se le pasa el episodio se duerme profundamente.
Hemos observado que esto le sucede siempre que cambia de rutinas y especialmente si deja de dormir siesta, así que ahora cuando los demás empiezan a abandonar las siestas es cuando en esta casa se hacen obligatorias.
De este modo escribo ahora en la penumbra de mi habitación, aprovecharé y me dormiré seguramente y esta noche hasta las 23:00 estarán las niñas despiertas a pesar de que mañana vaya a la guarde la Mayor. Esto es una situación dificililla en cuanto a que no se sabe por qué sucede, si la niña sufre, si son pesadillas y tiene miedo de verdad ni si se le pasarán. De momento ya saben como es en casa de los gnomos esto, el sueño de una noche de verano.

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