Mi hijo no quiere dejar los pañales.

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Sí. Es el título perfecto: largo pero cierto. Después de dos hijas mayores, mi tercera tiene justo esto: mi hijo no quiere dejar los pañales. Tiene tres años y está preparada de sobra pero aún así se ha negado rotundamente y me ha dicho que no. No va a dejar los pañales tan fácilmente.

¿Qué pasa?

Está claro que lo que pasa es su cabezonería. Ella está preparada de sobra, lo sabemos por su madurez y además porque en la guarde me lo han dicho todas sus profesoras. No es que la quiera hacer mayor yo ni nada por estilo: es que se niega.

Las pistas:

Estar preparado para dejar el pañal va en sintonía con el desarrollo psicomotor del niño. Debe ser suficientemente maduro como para poder dar el paso de reconocer cuándo tiene que ir al baño, por lo que debe también saber hablar lo mínimo, y ser capaz de demandar la visita al orinal.

Físicamente, según me explicaron a mí, debía estar preparado también y esto se veía muy bien cuando dejaban los pañales secos por la noche y amanecían limpios y cuando eran capaces de saltar con los pies a la vez. Así se mostraba que la musculatura del cuadro inferior estaba también apta, igual que la coordinación.

Los motivos:

Para cualquier niño de 3 años es un avance dejar los pañales. Así se sienten mayores, secos y seguros. Se les incentiva con ir al colegio, leyéndoles cuentos y cantando canciones sobre la temática.

La negativa:

Es una cuestión de seguridad. Poder hacer todas sus necesidades en el pañal es demasiado cómodo. Hacérselo encima da miedo. Si el niño lo consigue a la primera, como lo ha conseguido mi primera hija, podrá dejar el pañal fácilmente porque tuvo éxito y eso le da confianza. Si es como mi segunda que dijo que no quería más pañales, pues aprende rápido. Coge confianza porque es su decisión. Pero si es que no, no hay por dónde salir airoso de la operación pañal.

Las causas:

En este caso concreto, lejos de ser algo madurativo, mi hija no deja los pañales porque tiene un hermano pequeño. Es muy divertido cambiarse juntos, que papá y mamá les presten atención extra a los dos chicos de la casa y que siga siendo considerada de las pequeñas y no de las mayores.

En este caso el que no quiera dejar los pañales la une a ser de equipo de los peques con todo lo que ello conlleva y así evita que la lleven con las hermanitas, que a pesar de compartir género no le emociona la idea. Ella ya es muy mayor y juega con ellas y se incluye pero le beneficia el tener pañales para poder seguir siendo bebé.

Así que por aqui de momento, seguimos con los pañales, si mi hija no quiere dejarlos, pues se le respetará: en esta casa convertir la convivencia en un montón de gritos, enfados y momentos de tensión, no es una opción. No por flojera sino por felicidad. Quiero unos hijos felices y obligarles a llevarles al baño no ha sido nunca nuestra decisión, sino la de ellos.

Por tanto paciencia y a ver si en la playa cuando hacerse pipí no sea algo agobiante ni vergonzoso ni siquiera que se note, se anima la chiquilla. Nosotros esperaremos con ansia el momento.

 

 

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