La vuelta al cole.

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Aquí estamos un año más con septiembre recién inaugurado y con la vuelta al cole a la vuelta de la esquina valga la redundancia.

Dejamos maletas, ropa, arena, bañadores y toallas para volver a los zapatos, los uniformes y los libros.

Algo que me han enseñado mis hijas es que quieren lo que yo no.

¿Qué quieren?

Para mí septiembre es de siempre un mes triste. De días más cortos.

Recuerdo mi infancia en la piscina con los atardeceres más frescos, la brisa más fuerte y el sol más débil.

Ya se acaba el calor irrespirable de agosto para dejar paso al pegajoso de la vendimia y sus moscas. Caerán las hojas de los árboles y la brisa se convertirá en viento.

Sólo pensar en ello me dejaba el alma paralizada. Los anuncios de vuelta al cole me causaban estrés y ya ir a comprar calcetines me impedía respirar con normalidad.

Recuerdo con horror estar sentada en el mármol frío en bañador en casa frente a la tele y ver anuncios de chaquetones invernales. Y ver escaparates con maniquíes con botas altas y de no querer volver a calzarme, vestirme ni peinarme bajo ningún concepto.

Y ahora veo en mis hijas a dos niñas que están deseando volver al cole con sus amigas. A dos niñas ya más mayorcitas que quieren aprender, salir ahí fuera de nuestra burbuja familiar a ver qué se cuece y enterarse poco a poco de qué va el mundo.

Mi tercera es pequeña aún y su única queja es que no tiene amigas y que quiere ir al cole con las amigas de sus hermanas.

Soy yo la única que se hace fuerte aquí en casa con el bebé que es el único que aún no me dice que se quiere ir también (de momento) pero que este año empieza también la guarde y así quedarán ya todos escolarizados.

Será que yo vivo en el mundo al revés pero lo cierto es que este año es el primero en que septiembre no me está estresando. No me está pareciendo triste y no me está dando pena.

Quiero llevar a mis niñas a su cole y que allí estén contentas. Al fin y al cabo, su felicidad es la mía. Y yo creo que aprende con ellas soy yo y cada vez más.

¿Os pasa algo de esto también? ¿Es septiembre un mes triste para vosotros? Yo además soy Virgo y me gusta aferrarme a las cosas y claro, mis cuatro son signos de aire y lo que les gusta es echar a volar… jejeje

La eco de las 26 semanas

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Mi última eco fue hace 10 días, a las 26 semanas.
Al llegar a consulta me di cuenta de que había confundido mi cita y había visto la de octubre, así que me planté en noviembre en un día cualquiera a pedir que me viera mi médico sin saber siquiera sí tenía consulta.
Por suerte coincidió el día y sólo tuvimos que esperar una hora y media a que nos atendieran porque una cosa es la casualidad y otra ya la suerte infinita de que coincidieran las horas también!
Así que al llegar nos atendió mi médico, que para quien no lo sepa esta en Viamed Santa Ángela y le hago publi gratis y es el dr. Cadenas que es un profesional increíble.
Pues llegamos sin el informe de la doppler, – yo, para qué?- y él vio en su ordenador que lo más importante era el tema de la placenta, por el que yo también le pregunté. En la doppler crei entender que estaba baja, pero no, estaba previa marginal.
Esto significa, según me explicó él mismo, que estaba ubicada al margen del cuello del útero siendo la fase justo anterior a la placenta previa oclusiva.
En la doppler me dijeron que no cogiera peso (mi hija de año y medio era un buen ejemplo de peso, pero no hice caso…), que no mantuviera relaciones y que llevara una vida relajada. Os acordáis del #enREDadosenfamilia? #pueseso de todo menos relax. Pero yo no sabía cómo de importante era… En fin.
Me vio la gigantotripa que gasto y me dijo que debía revisar el peso de la nueva gnomita y el líquido amniótico que había. Oh, oh… Pensé yo.
Pasamos a la camilla y me miró a la niña: todo normal. Después me miro el líquido: también normal. Ya por último se centró en la placenta: estaba baja.
Según me dijo, la placenta se fija y a medida que el útero crece va alejándose del cuello uterino y fue eso justo lo que pasó. Creo que mi gigantotripa ayudó porque el útero está grande y flexible con lo que se ha extendido muy pronto y ha ayudado a que la placenta se moviera y alejara del cuello.
Al parecer ha pasado de estar a 0,2 mm a 5 mm o algo así y ya no supone un riesgo para el momento del parto.
No me creo que haya estado ajena a todo esto durante tanto tiempo!!! Y yo cogiendo a la Chica como sí nada… Aunque menos que antes, eso sí.
Al final: la niña está perfecta, todo lo demás también, la madre por supuesto y ya sólo queda esperar y seguir cargando con este bombo producto de un útero displaciente creo recordar que me dijo el doctor.
La anécdota la puso él al contarnos que su bebé, nacido hace dos meses, no paraba de noche y nos enseñó una foto del niño muerto de risa de madrugada.
Le tuve que desvelar que eso de que los bebés en la cuarentena dormían de un tirón era mentira… Jejejeje pobre!!
Alguien lo ha visto mi barriga aún? Este es el momento!!

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Y a Dior pongo por testigo de que sólo hay una!!!

El sueño de una noche de verano.

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Hace muchos días que no aparecía yo por aqui, me van a disculpar por favor, pero es que cuando se unen varios factores a la vez, la vida una madre bloguera se complica: les cuento así que la semana pasada pasé varios días en cama aquejada de una gastroenteritis que me asoló porque me dejó postrada con dos gnomitas locas y un marido trabajando. A esto hay que unirle, que fue el Corpus, que tuve que trabajar y que además me fui a casa de nuestros amigos a que todos nos lo pasáramos pipa.
Justo el sábado las niñas estaban emocionadas jugando con sus amigos, la Bola, que por si alguien no la conociera es la íntima amiga de mi gnomita Mayor, y su hermano que no tiene nombre artístico pese a contar con 10 meses de edad ya. Bueno a lo que iba, que las niñas estaban emocionadas y reventadas a partes iguales,los duchamos a los cuatro en comuna y después del baño y la posterior cena, las niñas se quedaron jugando en el salón y luego como malos padres las pusimos a ver Peppa Pig. Cayó primero mi gnomita Chica y después la Mayor para dejar a la Bola en último lugar.
Los padres cenábamos felices en la terraza y de repente pregunté yo si cada vez que se había quedado allí la Mayor a dormir no había tenido terrores nocturnos.
Ajá. Mi pesadilla. La pesadilla de cualquier padre que quiere que su hijo duerma y sobre todo, que no despierte al resto de la prole. La respuesta fue clara y contundente: No, nunca. La cuestión es que esto de los terrores lleva casi un año quitándonos el sueño porque entre pitos y flautas, la niña -siempre complicada para dormir ella- lleva casi desde que empezó el otoño con esta alteración del sueño.
No tengo estudios de ningún tipo de formación sobre esto que tanta lata da, sólo puedo hablar de mi experiencia como madre, quizás de corta trayectoria, pero suficientemente intensa.
Los terrores empezaron cuando la niña con 2 años y medio se resfrió en la guarde; pilló un clásico virus de guarrería y luego lo empalmó con uno de estómago. Esto le supuso un cambio de hábitos en su rutina, pues durante una semana ni se levantó ni se acostó a su hora y menos, comió. Una de las noches, habíamos conseguido que se durmiera en su cuarto con su hermanita de 8 meses y empezó a dar berridos y saltos en su cama. Gritaba desesperada con verdadera angustia y buscaba algo en la oscuridad de la habitación. No sabíamos qué le pasaba, la niña no nos oía ni nos miraba. Le gritaba a la pared y saltaba despavorida.
Obviamente despertaba a su pobre hermana que dormía plácidamente. Esto sucedió hasta 4 veces en una sola noche.
Asustados, le comentamos al pediatra la situación y nos dijo que era normal y nos dio un jarabe, “el jarabe de ser valiente” le llamábamos.
En una semana ese jarabe calmó la ansiedad de los despertares y se controló bastante la cosa, fue mano de santo o eso creía yo.
Al tiempo hubo otro cambio en sus rutinas, imagino que otro virus, y tachán: volvimos a padecer los terrores. Terrores de los que la niña ni se entera, los sufrimos los demás porque ella está totalmente dormida y no se despierta. Hemos pasado por todo tipo de saltos, alaridos, aspavientos, sustos, etcétera… y cualquiera de los que me seguís por Tuiter sabéis de qué os hablo, pero ya este fin de semana pasado se estrenó con algo nuevo.
La niña se hace mayor y ya tiene 3 años. Ya se ha bajado de la cama dormida, ha venido al salón llorando y saltando y aunque parezca que está despierta, en absoluto es así. Normalmente la calma mi marido, siempre mucho más paciente que yo, y en cuanto se le pasa el episodio se duerme profundamente.
Hemos observado que esto le sucede siempre que cambia de rutinas y especialmente si deja de dormir siesta, así que ahora cuando los demás empiezan a abandonar las siestas es cuando en esta casa se hacen obligatorias.
De este modo escribo ahora en la penumbra de mi habitación, aprovecharé y me dormiré seguramente y esta noche hasta las 23:00 estarán las niñas despiertas a pesar de que mañana vaya a la guarde la Mayor. Esto es una situación dificililla en cuanto a que no se sabe por qué sucede, si la niña sufre, si son pesadillas y tiene miedo de verdad ni si se le pasarán. De momento ya saben como es en casa de los gnomos esto, el sueño de una noche de verano.

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