Semana Santa con niños en Sevilla. Domingo de Ramos y vísperas.

Entramos en la semana de Pasión, lo que significa que la semana que viene es ya Semana Santa, una de las citas más importantes del año en la ciudad y aqui os traigo una guía breve para verla con niños. Empezaré con el Domingo de Ramos y las vísperas.

Nosotros normalmente salimos todos los días a ver pasos por las calles de los barrios y en el centro para ver el mayor número de cofradías posible, ya que a mi marido le gusta mucho la Semana Santa en general y disfrutarla con nuestra cada vez mayor familia en particular.

Por este motivo nos lanzamos los dos a elaborar una guía basada en nuestra experiencia sobre cómo y dónde ver y disfrutar de la cita diaria con toda la familia, especialmente si tenemos niños pequeños en casa o vamos con carritos.

Nosotros vamos en transporte público y cómo tenemos más de dos niños, éste suele ser el autobús o el metro, ya que el taxi no es una opción.

Desde esta misma semana ya empieza a haber pasos en las calles, con las hermandades de vísperas, y nosotros solemos ver la hermandad de la Misión, en el barrio de Heliópolis.

Se puede ver cómodamente, en primera fila con los niños, y gracias a esto los pequeños de la casa podrán hacer las clásicas bolas de cera, ver los pasos muy de cerca y disfrutar de las bandas de música que lleva la hermandad.

Y ya entrando en materia empezamos con el Domingo de Ramos.

Para nosotros existen dos opciones, dependiendo de la edad de los niños y de la ruta que más nos guste.

La Borriquita

La primera de ellas pasaría por ver la hermandad de la Borriquita en la Plaza del Duque a la altura del sindicato sobre las 16:00 horas.

Jesús Despojado

Rodeando San Eloy llegamos a la calle Tetuán donde podremos ver a Jesús Despojado entrando en carrera oficial y después a la Paz por Plaza Nueva entrando en Tetuán sobre las 17:00.

La Cena

Deberíamos ahora cruzar la carrera oficial hacia la Plaza del Salvador para llegar a la de la Encarnación por la calle Cuna. Allí veremos la Cena.

La Estrella

De ahí nos iríamos a Reyes Católicos a ver la Hermandad de la Estrella a eso de las 18:30 horas.

Y nos despediríamos de esta primera jornada para preparar cenas y baños de los más peques.

Segunda opción

La Paz

En la segunda de las opciones veríamos sin embargo, la Paz por la calle Brasil o incluso por el Parque de María Luisa.

Niñas en primera fila esperando a la Paz por el Parque.

La Cena

De ahí deberíamos salir al encuentro de la Hermandad de la Cena por Doña María Coronel a las 16:00.

Hiniesta y San Roque.

Iríamos después a ver la Hermandad de la Hiniesta por la calle Feria a eso de las 5 y media de la tarde para después ir a ver San Roque por la Encarnación a las 19:00 horas.

La Estrella

En este momento iríamos a ver la Estrella por la calle Velázquez que nos daría tiempo y de allí a la calle Trajano a ver la Amargura a las 9 de las noche.

Y acabaría aqui nuestra primera jornada de la Semana Santa para prepararnos para el lunes.

La familia al completo ya de vuelta.

Soy madre de un bebé colgón. (Otro)

¡Buenas de nuevo! Ya estoy aquí otra vez. Mientras me preparo para ir al pediatra aprovecho un ratín para contaros otra cosa más de esta nueva maternidad que vivo.

Aparte de ser única por ser de un niño varón que nada tiene que ver con sus hermanas, lo es por ser la única en la que se ha establecido la lactancia materna, la que me ha atado de manera única a un bebé muy tranquilo pero que no por eso, permite que me despegue de él.

Solemos pasar las mañanas juntos en casa. Me levanto para lidiar especialmente con mi tercera que se levanta de un humor para nada amable, y peino también a mi segunda. Despido a cada uno con un beso y me quedo con el benjamín de la familia. Y a veces nos dormimos juntos un rato más mientras le doy el pecho. Un gustazo.

Nos levantamos y desayunamos, él por enésima vez, y aquí desarrolla su faceta koala total.

No permite estar sentado, tumbado o reposado en ninguna superficie que no sea mis brazos o regazo. No consigo zafarme. Esto podría llegar a ser altamente incómodo de no encontrarme yo bien o tener que ir a trabajar fuera, pero como no tengo otra cosa que hacer que no sea esto (lo demás puede esperar tranquilamente), es a ello a lo que me dedico cada día desde hace casi 6 meses. Aunque cuando era más pequeñín aceptaba mejor quedarse en cualquier lado sin mí.

Lo bueno es que tolera tomar biberón y así si me coge muy a desmano, porque esté en el médico por ejemplo, su nutrición está garantizada. Pero es difícil que me pierda de su campo visual mucho rato.

No considero que lo haya acostumbrado a los brazos, tampoco a estar en su cuna, carrito o moisés más que sus hermanas, pero ha salido un poco lapa el niño.

Como gracias a Dios me lo puedo permitir, pasamos así nuestros días juntos en casa; lo único es que no veo el día en que me reincorpore a trabajar más activamente por estar tan atada y unida al bebé. Me recuerda a mi primera experiencia como madre con mi primera niña que era muy así también.

Siempre Pegadito a su mamá. Ese podría ser el eslogan de este niño. Y a mí me encanta.

¿Vosotras pudisteis despegaros para iros de compras aunque fuera un rato? Yo ya compro todo online porque es imposible salir de casa con semejante panorama demandante.

Homenaje a mi tercera niña.

Hoy hace tres años que volví a tener una de esas citas a ciegas de la que sales profundamente enamorada.

Mi tercera nació tal día como hoy hace tres años. Un parto largo, duro; una niña muy grande; 4 kilos de bebé.

Aquella mañana a estas horas ya estaba yo preparándome para vernos pero pasarían 12 horas hasta que esto pasara.

Hoy de tí, tras este tiempo conociéndonos, sólo puedo decir que eres todo personalidad y carácter.

Eres la pequeña de las tres. Pero cualquiera diría siquiera que eres pequeña. Eres enorme. Tienes salida para todo.

Un marcado carácter, fuerte personalidad, mucho genio… vamos, que sabes lo que quieres de sobra. No eres fácil de doblegar ni convencer.

Me encantaría para tí que no cambiaras. Que siempre siguieras así: fuerte, decidida y con determinación.

Hubo una vez una conocida, con hijos ya mayorcitos, que me dijo que las madres debíamos tener especial cuidado con nuestras niñas y no machacarlas. Que son muy sentidas con nuestras palabras y críticas.

Pues yo soy de querer respetar tu forma de ser porque me parece una gran virtud que no te dejes achantar, que no puedan contigo, que tengas las cosas claras, pues nosotras las mujeres siempre andamos con dudas en un mundo donde hace falta determinación.

Ser sumisa no va contigo. Al menos no ahora. Me encantaría que conservaras esta virtud ya que la de la inocencia se irá perdiendo irremediablemente.

Me encantaría que siguieras tan unida a mi madre como estás. Que fueras la nieta que siempre está con ella. Tú ves a tu abuela. Yo veo a mis dos líneas, una ascendente y otra descendente, que me atraviesan y quedan unidas.

En fin. Te enfrentas a un mundo para el que estás preparada de sobra a tu nivel. A medida que crezcas y encuentres barreras, espero que puedas franquearlas. Yo estaré aquí para observarte. Para levantarte. Para apoyarte y animarte.

No tengas miedo mi niña, vas a poder con todo. Eres genio y figura y eso es hasta la sepultura.

Me alegro de que hayas llegado a esta casa, que hace tres años vinieras tú, que aunque eras un bebé gordote y dormilón durante el día , nos diste malas noches como las demás.

Pero tú me diste la fuerza que necesitaba para salir yo adelante con mi proyecto de empresa. Me inspiraste en ideas. Me obligaste a salir. Y eso te lo agradeceré siempre. A ti y a todos tus hermanos, pues cada uno juega un papel fundamental en esta historia de mi vida.

Sois los ejes de ella. Me alegro de haberte recibido y que estés creciendo aquí ¡como una niña la mar de feliz! Que así sea, preciosa.

8M mi lucha como mujer en casa.

Hoy hay que hacer huelga. Huelga por nosotras, por la mujer, especialmente por las que tienen triple trabajo: con sus hijos, el remunerado fuera de casa y el doméstico. A las amas de casa nos han dicho que colguemos un delantal en la ventana o el balcón (como si fuéramos todo el día con el mandil puesto).

Nosotras las mujeres somos un género que necesita especial cuidado porque nuestra maternidad nos frena en nuestra carrera laboral. Nos multiplica el trabajo pues somos nosotras quienes cuidamos de la familia, nos hacemos cargo de las tareas domésticas y además no somos iguales que los hombres salarialmente hablando.

Desde aquí subrayo cada una de las líneas que bajo mi punto de vista nos empujan a la huelga pero me gustaría dar la vuelta al argumento.

Yo, licenciada universitaria, con años de experiencia laboral en distintos medios de comunicación, hoy no puedo secundar esta huelga por tener dos hijos muy pequeños de todavía dos años y otro de cinco meses ambos con pañales y totalmente dependientes. De hecho escribo este post con uno en brazos desde el móvil sujeto por mi mano derecha. (Tengo una práctica bestial, la verdad).

Entonces… ¿Cuál es mi lucha? Puede ser o no mi elección trabajar en casa, pero yo abogo por visibilizar el cuidado de la familia.

Hoy nos enfrentamos a un país que forma profesionales y olvida a las madres, sesga el valor biológico de cada una de nosotras para someternos al capitalismo más bestial. En una época donde el consumismo y el poder adquisitivo son el eje de nuestro día a día, se compra la belleza, el bienestar, el ocio; hedonismo al fin y al cabo… y nos encanta. Que el placer del disfrute es gozoso, no seré yo quien dude de esta condición.

Pero si que es verdad que se olvidan cuestiones fundamentales como el cuidado de la familia y el empoderar la condición de quienes trabajamos desde casa, bien haciendo sólo las tareas domésticas, bien haciendo además otras como labor profesional también. Además del cuidado de los peques, claro está.

Es ése mi caso. Vivimos en un maravilloso hogar formado por 4 niños, dos padres y una abuela por temporadas. Somos felices. Nos organizamos. Dividimos tareas. No nos olvidemos de mi querida María José, que ya os dije en el post anterior que es parte del engranaje familiar y se la quiere y respeta como a otro miembro más de la familia.

Pero para que esto tuviera más sentido, debería reconocerse la labor de la madre cabeza de familia quien, bien por decisión propia o ajena, dirige, coordina, cuida, establece turnos, alimenta, da cariño, enseña, acompaña o tutoriza los deberes, entre algunas de sus muchas labores. Y además lucha por no sentirse agredida cuando alguien de su familia extensa, pero cercana, que cuando intenta defender no sé qué debate añade: “sí, pero tú no trabajas” y se queda tan ancha. Porque para más Inri, suele ser mujer. 🤗

Para que se ponga en valor el no trabajo de las que estamos en casa.

De ahí nace la reivindicación de hoy. Porque cuando posees formación, titulación, experiencia y eres joven, te frustras al verte irremediablemente enjaulada en casa y sin reconocimiento alguno. Es más, debes limpiar, lavar, fregar, tender, cuidar, organizar, comprar y todo lo antes enumerado más otras muchas tareas bajo el eslogan del “tú no trabajas” aunque no dejes de hacerlo 24 por 7 porque a diferencia de quienes tienen horario, esta labor es permanente.

Con este panorama veo que las mujeres no tengan hijos en este país. ¿Quién quiere sobrecargarse a los tiernos veintitantos de obligaciones sin beneficio alguno? ¿Es mejor trabajar por y para la familia que ganar un sueldo y plantearse más adelante tener hijos? Está clara la respuesta. Luego vendrá la cara B de la conciliación y volveremos a estar unidas en la lucha. Las que elegimos la maternidad antes que la carrera y las que eligieron carrera antes que maternidad confluimos en un único punto: estamos sobrepasadas y minusvaloradas

Si a estas mujeres se les plantease una ayuda a cambio de tener hijos a cargo ¿Dejarían su trabajo? Y no hablo de universitarias necesariamente. Hablo de todas las mujeres con hijos que por un sueldo que no es para tirar cohetes salen a trabajar para poder vivir con un mínimo de confort. Yo misma como periodista en la calle no ganaría más de mil euros, con suerte. En caso de que recibiera la ayuda por hijo que otros países se da a las madres y que en mi caso con 4 niños sería de casi 800 euros. ¿No pondría en valor nuestra figura, tendríamos más hijos y seríamos más autónomas a la vez que otorgamos futuros trabajadores que paguen las pensiones dentro de algunos años?

La población envejece, las mujeres estamos agotadas, no se nos valora, se nos pide y exige cada vez más: madres, trabajadoras dentro y fuera de casa, guapas, delgadas, jóvenes, guerreras, responsables y más.

La lista es infinita. Por eso me uno a la lucha. No a la huelga. Porque mi lucha será darle visibilidad a las que si trabajan desde casa. Y como no llevo delantal ni quiero, ni pretendo, lo hago desde aquí exigiendo ayuda a las familias, el único sitio donde sí que se nos quiere; y si alguien duda, que le pregunten a nuestros niños.

Mi vida con cuatro.

Bueno, me he propuesto volver al blog como llevo haciendo desde hace tiempo. Este cuaderno me lleva acompañando más de cinco años pero ha tenido distintas etapas.

A veces me acompaña a diario, otras veces mensualmente y hay momentos que ni siquiera. Me aterra que se note que no tengo mucho qué contar y que hablo por hablar, como veo en otros blogs.

Y claro, me exijo tanto en contenido que termino por abandonar por pensar que voy a ser una intensa.

En gran medida también escribo menos porque ya no tengo el tiempo libre de antes.

Mi vida con cuatro hijos es apasionante pero me deja sin minutos al día para vaguear, distraerme o inventar. El nivel de exigencia es duro.

La maravillosa ventaja que le encuentro a tener muchos niños es que la vida es plena. Cada momento se vive intensamente. Esto hace que las semanas vuelen, de los meses no nos demos ni cuenta y que de repente estemos celebrando otro cumpleaños más sin haber reparado en que se ha ido otro año más, aprovechado al máximo, eso sí.

Mi vida es fácil, eso también ayuda. En estos años he pasado momentos de duelo y desengaños en el mismo ámbito de la familia y me ha hecho sentir triste, sola y excluida.

Ahora, en cambio, ya adaptada a la situación familiar (que conste que no es la de mi marido o mis hijos, ésta es maravillosa, sino la de la familia extensa), soy plenamente feliz y doy gracias cada día.

Nuestra bendita rutina empieza los lunes. Mi marido levanta, viste y peina a las niñas para el cole y la guarde. Yo doy el pecho al peque que apenas me deja separarme de él.

Mi madre pasa temporadas con nosotros pues vive sola y, lejos de ser una suegra rompiendo la armonía del hogar, se ha convertido en una abuelita indispensable para mis hijos y a las que todos adoramos. Está super valorada en esta casa y es un bastión en mi vida. No hay nada como la familia para sentirte querida sin límites.

Ella se levanta con las niñas y les hace la merienda mientras yo sigo con mi secuestro lactante en la cama con el niño.

Y todo fluye y se van a la guarde, al cole y al trabajo. Y en casa quedamos la abuela, el peque y yo. Entre desayuno, organización doméstica, trescientas lavadoras por colores, recogida y tendida de colada y dos cosas más, es la hora del almuerzo. [Gritos] jaja.

Comemos los adultos ya que las demás comen en el cole y la tercera jamás quiere almorzar. Esto da para otra historia.

Se va el padre y tomo yo el relevo. Nos hemos estrenado con deberes. Ayer estudiábamos Roma para exponer sus monumentos; Almería para conocer sus fiestas (y aún nos queda Granada); hacer un plano de nuestra casa para la guarde (¡deberes a los dos años…!) Y atender la demanda del bebé.

Acabamos, recogemos y al baño. Ducha, pijama, cena y a arengar a las fieras para que se acuesten. A veces hacemos pleno y se duermen todos. La mayoría del tiempo se duermen las dos mayores sólo. La tercera tarda un poco más en irse a la cama y el bebé a las 11 me dice que me acueste a darle la última toma.

Nos acostamos y ya nuestra semana acaba en viernes. Ha pasado otra más volando.

Los fines de semana son otra cosa, menos mal. Empiezan el viernes con el respiro que nos da María José que nos ayuda con la plancha y a vivir en un ambiente agradabilisimo que dura lo que tardan las fieras en volver del cole. Las niñas se levantan tarde y podemos dormir bien. ¡Duermo mejor con cuatro que con una!

Gracias a la vida. Si tenemos aliento hacemos algo mi marido y yo. Si no, nos quedamos el finde en casa disfrutando del hogar.

Un hogar lleno de actividad diaria que llena nuestros días.

¿ A vosotras os vuela el tiempo como a mí? Yo me estoy haciendo mayor sin darme cuenta y por eso sigo pensando que no tengo ni treinta 😎

El espíritu de las Navidades.

Hay un cuento de Navidad que es realmente triste, o al menos a mí me lo parece, que es el del espíritu de las Navidades. Ya sabéis: el de aquel a quien visita el espíritu de la Navidad y le muestra cómo serían sus Navidades futuras en base a cómo fueron las pasadas y están siendo las presentes.
A mí hoy día de Nochebuena me ha visitado, aunque el orden de mis Navidades no siempre ha sido como en el cuento.
Hoy vino a verme primero el de las presentes. Una casa repleta de gente, llena de niños, con cuatro soles llenando de risas y peleas el salón, un padre disfrutando de la tarde en familia. Con la abuela en la cocina oyendo villancicos sin parar y con los fogones a todo lo que dan y conmigo viéndolo todo con una mezcla de hormonas y amor extremo.
Ha sido tan gratificante la visión que me ha llenado el alma de felicidad.
Acto seguido ha venido el de las Navidades pasadas, si veis mi publicación de la felicitación de hoy lo veréis asomando en el texto de mi foto de Instagram. «Lejos queda ya esa Nochebuena en Alemania en la que estaba sola y llamé al vecino chino para tener añguna compañía ya que era al único que encontré a quién no le suponía nada especial que naciera alguien esa noche».
Éste me ha llevado más atrás en el tiempo, a mi casa de la infancia, esa casa de suelos de mármol donde el frío helaba el ambiente y la chimenea apenas se encendía por órdenes estrictas incomprensibles. Esa rígida cena de gala para cuatro con un par de estufas en un comedor con vajillas de un único uso anual y con silencios tapados por la Coral de los Pedroches. A esa cinta de cassette y a mi madre es a lo que asocio aquellas fiestas.
La sensación de frío y soledad campa en aquellos recuerdos.
Y cuando ha llegado el de las Navidades futuras me ha mostrado una gran familia, con yernos y nueras, con niños, con canas y con la calma tensa de las relaciones familiares.
Sin duda las mejores son las presentes.
Las pasadas no me gustan. Las futuras son inciertas.
Me quedo con la tarde de karaoke, de risas y enfados infantiles por un juguete.


Del llanto del benjamín de la familia por no estar acostados a las once de la noche como él quiere siempre y de la visita de nuestra vecina y su hija que hoy estaban como yo en ésas pasadas en las que mi vecino chino me brindó la compañía inocente en una tarde de Navidad solitaria.

Es inevitable que venga a visitarnos este espíritu y nos llena de melancolía; yo no echo nada de menos, sólo quisiera que nunca acabasen éstas.
Cada Navidad con mi familia al completo recuerdo las otras y rezo porque se queden. Obviamente hemos perdido parte de nuestra familia, algunos no volverán aqui con nosotros porque no pueden y los que pueden, tienen las puertas abiertas en casa.
En definitiva, soy feliz, muy feliz. He conocido la felicidad y sólo me aterra perderla, así que la disfrutaré mientras dure. Ojalá una felicidad eterna.
¿Y a vosotras, os ha visitado este espíritu slguna vez?

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Mis cuatro lactancias.

Antes de empezar a hablar de mi lactancia con mi cuarto bebé debería resumir, para todas las que habéis llegado ahora al blog, cómo fueron las lactancias anteriores.
Con mi primera hija la lactancia fue en diferido, esto significa que me saqué la leche durante 2 meses para dársela en biberón ya que ella nunca se cogió el pecho puesto que yo ni sabía cómo se daba el pecho, ni la niña había salido con fuerza suficiente para poder prenderse, ni además, tenía apoyo por parte de las matronas del Hospital Virgen del Rocío ni mucho menos alguien a mi alrededor de dónde poder sacar algún tipo de idea.
Así que cuando me dieron el alta nos fuimos a casa con un bebé que llevaba más de 48 horas sin comer, que no se prendía el pecho, que a mí no me había subido la leche por falta de estímulo y que apenas lloraba porque no tenía hambre o porque no tenía fuerza, no sé. Al cabo de un día y medio en mi casa mi madre me dijo que por favor le diéramos un biberón porque esa niña lo que tenía era mucha hambre, así que fue mi marido a la farmacia y compró leche y se la ofreció un biberón que tardó en tomarse un segundo aproximadamente. Recuerdo que mi sensación fue de fracaso total porque llevaba como 42 semanas esperando a poder darle el pecho a mi hija como lo había hecho mi madre con mi hermana durante casi un año a libre demanda y de repente algo fallaba.
La idea que había tenido inicialmente no se materializaba. Era totalmente imposible; la niña no cogía el pecho de ninguna manera ni aún habiendo comido teniendo fuerza ya y no tenía ese reflejo de succión conmigo sino solamente con el biberón. Este primer postparto fue un poco complicado porque yo me encontraba bastante mal, la niña era bastante demandante desde el primer momento. Era muy difícil que comiera, con lo cual era muy difícil que durmiera y era muy difícil que estuviera tranquila y además, era una niña bastante despierta y nunca se quedaba calmada por más de una hora, con lo que el descanso para mí era una utopía.
Establecí con mi primera hija un vínculo muy fuerte, muy instintivo y muy animal, a pesar de darle biberón y no el pecho directamente y estar enganchada todo el día el sacaleches, así que para mi dar el biberón se convirtió en una cosa habitual y para nada óbice de la relación madre e hija y del vínculo inicial.
Con mi segunda hija fue completamente al revés: la niña tal como nació la dejé sobre el vientre y ella solita fue reptando hacia el pecho y se prendió enseguida. Ya había leído mucho sobre lactancia en blogs y ella se enganchó muy bien y tomó el pecho desde el primer momento.
A esta niña le di el biberón puesto que tenía la experiencia previa de su hermana y no quería que pasara igual, y el resultado fue buenísimo porque la niña al comer algo limpió bilirrubina y pudimos irnos a casa sin necesidad de reingresar a pesar de estar bastante amarilla.
Recuerdo esa experiencia muy tierna por decirlo de alguna manera, el vínculo que establecí con ella también fue bastante fuerte y tuvimos una lactancia materna exclusiva feliz hasta que con 40 días le detectaron una alergia a la proteína de la vaca. Yo no fui capaz de seguir una dieta estricta, pues en principio me quitaron el pollo, el pescado, el huevo, la ternera, la leche y todo lo que tuviera trazas hasta que pudieran ver definitivamente a que era alérgica la niña. Aquí fue cuando tuve mi primer contacto con la leche hidrolizada y más tarde con la elemental puesto que la niña tenía una alergia bastante fuerte y era muy sensible a cualquier tipo de proteína. La leche hidrolizada tiene aminoácidos y no proteínas y er la que toleraba, a pesar de que huele fatal.
Con mi tercera hija la experiencia previa me había hecho estar bastante confusa no sabía si darle el biberón de leche normal si llevarme un biberón de leche hidrolizada o si darle el pecho. Así que opté por la lactancia mixta para que la niña se alimentara las primeras horas de vida.
Establecer la lactancia materna no fue posible puesto que a los tres días la ingresaron en neonatos como ya conté en el post anterior y allí le daban de comer con biberón y mientras tanto yo estaba en casa y no me subía la leche porque no tenía ningún tipo de estimulación en los 3 días que estuvo ingresada. Fui a pedir la pastilla dostinex para quitarme la leche cuando la niña no tenía ni una semana de nacida y le retiré la lactancia materna y y me esmeré en buscar algún tipo de señal que hiciera pensar que la niña tenía alergia a la proteína de la vaca. No me equivoqué y cuando la niña cumplió el noveno día de vida en efecto dio señales de esto y directamente pasamos de la leche de fórmula normal a una hidrolizada, teniendo en cuenta la experiencia de su hermana anterior.
Debido a mis experiencias anteriores cuando llegó el momento de plantearse qué hacer con el cuarto hijo decidí darle biberón directamente para que pudiera comer desde primera hora y de esa manera no seguir sintiendo yo el fracaso de mis lactancias de continuo. Pero como el hombre propone y Dios dispone, mi hijo nació con muchísima hambre y a pesar de tomar biberón desde el primer momento seguía llorando por hambre; había cogido el pecho muy bien y aunque yo había pedido en paritorio las pastillas dostinex para que no me subiera la leche no me las tomé cuándo me las traían a la habitación las enfermeras.
Yo las dejaba porque mientras el bebé estaba el pecho no lloraba y como había nacido tan débil pues había un instinto en mí que me hacía ponérmelo al pecho y calmarlo así antes que dejarlo llorando ya que suficiente lloraba ya en la lámpara de fototerapia.
Salimos del hospital habiendo subido ya la leche puesto que estuve 4 días allí y establecimos la lactancia materna sin ningún tipo de problema; las enfermeras venían siempre a decirme que no dejara que subiera la leche si quería tomarme las pastillas y dar el biberón y se quedaban bastante sorprendidas cuando les explicaba que le daba el pecho para que se calmara porque era la única manera de que el niño no llorara y que establecer la lactancia era lo de menos. Era un complemento.
El bebé quería tener el contacto conmigo y estar siempre chupando, y las pobres enfermeras vinieron varias veces a darme explicaciones y ella tampoco entendían cuál era mi experiencia previa pues pensaban que al tener cuatro hijos era toda una experta 🤣 cuando, en realidad, no tenía ni la más remota idea simplemente me estaba dejando llevar un poco por mi instinto y las hormonas.

Mucho piel con piel y hormonas de amor por todos lados.


Así que aquí estamos, con una lactancia feliz sin grietas que ya es decir, un montón de hormonas, unas noches muy llevaderas dando el pecho en la cama sin despertarnos ninguno de los dos y dando algún biberón de ayuda si estoy muy ocupada con las niñas o el bebé tiene mucha hambre y no se sacia.
Pero de momento estamos felices y unidos. Ojalá no salga la alergia a la proteína, que ya me dijo la pediatra que lo vio, que es un antecedente que sus hermanas la tengan para que el pueda desarrollarla. Por eso no dejó el biberón, para ver si tomándolo a diario, no se sensibiliza a la PLV.

¡Le sube la bilirrubina, ay le sube la bilirrubina!

Mi experiencia con la bilirrubina al parecer me acompaña desde que nací. Mi madre dice que me puse amarilla al poco de haber puesto un pie en esta tierra y no sé si esto influirá, pero lo cierto es que de mis hijos salvo la primera, los tres pequeños han tenido este problemita que se ha solucionado gracias a Dios al poco de haberse diagnosticado. Tampoco es algo grave.
En el caso de mi hija la segunda, a la que yo llamo la mediana aún, nada más nacer pude establecer rápidamente la lactancia materna pero aunque le di biberón estando en la clínica los primeros días para que pudiera alimentarse bien, cosa que no hice con la mayor, el color rosado y rojito de su piel pasó a convertirse en un amarillo un poco intenso. Esto le sucedió estando ya en casa y yo, como madre primeriza de una niña amarilla no sabía que era lo que le pasaba y me limitaba a darle paseos para que le diera el sol y así a los pocos días fue remitiendo el color amarillo y volvió a la normalidad y se tornó en rosita.
Con mi tercera hija nos midieron la bilirrubina estando en el hospital y nos dijeron que deberíamos volver al día siguiente del alta para hacerle una analítica y que nos confirmaran el nivel que tenia en sangre. En este caso cuando le hicieron la analítica comprobaron que los niveles estaban excesivamente altos y nos dijeron que debería ingresar en la UCI de neonatos. El momento en el que tuvimos que dejarla allí solo en pañales con una máscara que le tapaba los ojitos y el hecho de solo poder verla cada 3 horas, a mí que estaba recién parida y llena de hormonas, me supuso un mundo. Peor fue cuando volví a casa esa noche y no la tenía ni en el Moisés ni en mi cama como había pasado la últimas 72 horas conmigo. Además, yo me encontraba físicamente muy mal tras un parto muy largo de una niña muy grande y en el postparto inmediato retenía todavía mucho líquido y el hecho de estar sentada en una silla esperando para entrar durante la media hora de la visita y a veces el tiempo que duraba entre visita y visita me hacía estar muy incómoda, además de dolorida gracias a la ristra de punto que tenía.
Con mi cuarto hijo la experiencia no iba a ser diferente aunque si mejoró bastante en comparación. Él nació con un color más bien pálido, ayer conté en el blog que estaba hipotónico y un poco débil y se le veía bastante blanquito a diferencia de mis dos hijas anteriores, que estuvieron bastante rosas o rojizas. Este bebé en cambio, estaba más bien pálido así que pensé que el blanco no se tornaría en amarillo y me limité a alimentarlo con biberón y entre horas como lloraba mucho me lo ponía el pecho (ese será el siguiente post).
Lo cierto es que el día en que nos iban a dar el alta, a las 36 horas de nacido prácticamente, le hicieron una analítica y comprobaron que el nivel de bilirrubina era bastante alto y debía quedarse ingresado y yo con él. Tuvimos la gran suerte de que nos subieran una lámpara a la misma habitación en la que estábamos y que el niño se quedará conmigo y no tuviera que estar solo en neonatos sino en la habitación a mi lado. Muchas me estuvisteis en Instagram la historia del bebé llorando a tope y yo sin poder cogerlo.

Yo con mi bebé. Lloraba tanto… qué penita.

Luego se dieron una serie de circunstancias un poco raras pues nos dijeron que el niño tenía un soplo en el corazón o que la causa de la bilirrubina era una incompatibilidad de grupo y que mis anticuerpos sanguíneos destruían los glóbulos rojos del bebé debido a la transferencia sanguínea que se produce en el parto, además me dijeron que con el desprendimiento de placenta los bebés perdían también sangre y que el niño no estaba generando suficiente glóbulos rojos como para poder superar la bilirrubina.

Lo cierto es que el niño debía estar muy hidratado para hacer mucho pipí y caca y de esa manera poder eliminar la bilirrubina que tenía en el cuerpo. Así que tomaba biberón para tener el mínimo de alimento y además el pecho todo el rato para que bebiera aún más ya que lo hacía a demanda y hoy, tras casi 20 días está ya de color carne.
Al final todas las historias del soplo en el corazón, de los anticuerpos y no sé qué más se quedaron en nada, sólo que tenía una ictericia curiosa, como el resto de sus hermanas y como se aprecia en esta foto.

Sustitos de la maternidad… ¿y los vuestros? ¿Tuvieron también ictericia?

El cuarto. El desenlace

De repente escuché como Manolo decía algo parecido a “Pepe es real” y Pepe, a la sazón mi ginecólogo, vino y comprobó que así era y que tenía que empezar ya con el parto.
Para mí era una cosa un poco precipitada pero dijeron que lo hiciéramos y bueno simplemente pedí las asas para poder sostenerme y empujar mejor de esta manera y me dispuse a darle la bienvenida al benjamín de la familia.
Al principio todo fue bien, de hecho fue tan bien que creo que ha sido el único parto en el que me reído y no tuve nada de dolor. Me daba miedo por lo que se avecinaba y los 4 kilos de bebé que iba a tener pero ya no había marcha atrás. Manolo me miró y me dijo “mira me voy a subir encima de ti y voy a empujar al bebé” y yo, que ya tengo un poco de experiencia, sabía que lo que iba a hacer era una maniobra de Kristeller, cosa que odio y además hablé con mi madre el día antes precisamente para decirle que mis experiencias en esta clínica, jamás me lo habían hecho pero bueno, una vez que estás en el potro y te dicen qué es lo que tienen que hacer pues te dejas, o al menos yo que soy bastante obediente.
Me dijeron que el primer pujo debería ser con la boca cerrada y la barbilla pegada al pecho, empujón fuerte y que ellos me avisarían cuándo debía hacer el siguiente. Obedecí y esperé al siguiente y de repente todo cambió. Ahora me dijeron que abriera la boca. ¿Cómo? Si, si. Que abras la boca. Quiero que empujes con la boca abierta.
(Vaya. Tres partos y en el cuarto es cuando me dicen que abra la boca.) ¿Para qué? Tú abre la boca. Ajá. ¿Aji? ¿Con la baca abiarta? Si. Si. No la cierres. (Pero ¿¿¿qué narices???). “Como en las películas americanas: así” y el propio médico abrió la boca y lo interpretó. Y obedecí.

Lo siguiente fue sentir al niño en la salida y que no lo sacaban. Les pregunté y Manolo me dijo “no sale porque viene con un collar muy apretado” y entendí que venía con vuelta de cordón, pero como mi mediana vino con dos y mi anterior médico se las quitó como si nada, no le di la más mínima importancia. Se las quitaría.
Pero no. (Ahora es cuando os cuento que en mi desesperación preparto me dio por ver videos de nacimientos en YouTube y precisamente vi alguno de niños a los que les cortaban el cordón sin haberlos sacado de sus madres por estar muy apretados. Cosas frikis de una.) y mi marido oyó que decían que lo peligroso ahora era no cortar al niño, pero bueno, que no era la primera vez que lo hacía…
Yo seguía en mi película de la boca abierta. (Luego supe que con esta técnica querían que mantuviera el empujón para que no se subiera el niño pero que no lo hiciera tan fuerte como para que lo expulsara pues el cordón causaría problemas). «Ají que jegui con la baca abiarta un rato máj hajta que me dijeran que podía jerrarla»
Y fue cuando cortaron el cordón y el niño nació, cuando vieron que se había desprendido la placenta, seguramente porque el cordón la arrastró, que había coágulos y hemorragia, que al bebé había que aspirarlo porque había tragado e inhalado mi sangre motivo por el cual había hecho bradicardia, y que había que actuar rápidamente limpiando todo bien, comprobando de dónde venía la hemorragia, por qué se desprendió la placenta y controlando que en mí estuviera todo bien y no se quedaran restos ni hubiera roturas de nada.
No fue a más. Por lo bien que actuó el médico y la rapidez, la sangre fría, la exactitud y su saber hacer.
Yo ni me di cuenta de nada. No supe qué estaba pasando porque tampoco pude ver salir al bebé. Le pusieron una ventosa, pero no la que siempre han usado conmigo, sino una manual, no de las de la máquina que se conecta, y no vi más que a mi médico escabullirse bajo mi camilla (que yo, ojo, seguía con la boca abierta y sólo pensé “parece que esté haciendo kite surf” este médico mío) y vi al niño nacer con sangre, pero lo normal.
Mi marido en cambio si vio cómo nació con la boca llena de sangre y que la echaba como Rocky Balboa tras un puñetazo en un combate.
Le dieron un 9 en el test de Apgar al nacer al niño, después 10 y 10. Oí que estaba hipotónico y lo tuvieron que reanimar, pero por suerte quedó en un susto.
Madre y niño estuvimos fenomenal enseguida.
El niño es un bombón. Y si antes veía a mi médico así
, ahora lo veo así
Al final, pudimos empezar a disfrutar de nuestro nuevo pequeñín rápido.

Y pesó 3,325 kgs sólo.

Y así nació el cuarto. Parte I.

Nuestro cuarto bebé llegó hace 17 días, exactamente hace tres viernes, tras 40 semanas y 2 días de embarazo mientras yo asistía horrorizada a las previsiones médicas de que el bebé iba a pesar más de 4 kg e insistía a mi médico que por favor en la semana 38 nos plantearámos la posibilidad de adelantar el parto. Mi médico se negó rotundamente lo que provocó una enorme contrariedad y una mayor desesperación en las siguientes dos semanas. No fue hasta el último día que asistí a consulta cuando mi médico me dijo que estaba ya un poco favorable y podíamos hacer una inducción antes de las 41 semanas que era lo que había durado el embarazo de las otras tres niñas.
Así que el viernes 6 de octubre ingresé a las 8 de la mañana en la clínica Viamed Santa Ángela de la Cruz y tuve la enorme suerte de estar especialmente bien atendida desde el primer momento por el Dr. Romero que nos ha tratado de una manera excepcional y estaré muy agradecida siempre por el trato humano y cercano que nos ha dado. Y por mi ginecólogo esta vez el dr. Jiménez Egea con todo su equipo.

Siempre hago está foto antes de tener un bebé.

Siempre hago está foto antes de tener un bebé.


Al ingresar esperamos bastante tiempo y hasta las 11 no pude bajar a paritorio. Fue entonces cuando empezamos con prostaglandinas a intentar comenzar el proceso de parto pero que tras pasar 2 horas no había conseguido ni reblandecer el cuello del útero y prácticamente estaba a las 13 horas tal como había llegado antes. A veces reconozco que me paso respetando mi cuerpo como si nunca hubiera parido… Hubo cambio de turno y llegó mi casi amigo Manolo, que cuando nos vio nos preguntó que de qué nos conocíamos pues pensaba que era de algún tipo de relación indirecta de fuera del hospital, pero claro era la tercera vez que me enfrentaba un parto con él en los últimos 4 años y de eso le sonaba tanto mi cara.
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Manolo me recomendó esperar un poco más a ver cómo evolucionaba y en efecto, en la siguiente revisión (yo calculo que pasó otra hora) había dilatado 2 cms y me rompieron la bolsa. Empezaba una dinámica diferente de contracciones, había tenido contracciones indoloras o muy poco dolorosas hasta entonces y ahora las contracciones avanzaban en intensidad pero era un poco más frecuentes y molestas aunque sin entrar todavía en dinámica de parto.
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Me pusieron oxitocina y ahí ya empezó la verdadera fiesta. Tenía contracciones cada minuto minuto y medio intensas pero soportables, así que cuando pasó de nuevo una hora volvió Manolo y al preguntarme le contesté que estaba muy bien llevando las contracciones, que no quería pasarme para evitar estar tan dilatada que la epidural no fuera una opción y se hizo el milagro de estar ya de 5 cm y en un momento ideal para poner la epidural.

Como una está muy loca, muy loquísima, decidí que podía ser un buen momento para no ponerme la epidural porque los dolores eran perfectamente soportables aunque muy seguidos y de cierta intensidad y se lo comenté a mi marido quién me miró con cara de hombre con santa paciencia y me dijo que no hiciera tonterías. Me puse la epidural sin estar muy convencida hasta que me llegó una contracción que me hizo ver las estrellas, los anillos de Saturno y cambiar de constelación varias veces.
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Le daba la manita a una chica que estaba ahí muy amable, pero cuya misión manual era muy importante de repente, y a quien agradecí eternamente que me dejara espachurrar sus deditos mientras me daba el trallazo final antes de que suplicara ser rejoneada por el anestesista y a quien nunca olvidaré, y a la que además le declaré mi amor incondicional al decirle “está manita tuya, me está dando la vida” mientras agachaba la cabeza buscando las tablas.
De un bolo único y maravilloso, quedé con una analgesia que me permitía mover las piernas pero no tener dolor. Una maravilla.
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Ya estaba en completa cuando llegó el médico y dejó el parto para unos 15 minutos después, me hizo empujar, me dijo que el niño no estaba ni instrumentable porque estaba muy arriba y se fue a rellenar los papeles, hasta que…