Mi hijo no quiere dejar los pañales.

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Sí. Es el título perfecto: largo pero cierto. Después de dos hijas mayores, mi tercera tiene justo esto: mi hijo no quiere dejar los pañales. Tiene tres años y está preparada de sobra pero aún así se ha negado rotundamente y me ha dicho que no. No va a dejar los pañales tan fácilmente.

¿Qué pasa?

Está claro que lo que pasa es su cabezonería. Ella está preparada de sobra, lo sabemos por su madurez y además porque en la guarde me lo han dicho todas sus profesoras. No es que la quiera hacer mayor yo ni nada por estilo: es que se niega.

Las pistas:

Estar preparado para dejar el pañal va en sintonía con el desarrollo psicomotor del niño. Debe ser suficientemente maduro como para poder dar el paso de reconocer cuándo tiene que ir al baño, por lo que debe también saber hablar lo mínimo, y ser capaz de demandar la visita al orinal.

Físicamente, según me explicaron a mí, debía estar preparado también y esto se veía muy bien cuando dejaban los pañales secos por la noche y amanecían limpios y cuando eran capaces de saltar con los pies a la vez. Así se mostraba que la musculatura del cuadro inferior estaba también apta, igual que la coordinación.

Los motivos:

Para cualquier niño de 3 años es un avance dejar los pañales. Así se sienten mayores, secos y seguros. Se les incentiva con ir al colegio, leyéndoles cuentos y cantando canciones sobre la temática.

La negativa:

Es una cuestión de seguridad. Poder hacer todas sus necesidades en el pañal es demasiado cómodo. Hacérselo encima da miedo. Si el niño lo consigue a la primera, como lo ha conseguido mi primera hija, podrá dejar el pañal fácilmente porque tuvo éxito y eso le da confianza. Si es como mi segunda que dijo que no quería más pañales, pues aprende rápido. Coge confianza porque es su decisión. Pero si es que no, no hay por dónde salir airoso de la operación pañal.

Las causas:

En este caso concreto, lejos de ser algo madurativo, mi hija no deja los pañales porque tiene un hermano pequeño. Es muy divertido cambiarse juntos, que papá y mamá les presten atención extra a los dos chicos de la casa y que siga siendo considerada de las pequeñas y no de las mayores.

En este caso el que no quiera dejar los pañales la une a ser de equipo de los peques con todo lo que ello conlleva y así evita que la lleven con las hermanitas, que a pesar de compartir género no le emociona la idea. Ella ya es muy mayor y juega con ellas y se incluye pero le beneficia el tener pañales para poder seguir siendo bebé.

Así que por aqui de momento, seguimos con los pañales, si mi hija no quiere dejarlos, pues se le respetará: en esta casa convertir la convivencia en un montón de gritos, enfados y momentos de tensión, no es una opción. No por flojera sino por felicidad. Quiero unos hijos felices y obligarles a llevarles al baño no ha sido nunca nuestra decisión, sino la de ellos.

Por tanto paciencia y a ver si en la playa cuando hacerse pipí no sea algo agobiante ni vergonzoso ni siquiera que se note, se anima la chiquilla. Nosotros esperaremos con ansia el momento.

 

 

El cuarto hijo: mi reconciliación con la maternidad.

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Vengo de comentar por ahí cómo ha sido esto de tener un cuarto hijo y me ha salido tan real y de tan adentro que ha sido “mi reconciliación con la maternidad” que me he venido a por un post.

Os cuento mi vida como madre que sé que os gusta leerla.

Mi primera hija me superó. Por completo. Si hubiera sido como mi cuarto hijo ahora tendría diez. Es una niña perfecta, pero no nació para ser bebé: ella quería ser mayor. No os puedo explicar con palabras sin que suene a relato fantástico pero era un bebé que quería crecer rápido.

Mi segunda hija se ganó el título de Santa. Luego demostró ser un bebé y nada extraordinario pero al lado de la primera era un bebé calmado. Era un bebé de los que reposan la cabeza en tu hombro y dormía. Algo inaudito. Luego dejó de dormir y luego de comer…

Mi tercera era una gran bebé. Nació con 4 kilos y sigue siendo grande. Dormía y comía que mantener ese cuerpo no era fácil. Pasados seis meses de su nacimiento dejó de dormir bien y al año tampoco comía… Otro bebé de esos que no son de libro.

Mi cuarto hijo es un bendito y duerme y come.  De los cuatro es el único con lactancia materna que se vaticina prolongada. Se ha dado la vuelta hoy al fin por primera vez: tiene 6 meses y 12 días. Su primera hermana se sentó sola a los 4 meses y medio. La segunda a los 5. La tercera, a los seis. Él, pasado el medio año ha conseguido hoy darse la vuelta y tan ancho.

Con los cuatro la vida es más fácil. Hay momentos de mucho trabajo, no seré yo quien lo niegue, pero en general es todo más llevadero. A veces pienso que si hubiera tenido una familia de cuatro desde el principio, hubiera sido mejor. Llamadme loca.

Por otro lado las rutinas están muy implantadas en casa:

7:45 levantarse. Vestirse, asearse y desayunar.

8:20 salida al cole y guarde.

13:30 recogida de la guarde

15:00 recogida del cole

16:00 deberes.

18:00 merienda.

19: 00 duchas, pijamas, cenas y dientes.

20:30 cama.

Sólo los dos pequeños hacen siestas a la hora de los deberes y con suerte siguen este horario que es el mismo que yo tenía de pequeña. Mucho descanso y jugar. Y deberes… que ya sabéis.

Recuerdo cuando sólo tenía una niña y no era capaz de tener horarios. Cómo tenía dos y llegaba tarde a los sitios. A la guarde llegaba siempre 15 minutos después. Hoy mi marido lleva a mi tercera 5 minutos antes. Y casi 20 a las mayores. Y desayuna él con la calma.

Dice que es como ir al gimnasio. Hay quien hace running y él deja a las niñas.

Yo volveré a salir de casa algún día… supongo que en primavera ya. O No! Disfruto de este bebé muchísimo.

No quedo con nadie por la mañana porque estoy con él estrictamente porque es lo que me apetece. No trabajo para no quitarle tiempo. Le doy el pecho todo el rato que él necesite. No paseamos por obligación. Hacemos lo que nos hace felices. Recogemos andando a la tercera de la guarde. Jugamos. Por las tardes también jugamos. A veces bajamos al parque si queremos, si no queremos, no. Vemos la tele, la tablet, jugamos a juegos de mesa…

Somos felices.

Si. El cuarto hijo me ha reconciliado con la maternidad, porque yo estaba superada y decepcionada por haber conocido algo diferente a lo esperado, pero mereció la pena la espera.

¿Os imagináis que un cuarto niño os aporte la calma? La gente no se lo explica, pero uno es lo más difícil.

Introducción a la alimentación complementaria.

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Hoy mi bebé cumple seis meses; ya sabemos lo que eso significa: pasaremos de Lactancia materna exclusiva a la alimentación complementaria. Y empezaremos con la introducción de fruta.

¿Cómo haré para pasar a la alimentación complementaria?

Con paciencia. Como siempre. Éste es mi primer bebé que llega a los seis meses sin haber probado bocado y lo que es más llamativo para mí: sin ningún interés por la alimentación. Pasa. Le gusta su pecho.

Mis otras tres niñas además de ser de biberón, quisieron pan o coger cosas y probarlas, éste nada.

Hay dos técnicas: los purés tradicionales o el Baby Lead Weaning. Cuando yo era pequeña me dieron purés pero mi hermana que era una niña de pecho 100% no los quería ni ver. Al parecer esto es frecuente. El pediatra ya en el año 86 le dijo a mi madre que le diera el pecho y que comiera lo de los mayores poco a poco en trocitos.

Ella llegó al año tomando pecho después de comer una tapa de caracoles 🤣 cuanto menos es llamativo.

Con mis niñas intenté hacerlo. Empecé por darles fruta, un plátano y que probaran. Mis amigas alucinaban cuando veían a mi bebé de 4 meses comer un plátano entero y no una papilla. Esto lo hice con mis medianas.

Al final les adelantaba plátano, zanahorias, patatas cocidas o pan y luego les daba purés. También les daba filetes de pollo o ternera en tiras para que chuparan pero siempre seguido de papillas pues no me fiaba mucho del invento, y al ser de biberón no hay tan libre demanda como con el pecho.

Con mi hija mayor introduje papillas siempre y me fue bien. Siempre comía fatal pero aceptaba los purés medio bien y comía lo que quería.

Con este cuarto bebé me enfrento a una nueva situación pues aún toma el pecho y no parece que estemos dispuestos a dejarlo. Quiero que todo fluya y no cortar la buena onda maternal que tenemos de dormir y calmarnos con el pecho. Es una delicia que tenía antojo de disfrutar ya que no pude antes por haberse frustrado todas mis lactancias.

Le había dado ya a probar una papilla de frutas a los 4 meses pues me lo sugirió el pediatra pero se estriñó y volví a la lactancia materna exclusiva hasta hoy.

Hoy empezamos a tomar fruta cada día. Lo suyo es tomar pecho y entre tomas comer la fruta; la clásica mezcla de plátano sin la parte central negra que estriñe mucho, pera o manzana y zumo de naranja. Mi pediatra me deja darle de todo y también kiwi si no le fuera bien la primera opción.

Con las anteriores niñas tuve escaso éxito con la fruta en papilla y les daba potitos de tarro que les gustaban más: como siempre es una cuestión de supervivencia. Cada uno que haga lo que pueda.

Esta vez noto que la lactancia materna crea un vínculo fuerte; es decir, no quiero dejar de darle el pecho todo el rato. Instinto animal supongo. Y claro, dar papillas es una interferencia. Lo aclaro porque es algo que nunca había sentido y me parece muy feroz. Es increíble. No sé deja de aprender nunca.

De momento tengo que dar la bienvenida a esta nueva etapa aunque no me haga ni pizca de gracia que me crezca el niño. Quiero a mi bebé para siempre a mi recién nacido que se alimentaba de mí en exclusiva… Pero ya lo ha hecho y es hora de empezar a conocer mundo.

Así que bienvenidos nuevos sabores, a ver si le gustáis al pequeño de la casa 😄

Cómo criar a un bebé

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Apuesto que más de una vez cualquier padre se ha preguntado eso de cómo criar a un bebé, ya que no resulta nada fácil: aunque es obvio, es al revés de cómo nos han enseñado.

Como madre de cuatro no me puedo erigir en una sabelotodo pero algo de experiencia me gasto.

Si eres padre primerizo esto te servirá: es una cuestión más de instinto que de conducta. A día de hoy, tras casi 7 años cuidando bebés sin descanso, si hay algo que me queda claro es que no es como pensaba.

Los bebés no duermen.

Al contrario del famoso dicho, dormir como un bebé significa no pegar ojo.

Recuerdo cómo con mi primera y segunda hija, intentaba que durmieran en su cuna. La cuna es de lejos el artículo de puericultura menos usado en mi casa. Se me despertaban llorando en su habitación desde 2 a 4 veces cada noche y terminábamos exhaustos durmiendo nosotros en alguna de las camas individuales de ese cuarto.

La tercera y el cuarto no han dormido en la cuna. Me he evitado así infinitas noches en vela. Pero es que yo creía que era verdad que los bebés dormían y lo hacían en cunas.

Al final lo hacen en mi cama. Eso sí que no me lo esperaba.

Hay bebés que no quieren el pecho.

Ya puedes tú querer y poner empeño: si cierran el pico, es imposible.

Esto me pasó especialmente con la primera. No había manera y opté por hacer lactancia diferido y sacarme la leche para dársela en biberón. Una hazaña. ¿Lo volvería a hacer? Pues imagino que sí pero no me estresaría tanto y le daría biberón y tan feliz.

La lactancia artificial es tu amiga.

Sí. La leche en polvo es maravillosa. Para todas las madres que no pueden o no quieren dar el pecho, es la mejor solución. Biberones, tetinas, esterilizadores y cacitos con agua mineral serán tus mayores aliados. Adelante y sin remordimientos. Alimentar al niño es lo único importante; y a veces la única opción.

Los bebés no tienen horarios.

El otro día fue al pediatra con mi cuarto hijo. Eran casi las 11 y me preguntó si ya había desayunado, dormido su siesta de media mañana y hecho otra toma de pecho. Lo miré asombrada y le dije que sí. No de una manera tan cuadriculada sino más caótica, pero sí.

A mi mente vinieron recuerdos de cuándo mi primera niña tenía 4 meses y debía tomar a las 8 un biberón de 120 ml, dormir, a las 12 otro con zumo de naranja; a las 14 debía comer papilla y dormir de nuevo; a las 17 debía merendar, jugar, bañarse y a las 20 el último biberón con cereales y a dormir.

Aún estoy esperando a que lo haga. 🤣

Mis niños o son la excepción que confirma la regla o soy la única que lo reconoce o a veces pienso que todos mienten y tras las palabras “el niño come y duerme perfectamente”, se esconde un miedo al fracaso voraz.

Yo carezco de él. Mis hijas ni han dormido ni comido bien. Y el niño que es el que mejor duerme ya con 6 meses sigue tomando el pecho por la noche que se lo doy acostada y ni me entero y come a demanda.

Pero si algo he entendido es que lo de los niños es puro instinto de supervivencia. Cada uno lo hace como puede. Si tu hijo come y duerme como un bendito, da las gracias eternamente. El resto de padres zombies te envidiamos en secreto.

¿Y vosotros? ¿Qué pensáis: era tan fácil como parecía? Seguro que hay cosas que no han salido como creíais. Aquí os doy cabida, contadme qué salió diferente… En el próximo post sigo contando cómo  hacerlo, que es como yo creía 😂

1, 2, 3… responda otra vez

Soy madre de un bebé colgón. (Otro)

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¡Buenas de nuevo! Ya estoy aquí otra vez. Mientras me preparo para ir al pediatra aprovecho un ratín para contaros otra cosa más de esta nueva maternidad que vivo.

Aparte de ser única por ser de un niño varón que nada tiene que ver con sus hermanas, lo es por ser la única en la que se ha establecido la lactancia materna, la que me ha atado de manera única a un bebé muy tranquilo pero que no por eso, permite que me despegue de él.

Solemos pasar las mañanas juntos en casa. Me levanto para lidiar especialmente con mi tercera que se levanta de un humor para nada amable, y peino también a mi segunda. Despido a cada uno con un beso y me quedo con el benjamín de la familia. Y a veces nos dormimos juntos un rato más mientras le doy el pecho. Un gustazo.

Nos levantamos y desayunamos, él por enésima vez, y aquí desarrolla su faceta koala total.

No permite estar sentado, tumbado o reposado en ninguna superficie que no sea mis brazos o regazo. No consigo zafarme. Esto podría llegar a ser altamente incómodo de no encontrarme yo bien o tener que ir a trabajar fuera, pero como no tengo otra cosa que hacer que no sea esto (lo demás puede esperar tranquilamente), es a ello a lo que me dedico cada día desde hace casi 6 meses. Aunque cuando era más pequeñín aceptaba mejor quedarse en cualquier lado sin mí.

Lo bueno es que tolera tomar biberón y así si me coge muy a desmano, porque esté en el médico por ejemplo, su nutrición está garantizada. Pero es difícil que me pierda de su campo visual mucho rato.

No considero que lo haya acostumbrado a los brazos, tampoco a estar en su cuna, carrito o moisés más que sus hermanas, pero ha salido un poco lapa el niño.

Como gracias a Dios me lo puedo permitir, pasamos así nuestros días juntos en casa; lo único es que no veo el día en que me reincorpore a trabajar más activamente por estar tan atada y unida al bebé. Me recuerda a mi primera experiencia como madre con mi primera niña que era muy así también.

Siempre Pegadito a su mamá. Ese podría ser el eslogan de este niño. Y a mí me encanta.

¿Vosotras pudisteis despegaros para iros de compras aunque fuera un rato? Yo ya compro todo online porque es imposible salir de casa con semejante panorama demandante.

Mis cuatro lactancias.

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Antes de empezar a hablar de mi lactancia con mi cuarto bebé debería resumir, para todas las que habéis llegado ahora al blog, cómo fueron las lactancias anteriores.
Con mi primera hija la lactancia fue en diferido, esto significa que me saqué la leche durante 2 meses para dársela en biberón ya que ella nunca se cogió el pecho puesto que yo ni sabía cómo se daba el pecho, ni la niña había salido con fuerza suficiente para poder prenderse, ni además, tenía apoyo por parte de las matronas del Hospital Virgen del Rocío ni mucho menos alguien a mi alrededor de dónde poder sacar algún tipo de idea.
Así que cuando me dieron el alta nos fuimos a casa con un bebé que llevaba más de 48 horas sin comer, que no se prendía el pecho, que a mí no me había subido la leche por falta de estímulo y que apenas lloraba porque no tenía hambre o porque no tenía fuerza, no sé. Al cabo de un día y medio en mi casa mi madre me dijo que por favor le diéramos un biberón porque esa niña lo que tenía era mucha hambre, así que fue mi marido a la farmacia y compró leche y se la ofreció un biberón que tardó en tomarse un segundo aproximadamente. Recuerdo que mi sensación fue de fracaso total porque llevaba como 42 semanas esperando a poder darle el pecho a mi hija como lo había hecho mi madre con mi hermana durante casi un año a libre demanda y de repente algo fallaba.
La idea que había tenido inicialmente no se materializaba. Era totalmente imposible; la niña no cogía el pecho de ninguna manera ni aún habiendo comido teniendo fuerza ya y no tenía ese reflejo de succión conmigo sino solamente con el biberón. Este primer postparto fue un poco complicado porque yo me encontraba bastante mal, la niña era bastante demandante desde el primer momento. Era muy difícil que comiera, con lo cual era muy difícil que durmiera y era muy difícil que estuviera tranquila y además, era una niña bastante despierta y nunca se quedaba calmada por más de una hora, con lo que el descanso para mí era una utopía.
Establecí con mi primera hija un vínculo muy fuerte, muy instintivo y muy animal, a pesar de darle biberón y no el pecho directamente y estar enganchada todo el día el sacaleches, así que para mi dar el biberón se convirtió en una cosa habitual y para nada óbice de la relación madre e hija y del vínculo inicial.
Con mi segunda hija fue completamente al revés: la niña tal como nació la dejé sobre el vientre y ella solita fue reptando hacia el pecho y se prendió enseguida. Ya había leído mucho sobre lactancia en blogs y ella se enganchó muy bien y tomó el pecho desde el primer momento.
A esta niña le di el biberón puesto que tenía la experiencia previa de su hermana y no quería que pasara igual, y el resultado fue buenísimo porque la niña al comer algo limpió bilirrubina y pudimos irnos a casa sin necesidad de reingresar a pesar de estar bastante amarilla.
Recuerdo esa experiencia muy tierna por decirlo de alguna manera, el vínculo que establecí con ella también fue bastante fuerte y tuvimos una lactancia materna exclusiva feliz hasta que con 40 días le detectaron una alergia a la proteína de la vaca. Yo no fui capaz de seguir una dieta estricta, pues en principio me quitaron el pollo, el pescado, el huevo, la ternera, la leche y todo lo que tuviera trazas hasta que pudieran ver definitivamente a que era alérgica la niña. Aquí fue cuando tuve mi primer contacto con la leche hidrolizada y más tarde con la elemental puesto que la niña tenía una alergia bastante fuerte y era muy sensible a cualquier tipo de proteína. La leche hidrolizada tiene aminoácidos y no proteínas y er la que toleraba, a pesar de que huele fatal.
Con mi tercera hija la experiencia previa me había hecho estar bastante confusa no sabía si darle el biberón de leche normal si llevarme un biberón de leche hidrolizada o si darle el pecho. Así que opté por la lactancia mixta para que la niña se alimentara las primeras horas de vida.
Establecer la lactancia materna no fue posible puesto que a los tres días la ingresaron en neonatos como ya conté en el post anterior y allí le daban de comer con biberón y mientras tanto yo estaba en casa y no me subía la leche porque no tenía ningún tipo de estimulación en los 3 días que estuvo ingresada. Fui a pedir la pastilla dostinex para quitarme la leche cuando la niña no tenía ni una semana de nacida y le retiré la lactancia materna y y me esmeré en buscar algún tipo de señal que hiciera pensar que la niña tenía alergia a la proteína de la vaca. No me equivoqué y cuando la niña cumplió el noveno día de vida en efecto dio señales de esto y directamente pasamos de la leche de fórmula normal a una hidrolizada, teniendo en cuenta la experiencia de su hermana anterior.
Debido a mis experiencias anteriores cuando llegó el momento de plantearse qué hacer con el cuarto hijo decidí darle biberón directamente para que pudiera comer desde primera hora y de esa manera no seguir sintiendo yo el fracaso de mis lactancias de continuo. Pero como el hombre propone y Dios dispone, mi hijo nació con muchísima hambre y a pesar de tomar biberón desde el primer momento seguía llorando por hambre; había cogido el pecho muy bien y aunque yo había pedido en paritorio las pastillas dostinex para que no me subiera la leche no me las tomé cuándo me las traían a la habitación las enfermeras.
Yo las dejaba porque mientras el bebé estaba el pecho no lloraba y como había nacido tan débil pues había un instinto en mí que me hacía ponérmelo al pecho y calmarlo así antes que dejarlo llorando ya que suficiente lloraba ya en la lámpara de fototerapia.
Salimos del hospital habiendo subido ya la leche puesto que estuve 4 días allí y establecimos la lactancia materna sin ningún tipo de problema; las enfermeras venían siempre a decirme que no dejara que subiera la leche si quería tomarme las pastillas y dar el biberón y se quedaban bastante sorprendidas cuando les explicaba que le daba el pecho para que se calmara porque era la única manera de que el niño no llorara y que establecer la lactancia era lo de menos. Era un complemento.
El bebé quería tener el contacto conmigo y estar siempre chupando, y las pobres enfermeras vinieron varias veces a darme explicaciones y ella tampoco entendían cuál era mi experiencia previa pues pensaban que al tener cuatro hijos era toda una experta 🤣 cuando, en realidad, no tenía ni la más remota idea simplemente me estaba dejando llevar un poco por mi instinto y las hormonas.

Mucho piel con piel y hormonas de amor por todos lados.

Así que aquí estamos, con una lactancia feliz sin grietas que ya es decir, un montón de hormonas, unas noches muy llevaderas dando el pecho en la cama sin despertarnos ninguno de los dos y dando algún biberón de ayuda si estoy muy ocupada con las niñas o el bebé tiene mucha hambre y no se sacia.
Pero de momento estamos felices y unidos. Ojalá no salga la alergia a la proteína, que ya me dijo la pediatra que lo vio, que es un antecedente que sus hermanas la tengan para que el pueda desarrollarla. Por eso no dejó el biberón, para ver si tomándolo a diario, no se sensibiliza a la PLV.

¡Le sube la bilirrubina, ay le sube la bilirrubina!

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Mi experiencia con la bilirrubina al parecer me acompaña desde que nací. Mi madre dice que me puse amarilla al poco de haber puesto un pie en esta tierra y no sé si esto influirá, pero lo cierto es que de mis hijos salvo la primera, los tres pequeños han tenido este problemita que se ha solucionado gracias a Dios al poco de haberse diagnosticado. Tampoco es algo grave.
En el caso de mi hija la segunda, a la que yo llamo la mediana aún, nada más nacer pude establecer rápidamente la lactancia materna pero aunque le di biberón estando en la clínica los primeros días para que pudiera alimentarse bien, cosa que no hice con la mayor, el color rosado y rojito de su piel pasó a convertirse en un amarillo un poco intenso. Esto le sucedió estando ya en casa y yo, como madre primeriza de una niña amarilla no sabía que era lo que le pasaba y me limitaba a darle paseos para que le diera el sol y así a los pocos días fue remitiendo el color amarillo y volvió a la normalidad y se tornó en rosita.
Con mi tercera hija nos midieron la bilirrubina estando en el hospital y nos dijeron que deberíamos volver al día siguiente del alta para hacerle una analítica y que nos confirmaran el nivel que tenia en sangre. En este caso cuando le hicieron la analítica comprobaron que los niveles estaban excesivamente altos y nos dijeron que debería ingresar en la UCI de neonatos. El momento en el que tuvimos que dejarla allí solo en pañales con una máscara que le tapaba los ojitos y el hecho de solo poder verla cada 3 horas, a mí que estaba recién parida y llena de hormonas, me supuso un mundo. Peor fue cuando volví a casa esa noche y no la tenía ni en el Moisés ni en mi cama como había pasado la últimas 72 horas conmigo. Además, yo me encontraba físicamente muy mal tras un parto muy largo de una niña muy grande y en el postparto inmediato retenía todavía mucho líquido y el hecho de estar sentada en una silla esperando para entrar durante la media hora de la visita y a veces el tiempo que duraba entre visita y visita me hacía estar muy incómoda, además de dolorida gracias a la ristra de punto que tenía.
Con mi cuarto hijo la experiencia no iba a ser diferente aunque si mejoró bastante en comparación. Él nació con un color más bien pálido, ayer conté en el blog que estaba hipotónico y un poco débil y se le veía bastante blanquito a diferencia de mis dos hijas anteriores, que estuvieron bastante rosas o rojizas. Este bebé en cambio, estaba más bien pálido así que pensé que el blanco no se tornaría en amarillo y me limité a alimentarlo con biberón y entre horas como lloraba mucho me lo ponía el pecho (ese será el siguiente post).
Lo cierto es que el día en que nos iban a dar el alta, a las 36 horas de nacido prácticamente, le hicieron una analítica y comprobaron que el nivel de bilirrubina era bastante alto y debía quedarse ingresado y yo con él. Tuvimos la gran suerte de que nos subieran una lámpara a la misma habitación en la que estábamos y que el niño se quedará conmigo y no tuviera que estar solo en neonatos sino en la habitación a mi lado. Muchas me estuvisteis en Instagram la historia del bebé llorando a tope y yo sin poder cogerlo.

Yo con mi bebé. Lloraba tanto… qué penita.

Luego se dieron una serie de circunstancias un poco raras pues nos dijeron que el niño tenía un soplo en el corazón o que la causa de la bilirrubina era una incompatibilidad de grupo y que mis anticuerpos sanguíneos destruían los glóbulos rojos del bebé debido a la transferencia sanguínea que se produce en el parto, además me dijeron que con el desprendimiento de placenta los bebés perdían también sangre y que el niño no estaba generando suficiente glóbulos rojos como para poder superar la bilirrubina.

Lo cierto es que el niño debía estar muy hidratado para hacer mucho pipí y caca y de esa manera poder eliminar la bilirrubina que tenía en el cuerpo. Así que tomaba biberón para tener el mínimo de alimento y además el pecho todo el rato para que bebiera aún más ya que lo hacía a demanda y hoy, tras casi 20 días está ya de color carne.
Al final todas las historias del soplo en el corazón, de los anticuerpos y no sé qué más se quedaron en nada, sólo que tenía una ictericia curiosa, como el resto de sus hermanas y como se aprecia en esta foto.

Sustitos de la maternidad… ¿y los vuestros? ¿Tuvieron también ictericia?

El cuarto. El desenlace

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De repente escuché como Manolo decía algo parecido a “Pepe es real” y Pepe, a la sazón mi ginecólogo, vino y comprobó que así era y que tenía que empezar ya con el parto.
Para mí era una cosa un poco precipitada pero dijeron que lo hiciéramos y bueno simplemente pedí las asas para poder sostenerme y empujar mejor de esta manera y me dispuse a darle la bienvenida al benjamín de la familia.
Al principio todo fue bien, de hecho fue tan bien que creo que ha sido el único parto en el que me reído y no tuve nada de dolor. Me daba miedo por lo que se avecinaba y los 4 kilos de bebé que iba a tener pero ya no había marcha atrás. Manolo me miró y me dijo “mira me voy a subir encima de ti y voy a empujar al bebé” y yo, que ya tengo un poco de experiencia, sabía que lo que iba a hacer era una maniobra de Kristeller, cosa que odio y además hablé con mi madre el día antes precisamente para decirle que mis experiencias en esta clínica, jamás me lo habían hecho pero bueno, una vez que estás en el potro y te dicen qué es lo que tienen que hacer pues te dejas, o al menos yo que soy bastante obediente.
Me dijeron que el primer pujo debería ser con la boca cerrada y la barbilla pegada al pecho, empujón fuerte y que ellos me avisarían cuándo debía hacer el siguiente. Obedecí y esperé al siguiente y de repente todo cambió. Ahora me dijeron que abriera la boca. ¿Cómo? Si, si. Que abras la boca. Quiero que empujes con la boca abierta.
(Vaya. Tres partos y en el cuarto es cuando me dicen que abra la boca.) ¿Para qué? Tú abre la boca. Ajá. ¿Aji? ¿Con la baca abiarta? Si. Si. No la cierres. (Pero ¿¿¿qué narices???). “Como en las películas americanas: así” y el propio médico abrió la boca y lo interpretó. Y obedecí.

Lo siguiente fue sentir al niño en la salida y que no lo sacaban. Les pregunté y Manolo me dijo “no sale porque viene con un collar muy apretado” y entendí que venía con vuelta de cordón, pero como mi mediana vino con dos y mi anterior médico se las quitó como si nada, no le di la más mínima importancia. Se las quitaría.
Pero no. (Ahora es cuando os cuento que en mi desesperación preparto me dio por ver videos de nacimientos en YouTube y precisamente vi alguno de niños a los que les cortaban el cordón sin haberlos sacado de sus madres por estar muy apretados. Cosas frikis de una.) y mi marido oyó que decían que lo peligroso ahora era no cortar al niño, pero bueno, que no era la primera vez que lo hacía…
Yo seguía en mi película de la boca abierta. (Luego supe que con esta técnica querían que mantuviera el empujón para que no se subiera el niño pero que no lo hiciera tan fuerte como para que lo expulsara pues el cordón causaría problemas). «Ají que jegui con la baca abiarta un rato máj hajta que me dijeran que podía jerrarla»
Y fue cuando cortaron el cordón y el niño nació, cuando vieron que se había desprendido la placenta, seguramente porque el cordón la arrastró, que había coágulos y hemorragia, que al bebé había que aspirarlo porque había tragado e inhalado mi sangre motivo por el cual había hecho bradicardia, y que había que actuar rápidamente limpiando todo bien, comprobando de dónde venía la hemorragia, por qué se desprendió la placenta y controlando que en mí estuviera todo bien y no se quedaran restos ni hubiera roturas de nada.
No fue a más. Por lo bien que actuó el médico y la rapidez, la sangre fría, la exactitud y su saber hacer.
Yo ni me di cuenta de nada. No supe qué estaba pasando porque tampoco pude ver salir al bebé. Le pusieron una ventosa, pero no la que siempre han usado conmigo, sino una manual, no de las de la máquina que se conecta, y no vi más que a mi médico escabullirse bajo mi camilla (que yo, ojo, seguía con la boca abierta y sólo pensé “parece que esté haciendo kite surf” este médico mío) y vi al niño nacer con sangre, pero lo normal.
Mi marido en cambio si vio cómo nació con la boca llena de sangre y que la echaba como Rocky Balboa tras un puñetazo en un combate.
Le dieron un 9 en el test de Apgar al nacer al niño, después 10 y 10. Oí que estaba hipotónico y lo tuvieron que reanimar, pero por suerte quedó en un susto.
Madre y niño estuvimos fenomenal enseguida.
El niño es un bombón. Y si antes veía a mi médico así
, ahora lo veo así
Al final, pudimos empezar a disfrutar de nuestro nuevo pequeñín rápido.

Y pesó 3,325 kgs sólo.

Y así nació el cuarto. Parte I.

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Nuestro cuarto bebé llegó hace 17 días, exactamente hace tres viernes, tras 40 semanas y 2 días de embarazo mientras yo asistía horrorizada a las previsiones médicas de que el bebé iba a pesar más de 4 kg e insistía a mi médico que por favor en la semana 38 nos plantearámos la posibilidad de adelantar el parto. Mi médico se negó rotundamente lo que provocó una enorme contrariedad y una mayor desesperación en las siguientes dos semanas. No fue hasta el último día que asistí a consulta cuando mi médico me dijo que estaba ya un poco favorable y podíamos hacer una inducción antes de las 41 semanas que era lo que había durado el embarazo de las otras tres niñas.
Así que el viernes 6 de octubre ingresé a las 8 de la mañana en la clínica Viamed Santa Ángela de la Cruz y tuve la enorme suerte de estar especialmente bien atendida desde el primer momento por el Dr. Romero que nos ha tratado de una manera excepcional y estaré muy agradecida siempre por el trato humano y cercano que nos ha dado. Y por mi ginecólogo esta vez el dr. Jiménez Egea con todo su equipo.

Siempre hago está foto antes de tener un bebé.
Siempre hago está foto antes de tener un bebé.

Al ingresar esperamos bastante tiempo y hasta las 11 no pude bajar a paritorio. Fue entonces cuando empezamos con prostaglandinas a intentar comenzar el proceso de parto pero que tras pasar 2 horas no había conseguido ni reblandecer el cuello del útero y prácticamente estaba a las 13 horas tal como había llegado antes. A veces reconozco que me paso respetando mi cuerpo como si nunca hubiera parido… Hubo cambio de turno y llegó mi casi amigo Manolo, que cuando nos vio nos preguntó que de qué nos conocíamos pues pensaba que era de algún tipo de relación indirecta de fuera del hospital, pero claro era la tercera vez que me enfrentaba un parto con él en los últimos 4 años y de eso le sonaba tanto mi cara.
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Manolo me recomendó esperar un poco más a ver cómo evolucionaba y en efecto, en la siguiente revisión (yo calculo que pasó otra hora) había dilatado 2 cms y me rompieron la bolsa. Empezaba una dinámica diferente de contracciones, había tenido contracciones indoloras o muy poco dolorosas hasta entonces y ahora las contracciones avanzaban en intensidad pero era un poco más frecuentes y molestas aunque sin entrar todavía en dinámica de parto.
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Me pusieron oxitocina y ahí ya empezó la verdadera fiesta. Tenía contracciones cada minuto minuto y medio intensas pero soportables, así que cuando pasó de nuevo una hora volvió Manolo y al preguntarme le contesté que estaba muy bien llevando las contracciones, que no quería pasarme para evitar estar tan dilatada que la epidural no fuera una opción y se hizo el milagro de estar ya de 5 cm y en un momento ideal para poner la epidural.

Como una está muy loca, muy loquísima, decidí que podía ser un buen momento para no ponerme la epidural porque los dolores eran perfectamente soportables aunque muy seguidos y de cierta intensidad y se lo comenté a mi marido quién me miró con cara de hombre con santa paciencia y me dijo que no hiciera tonterías. Me puse la epidural sin estar muy convencida hasta que me llegó una contracción que me hizo ver las estrellas, los anillos de Saturno y cambiar de constelación varias veces.
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Le daba la manita a una chica que estaba ahí muy amable, pero cuya misión manual era muy importante de repente, y a quien agradecí eternamente que me dejara espachurrar sus deditos mientras me daba el trallazo final antes de que suplicara ser rejoneada por el anestesista y a quien nunca olvidaré, y a la que además le declaré mi amor incondicional al decirle “está manita tuya, me está dando la vida” mientras agachaba la cabeza buscando las tablas.
De un bolo único y maravilloso, quedé con una analgesia que me permitía mover las piernas pero no tener dolor. Una maravilla.
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Ya estaba en completa cuando llegó el médico y dejó el parto para unos 15 minutos después, me hizo empujar, me dijo que el niño no estaba ni instrumentable porque estaba muy arriba y se fue a rellenar los papeles, hasta que…

Bebé en podálica.

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Os voy a contar hoy, debido a la experiencia que he tenido a la hora de hacerme la ecografía 4D en eco 4D Sevilla, la historia que albergo como madre de tres criaturas que se han ubicado en podálica durante el embarazo en vez de hacerlo en cefálica y facilitar mucho las cosas.
La situación con mi primera hija fue totalmente diferente: ella desde el primer momento estuvo en cefálica; es una niña súper ordenada, súper obediente y desde que estaba en la barriga ha demostrado tener una gran responsabilidad 😀 así que se ubicó perfectamente en cefálica y no tuve ningún problema.
Con mi segunda hija, en cambio, tuve muchísimas dificultades ya que no se daba la vuelta y venía en lo que viene siendo de nalgas y como además me tenían en reposo porque la niña había dejado de poner peso durante un tiempo mientras estaba embarazada, no podía hacer mucha actividad física lo que impedía que pudiera colocarse bien; de hecho de todas mis hijas la segunda ha sido la que ha tardado más tiempo en en nacer (41+5).
Como ya tenía experiencia con esta situación en el momento en que me dijeron que mi tercera hija venía también de nalgas había leído bastante sobre qué hacer para evitar llegar a la cesárea que todas las madres tememos cuando tenemos que dar a luz.
Así que me animé a llamar a una amiga de la familia que es médico naturista y homeopática y le dije que me hablara de la moxibustión y que me explicara si realmente funcionaba. Como ella creía firmemente en todos estos tratamientos me dijo que sí que funcionaba y me dio la moxa, que es como una especie de puro con un olor bastante peculiar y fuerte especialmente si estás embarazada, para que yo misma me lo aplicara sobre unos puntos específicos que hay en el dedo meñique del pie y que acercándole el calor iba a hacer que el bebé se estimulase y se girase en cualquier momento.

Punto de estimulación en el meñique.
Punto de estimulación en el meñique.

La verdad es que como estaba un poco desesperada no me importaba nada hacer lo que fuese con tal de poder tener a mi niña de un parto natural y no recurriendo a la cesárea ni a la parte anterior planteada por mi ginecólogo que era una version cefálica externa.
La version cefálica externa la hacen en quirófano creo que tiene algo de sedación y consiste en que le dan vuelta al bebé desde fuera de la barriga manipulando el útero; hay un montón de vídeos en YouTube y todos y cada uno de ellos los vi yo ya para informarme cuando mi segunda y la pera fue antes de nacer mi tercera. Al empezar el tratamiento con la moxibustión, aparte de coger un colocón cada vez que iba al cuarto de baño a estimular el punto homeopático del dedo meñique del pie y a necesitar una botella de oxígeno porque se llenaba el baño entero de un humo increíble, lo cierto es que me informé bastante sobre este tipo de tratamientos alternativos y posturas o cosas que hacer cuando estás desesperada porque el bebé se de la vuelta.
Yo las hice todas: yo hice el el tonto al máximo pues anduve a gatas por mi casa para que la niña se estimulara así e hice en el sofá como el pino (voy a ponerme ahora a hacerlo para que veáis como es y qué ridículo queda) y en la cama también lo hacía cada vez que podía.
Haciendo el pino-bombo
Haciendo el pino-bombo

Quería hacer absolutamente todo para que mis hijas se dieran la vuelta y no tener que recurrir a una cesárea. Al final en la semana 36 tuve cita con mi ginecólogo para comprobar si el bebé estaba en cefálica o en podálica y fijar para la semana 37 la version cefálica externa con el riesgo que conllevaba tener al bebé allí mismo en quirófano, porque la posibilidad de tener rotura de bolsa o contracciones cuando te hacen este tipo de maniobra es bastante alto.
Finalmente mi bebé se había dado vuelta con 4 kilos de peso prácticamente en algún momento y yo nunca lo noté. Mi médico me dijo que no lo había sentido porque la distensión que tenía ya en la musculatura uterina era bastante amplia y el bebé digamos que no estaba apretado en absoluto. Al final el bebé se dio la vuelta, no sabría decir si por todas las tonterías que yo hice o porque estaba de mano del destino que esa niña se girase. Lo cierto es que me libré de la cesárea y para la amiga de nuestra familia la moxibustión había sido un éxito y por eso se había dado la vuelta; yo estaba contenta aunque me he sentido un poco ridícula por haber hecho todas estas tonterías. Voy a hacerme unas fotillos explicativas a lo Celeste Barber… Ya veréis qué risas.
Celeste es un gran icono de las que hacemos el tonto sin pudor...
Celeste es un gran icono de las que hacemos el tonto sin pudor…

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