Mi hijo no quiere dejar los pañales.

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Sí. Es el título perfecto: largo pero cierto. Después de dos hijas mayores, mi tercera tiene justo esto: mi hijo no quiere dejar los pañales. Tiene tres años y está preparada de sobra pero aún así se ha negado rotundamente y me ha dicho que no. No va a dejar los pañales tan fácilmente.

¿Qué pasa?

Está claro que lo que pasa es su cabezonería. Ella está preparada de sobra, lo sabemos por su madurez y además porque en la guarde me lo han dicho todas sus profesoras. No es que la quiera hacer mayor yo ni nada por estilo: es que se niega.

Las pistas:

Estar preparado para dejar el pañal va en sintonía con el desarrollo psicomotor del niño. Debe ser suficientemente maduro como para poder dar el paso de reconocer cuándo tiene que ir al baño, por lo que debe también saber hablar lo mínimo, y ser capaz de demandar la visita al orinal.

Físicamente, según me explicaron a mí, debía estar preparado también y esto se veía muy bien cuando dejaban los pañales secos por la noche y amanecían limpios y cuando eran capaces de saltar con los pies a la vez. Así se mostraba que la musculatura del cuadro inferior estaba también apta, igual que la coordinación.

Los motivos:

Para cualquier niño de 3 años es un avance dejar los pañales. Así se sienten mayores, secos y seguros. Se les incentiva con ir al colegio, leyéndoles cuentos y cantando canciones sobre la temática.

La negativa:

Es una cuestión de seguridad. Poder hacer todas sus necesidades en el pañal es demasiado cómodo. Hacérselo encima da miedo. Si el niño lo consigue a la primera, como lo ha conseguido mi primera hija, podrá dejar el pañal fácilmente porque tuvo éxito y eso le da confianza. Si es como mi segunda que dijo que no quería más pañales, pues aprende rápido. Coge confianza porque es su decisión. Pero si es que no, no hay por dónde salir airoso de la operación pañal.

Las causas:

En este caso concreto, lejos de ser algo madurativo, mi hija no deja los pañales porque tiene un hermano pequeño. Es muy divertido cambiarse juntos, que papá y mamá les presten atención extra a los dos chicos de la casa y que siga siendo considerada de las pequeñas y no de las mayores.

En este caso el que no quiera dejar los pañales la une a ser de equipo de los peques con todo lo que ello conlleva y así evita que la lleven con las hermanitas, que a pesar de compartir género no le emociona la idea. Ella ya es muy mayor y juega con ellas y se incluye pero le beneficia el tener pañales para poder seguir siendo bebé.

Así que por aqui de momento, seguimos con los pañales, si mi hija no quiere dejarlos, pues se le respetará: en esta casa convertir la convivencia en un montón de gritos, enfados y momentos de tensión, no es una opción. No por flojera sino por felicidad. Quiero unos hijos felices y obligarles a llevarles al baño no ha sido nunca nuestra decisión, sino la de ellos.

Por tanto paciencia y a ver si en la playa cuando hacerse pipí no sea algo agobiante ni vergonzoso ni siquiera que se note, se anima la chiquilla. Nosotros esperaremos con ansia el momento.

 

 

El cuarto hijo: mi reconciliación con la maternidad.

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Vengo de comentar por ahí cómo ha sido esto de tener un cuarto hijo y me ha salido tan real y de tan adentro que ha sido “mi reconciliación con la maternidad” que me he venido a por un post.

Os cuento mi vida como madre que sé que os gusta leerla.

Mi primera hija me superó. Por completo. Si hubiera sido como mi cuarto hijo ahora tendría diez. Es una niña perfecta, pero no nació para ser bebé: ella quería ser mayor. No os puedo explicar con palabras sin que suene a relato fantástico pero era un bebé que quería crecer rápido.

Mi segunda hija se ganó el título de Santa. Luego demostró ser un bebé y nada extraordinario pero al lado de la primera era un bebé calmado. Era un bebé de los que reposan la cabeza en tu hombro y dormía. Algo inaudito. Luego dejó de dormir y luego de comer…

Mi tercera era una gran bebé. Nació con 4 kilos y sigue siendo grande. Dormía y comía que mantener ese cuerpo no era fácil. Pasados seis meses de su nacimiento dejó de dormir bien y al año tampoco comía… Otro bebé de esos que no son de libro.

Mi cuarto hijo es un bendito y duerme y come.  De los cuatro es el único con lactancia materna que se vaticina prolongada. Se ha dado la vuelta hoy al fin por primera vez: tiene 6 meses y 12 días. Su primera hermana se sentó sola a los 4 meses y medio. La segunda a los 5. La tercera, a los seis. Él, pasado el medio año ha conseguido hoy darse la vuelta y tan ancho.

Con los cuatro la vida es más fácil. Hay momentos de mucho trabajo, no seré yo quien lo niegue, pero en general es todo más llevadero. A veces pienso que si hubiera tenido una familia de cuatro desde el principio, hubiera sido mejor. Llamadme loca.

Por otro lado las rutinas están muy implantadas en casa:

7:45 levantarse. Vestirse, asearse y desayunar.

8:20 salida al cole y guarde.

13:30 recogida de la guarde

15:00 recogida del cole

16:00 deberes.

18:00 merienda.

19: 00 duchas, pijamas, cenas y dientes.

20:30 cama.

Sólo los dos pequeños hacen siestas a la hora de los deberes y con suerte siguen este horario que es el mismo que yo tenía de pequeña. Mucho descanso y jugar. Y deberes… que ya sabéis.

Recuerdo cuando sólo tenía una niña y no era capaz de tener horarios. Cómo tenía dos y llegaba tarde a los sitios. A la guarde llegaba siempre 15 minutos después. Hoy mi marido lleva a mi tercera 5 minutos antes. Y casi 20 a las mayores. Y desayuna él con la calma.

Dice que es como ir al gimnasio. Hay quien hace running y él deja a las niñas.

Yo volveré a salir de casa algún día… supongo que en primavera ya. O No! Disfruto de este bebé muchísimo.

No quedo con nadie por la mañana porque estoy con él estrictamente porque es lo que me apetece. No trabajo para no quitarle tiempo. Le doy el pecho todo el rato que él necesite. No paseamos por obligación. Hacemos lo que nos hace felices. Recogemos andando a la tercera de la guarde. Jugamos. Por las tardes también jugamos. A veces bajamos al parque si queremos, si no queremos, no. Vemos la tele, la tablet, jugamos a juegos de mesa…

Somos felices.

Si. El cuarto hijo me ha reconciliado con la maternidad, porque yo estaba superada y decepcionada por haber conocido algo diferente a lo esperado, pero mereció la pena la espera.

¿Os imagináis que un cuarto niño os aporte la calma? La gente no se lo explica, pero uno es lo más difícil.

Mis cuatro lactancias.

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Antes de empezar a hablar de mi lactancia con mi cuarto bebé debería resumir, para todas las que habéis llegado ahora al blog, cómo fueron las lactancias anteriores.
Con mi primera hija la lactancia fue en diferido, esto significa que me saqué la leche durante 2 meses para dársela en biberón ya que ella nunca se cogió el pecho puesto que yo ni sabía cómo se daba el pecho, ni la niña había salido con fuerza suficiente para poder prenderse, ni además, tenía apoyo por parte de las matronas del Hospital Virgen del Rocío ni mucho menos alguien a mi alrededor de dónde poder sacar algún tipo de idea.
Así que cuando me dieron el alta nos fuimos a casa con un bebé que llevaba más de 48 horas sin comer, que no se prendía el pecho, que a mí no me había subido la leche por falta de estímulo y que apenas lloraba porque no tenía hambre o porque no tenía fuerza, no sé. Al cabo de un día y medio en mi casa mi madre me dijo que por favor le diéramos un biberón porque esa niña lo que tenía era mucha hambre, así que fue mi marido a la farmacia y compró leche y se la ofreció un biberón que tardó en tomarse un segundo aproximadamente. Recuerdo que mi sensación fue de fracaso total porque llevaba como 42 semanas esperando a poder darle el pecho a mi hija como lo había hecho mi madre con mi hermana durante casi un año a libre demanda y de repente algo fallaba.
La idea que había tenido inicialmente no se materializaba. Era totalmente imposible; la niña no cogía el pecho de ninguna manera ni aún habiendo comido teniendo fuerza ya y no tenía ese reflejo de succión conmigo sino solamente con el biberón. Este primer postparto fue un poco complicado porque yo me encontraba bastante mal, la niña era bastante demandante desde el primer momento. Era muy difícil que comiera, con lo cual era muy difícil que durmiera y era muy difícil que estuviera tranquila y además, era una niña bastante despierta y nunca se quedaba calmada por más de una hora, con lo que el descanso para mí era una utopía.
Establecí con mi primera hija un vínculo muy fuerte, muy instintivo y muy animal, a pesar de darle biberón y no el pecho directamente y estar enganchada todo el día el sacaleches, así que para mi dar el biberón se convirtió en una cosa habitual y para nada óbice de la relación madre e hija y del vínculo inicial.
Con mi segunda hija fue completamente al revés: la niña tal como nació la dejé sobre el vientre y ella solita fue reptando hacia el pecho y se prendió enseguida. Ya había leído mucho sobre lactancia en blogs y ella se enganchó muy bien y tomó el pecho desde el primer momento.
A esta niña le di el biberón puesto que tenía la experiencia previa de su hermana y no quería que pasara igual, y el resultado fue buenísimo porque la niña al comer algo limpió bilirrubina y pudimos irnos a casa sin necesidad de reingresar a pesar de estar bastante amarilla.
Recuerdo esa experiencia muy tierna por decirlo de alguna manera, el vínculo que establecí con ella también fue bastante fuerte y tuvimos una lactancia materna exclusiva feliz hasta que con 40 días le detectaron una alergia a la proteína de la vaca. Yo no fui capaz de seguir una dieta estricta, pues en principio me quitaron el pollo, el pescado, el huevo, la ternera, la leche y todo lo que tuviera trazas hasta que pudieran ver definitivamente a que era alérgica la niña. Aquí fue cuando tuve mi primer contacto con la leche hidrolizada y más tarde con la elemental puesto que la niña tenía una alergia bastante fuerte y era muy sensible a cualquier tipo de proteína. La leche hidrolizada tiene aminoácidos y no proteínas y er la que toleraba, a pesar de que huele fatal.
Con mi tercera hija la experiencia previa me había hecho estar bastante confusa no sabía si darle el biberón de leche normal si llevarme un biberón de leche hidrolizada o si darle el pecho. Así que opté por la lactancia mixta para que la niña se alimentara las primeras horas de vida.
Establecer la lactancia materna no fue posible puesto que a los tres días la ingresaron en neonatos como ya conté en el post anterior y allí le daban de comer con biberón y mientras tanto yo estaba en casa y no me subía la leche porque no tenía ningún tipo de estimulación en los 3 días que estuvo ingresada. Fui a pedir la pastilla dostinex para quitarme la leche cuando la niña no tenía ni una semana de nacida y le retiré la lactancia materna y y me esmeré en buscar algún tipo de señal que hiciera pensar que la niña tenía alergia a la proteína de la vaca. No me equivoqué y cuando la niña cumplió el noveno día de vida en efecto dio señales de esto y directamente pasamos de la leche de fórmula normal a una hidrolizada, teniendo en cuenta la experiencia de su hermana anterior.
Debido a mis experiencias anteriores cuando llegó el momento de plantearse qué hacer con el cuarto hijo decidí darle biberón directamente para que pudiera comer desde primera hora y de esa manera no seguir sintiendo yo el fracaso de mis lactancias de continuo. Pero como el hombre propone y Dios dispone, mi hijo nació con muchísima hambre y a pesar de tomar biberón desde el primer momento seguía llorando por hambre; había cogido el pecho muy bien y aunque yo había pedido en paritorio las pastillas dostinex para que no me subiera la leche no me las tomé cuándo me las traían a la habitación las enfermeras.
Yo las dejaba porque mientras el bebé estaba el pecho no lloraba y como había nacido tan débil pues había un instinto en mí que me hacía ponérmelo al pecho y calmarlo así antes que dejarlo llorando ya que suficiente lloraba ya en la lámpara de fototerapia.
Salimos del hospital habiendo subido ya la leche puesto que estuve 4 días allí y establecimos la lactancia materna sin ningún tipo de problema; las enfermeras venían siempre a decirme que no dejara que subiera la leche si quería tomarme las pastillas y dar el biberón y se quedaban bastante sorprendidas cuando les explicaba que le daba el pecho para que se calmara porque era la única manera de que el niño no llorara y que establecer la lactancia era lo de menos. Era un complemento.
El bebé quería tener el contacto conmigo y estar siempre chupando, y las pobres enfermeras vinieron varias veces a darme explicaciones y ella tampoco entendían cuál era mi experiencia previa pues pensaban que al tener cuatro hijos era toda una experta 🤣 cuando, en realidad, no tenía ni la más remota idea simplemente me estaba dejando llevar un poco por mi instinto y las hormonas.

Mucho piel con piel y hormonas de amor por todos lados.

Así que aquí estamos, con una lactancia feliz sin grietas que ya es decir, un montón de hormonas, unas noches muy llevaderas dando el pecho en la cama sin despertarnos ninguno de los dos y dando algún biberón de ayuda si estoy muy ocupada con las niñas o el bebé tiene mucha hambre y no se sacia.
Pero de momento estamos felices y unidos. Ojalá no salga la alergia a la proteína, que ya me dijo la pediatra que lo vio, que es un antecedente que sus hermanas la tengan para que el pueda desarrollarla. Por eso no dejó el biberón, para ver si tomándolo a diario, no se sensibiliza a la PLV.

Hoy hace 6 años…

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Hoy hace 6 años era 22 de mayo domingo de 2011, habíamos salido a dar un paseo a pesar del enorme calor que hacía ya en Sevilla.
Se cumplía la semana 41 y 2 días del primero de mis embarazos y estaba totalmente nerviosa y perdida porque no comprendía por qué no nacía mi bebé. Así que me fui a dar otro enorme paseo por Sevilla con el padre de las criaturas, que en ese momento no era ni padre ni ahí tenía criaturas, y aprovechamos para hacerme las últimas fotos de embarazada: al día siguiente debía ingresar a las 8 de la mañana para que me provocaran el parto.
Cómo pasé todo el día tranquila, igual que el resto de mi embarazo esa noche cene preparé la maleta y me fui directa a la cama esperando a que dieran las 7 de la mañana del día siguiente para ir al hospital y conocer a mi pequeña.
Ya sabía que un parto natural no iba a ser posible pues se me agotaba el plazo de tiempo para ello y decidí entregarme a mi destino.
Como cada noche me dormí rápidamente y me levanté irremediablemente con un montón de ganas de hacer pipí, pero lejos de hacer pis, al volver a la cama sentí un dolor intenso en la zona lumbar sin venir a cuento.
No sabía de lo que se trataba pero al cabo de unos 5 minutos me volvió a dar y entonces me alerté. Fue en ese momento cuando me levanté y pensé que estaba de parto y era un momento del todo increíble porque yo ya había desechado la idea de poder tener a mi niña de una manera natural.
Así que cogí un lápiz, cogí las papeletas de las listas electorales, porque ese día 22 había elecciones municipales y era el único papel que tenía mano, y me dispuse a apuntar cada cuánto tiempo me daban aquellos dolores.
No me preguntéis por qué, pero lo tomé como un momento súper emocionante, íntimo, doloroso, agradable y animal y en las 5 horas que estuve en mi casa en el salón paseando, sentándome y poniéndome de pie, no avisé en ningún momento a mi marido.
Para cuando mi marido se hubo despertado yo ya había rellenado como tres papeletas con contracciones regulares cada 5 minutos desde el primer momento; lo miré y le dije “creo que estoy de parto”. Ahora lo pienso y estaba totalmente llevada por mi instinto animal, de haberlo hecho de manera racional al cabo de una hora hubiese ido al hospital a que me vieran, pero yo sabía que era un proceso lento irregular y ahora mismo lo recuerdo como un baño de endorfinas.
Resumidamente fuimos al hospital y no había hecho más que empezar a borrar el cuello del útero y tenía un centímetro de dilatación así que me mandaron a casa. Llegué a casa de mis suegros que vivían más cerca del hospital y de ahí fuimos todos a votar, que en esta familia somos muy cumplidos con la llamada a las urnas y luego me comí un plátano y un tigretón creo que era. Tremendo error por mi parte.
Cuando ya las contracciones eran cada 3 minutos y de una duración bastante larga volví a urgencias y me dijeron que estaba de 2 centímetros 😵
Ya nos quedamos allí ingresados por fin y empezaron todas las cadenas de negligencias médicas, de enfermería, matronas y hasta celadores. Al único señor al que amaré eternamente es al anestesista que esa noche estuvo de guardia en el Virgen del Rocío y que fue la única persona que mostró un ápice de humanidad con esta pobre primeriza.
El parto se largo hasta lo indecible, la niña nació el 23 del 5 a las 3:25 y peso 3 kg 525 gramos y creo que nunca podré olvidar ninguna de esas cifras. Cabe destacar que tampoco es muy difícil porque se repiten.
Hace 6 años me estrenaba en este mundo maravilloso de la maternidad al que me costó llegar por capricho de la naturaleza y en el que me encuentro inmersa por esos mismos caprichos unos cuantos embarazos después.
Mi idea siempre fue formar una gran familia y gracias a ese día el sueño empezó a hacerse realidad. Hoy estoy exultante, feliz, y recuerdo ese parto con horror al final, pero con un cariño y una magia especial al principio cuando estuve yo sola en el salón de casa. 😍💕

Viaje a la playa en bus

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¡¡Buenas!! De nuevo ando por aquí. Me prodigo poco pero es que la vida de madre me tiene por un lado entretenida y por otro sin nada qué contar porque pienso que no tengo nada de extraordinario.

O tenía, claro. Hoy vengo con algo verdaderamente extraordinario en mí y mi entorno. Nadie que yo conozca me ha Contado nunca que el día en que se iba a la playa con toda la familia, él coche tenía una avería, soluble, pero insegura y que no iba a haber solución hasta después del veraneo. Así que eso me hace pensar que es extraordinaria la aventura de hoy.

Hemos pensado mil cosas, cosas que pasaban por alquilar un coche dos semanas, no venirnos a la playa, pedir favores varios y tal y tal. Pero al final nos hemos decantado por viajar en autobús y por hacer uso de nuestros carnets de familia numerosa.

Dicho y hecho. Hemos salido con menos equipaje que nunca. Esto me ha estresado porque tenía muchos modelitos para las niñas que seguramente se quedarían sin poner, pero que quería traerme. Al final,una maleta ha servido para toda la familia. Era como ir sin equipaje 😂😂😂

Hemos comprado un pinta y colorea de buscando a Dory y nos ha servido para entretenernos. Después de comprar unos colores para que no hubiera peleas.

Y nos hemos venido a la playa en bus. 

Él padre de las criaturas también  venía. Aquí se aprecia su ojo de gafotas 😂😂😂😜 y nos ha parecido él viaje mas placentero de la historia de los viajes a la playa. Sin gritos, peleas, llantos (especialmente porque la Mini venía en mis brazos) y sin conducir 😱🙌👏👏👏

Hemos pintado, dormitado alguna, jugado con mi móvil y visto Masha y el Oso. 

Hemos desarrollado distintos aspectos de la vida de una familia. Pero en un bus. Cosa rara. Ah. Y también he aprendido a dibujar a Dory. Más raro aún. La Mini la coloreó y se echó la siesta. Estaría súper cansada… 😂😂😂

Al final, la moraleja: no hay barrera insuperable. ¿Habeis visto a muchas familias numerosas viajar así de incómodos? Pues no. Porque entre otras cosas, no es incómodo. Está muy bien de hecho. Pero eso sí, él trayecto era de hora y media. Tampoco me fui al quinto pino.

Al final ha sido una aventura para ellas, un viaje relajante para nosotros y una enseñanza nueva: hay alternativas para una familia grandecita si se queda sin coche. Hay que superarse y enfrentarse a nuestras propias barreras, que no pasa nada.

Hoy hace cinco años…

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Hoy hace cinco años empezaba todo. A esta hora, las cinco de la mañana, ya se había desencadenado el proceso que sin darme cuenta me traería hasta donde hoy estoy.
Como ya dije y conté muchas veces, mi sueño era ser madre desde siempre pero ahora que llevo un lustro ejerciendo no me canso de decir la potencia que este estatus nos saca de dentro.
Ser madre es ser invencible. Es recuperarte físicamente de algo tan atroz como sacar un ser de tus entrañas, es ser capaz de dar vida y gestarla durante casi un año y sobrevivir a ello. Es no dormir, amar hasta el infinito y cuidar más allá todavía.
Nunca me imaginé que fuera así. Quizás sea sacrificado, a mí no me lo parece, aunque requiere de entrega, eso sí. Pero lo mejor es todo lo que se recibe a cambio.
Hoy estoy donde estoy gracias a eso que empezó hace cinco años y 41 semanas y 3 días (mis niñas como siempre tan puntuales en sus nacimientos).
Si comparo mi situación actual con la anterior a la maternidad sólo las horas de sueño salen perdiendo. Por lo demás llevo una vida pautada, de entrega total y satisfacción, soy felicísima y voy aprendiendo sobre la marcha. Me he sentido ave Fénix en cada uno de los nacimientos de mis hijas y en la pérdida de mis otros dos bebés. He visto a mi cuerpo recuperarse de unas barrigas inmensas y lo he hecho acompasadamente de manera anímica. Me conozco mejor a mí misma y me veo en mis niñas de una u otra forma.
Vivo entregada a una vida maravillosa con tres niñas divinas y un padre perfecto, compañero y apoyo incondicional siempre.
En fin, mi valoración de la maternidad es siempre positiva pero hoy la magnifico: hoy hace cinco años que todo empezaba y no me daba ni cuenta del gran trabajo que se venía encima. El mejor y más gratificante de todos. Intentaré no quejarme más 😂
Si cada uno tenemos una misión en la vida, que obedece a unos planes de los que no somos ajenos pero que con libertad escogemos, hoy doy gracias porque ésta fuera mi vida, aunque haya tenido que pasar por etapas mejores que otras para estar aquí hoy.

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En algunos momentos necesitaría un trencito para pasearlas 😂

¿Quién iba a atisbar que iba a dar paseos así por Sevilla en un carro doble tuneado si yo de niña vivía feliz en Costa Rica? Y ya impensable era creer que iba a sacar mi empresa adelante, que iba a ser dueña de una agencia y que todo se lo debo a haber sido madre y a Dios, claro está.
Hoy doy gracias a Dios por darme esta vida, a mi familia, a mi marido y mis niñas y esta oportunidad que me ha brindado.
Hoy hace cinco años todo empezaba y no me daba ni cuenta. Y no me cansaré de repetir las bondades de ser madre y ver crecer a mis hijas, y seguir haciéndolo, por supuesto.
Hoy mi hija mayor estaba por llegar y darme la vida ella a mí.

Box Happy Baby

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No se si saben por aquí, pero ya les informo yo: agosto en esta casa es sinónimo de posts. Aquí no se suele cerrar por vacaciones, tampoco lo voy a decir muy alto por si ahora me surge cualquier cosa y termino por no escribir.
Ahora vengo con un post atrasado, no tengo excusa más que me he organizado muy mal.
Me llegó de la mano de Lola, la creadora de Tubebebox y a través de Patricia, la caja que procedo a presentaros y a la que estamos dando mucho uso.
Lo primero que usamos fue la gasa de estrellas aunque el uso del biberón de Avent ha sido continuado especialmente para beber agua. El patito para el baño lo usamos fuera y dentro de la bañera, el libro acuático de Baby Circus lo usa la Mini de mordedor también así que tiene doble uso jeje, el babero de Maminébaba ha sido un súper descubrimiento porque tiene mitad toalla que absorbe las primeras babas estupendamente y mitad telita blanca de lunares grises que combina con todo; el pijama de Poudre Organic es tan suave que ha sido ideal para los (dos) días frescos de verano y la Luz ardilla ha sido fundamental para los miedos de la Mayor.
La caja es una cucada, ideal para regalo porque todo se usa y en casa tenemos niñas de muchas edades.

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La happy baby

Altamente recomendable.

Vigila bebé con Moltó

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Ésta es una entrada que debía desde hace tiempo. Antes de que naciera la Mini de la casa, que va a necesitar otro nombre a la de ya porque es de todo menos mini, recibí un paquete muy simpático.
Moltó, empresa conocida por todos dedicada a los juguetes pero también a otros artículos para niños, me mandó un vigila bebés: mi primer vigila bebés mejor dicho.
Siendo sincera nunca había necesitado ninguno porque siempre tengo a mi bebé -la que sea- al lado.
Lo probé por primera vez cuando la niña se quedaba en el cuarto como prolongando la noche y yo aprovechaba para desayunar. Así no me la llevaba conmigo y podía oírla si se despertaba. Mi gordita es una bendita y la pobre sólo llora para comer y de recién nacida era así casi desde el principio.
Total que la dejaba durmiendo y yo vivía la vida loca desayunando y duchándome en el mejor de los casos.

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Mofletitos y boquita Ñam

Y así me la encontraba mientras yo disfrutaba de unos minutos para mí. ¿No os da nada de ver esos mofletones y esa boquita de piñón? Yo me los comería. Ñam.
El aparato es táctil y muy intuitivo, vamos que se maneja en dos segundos. La cámara se conecta -aunque se le puede comprar aparte una batería- y el visor si trae la batería y se carga y te lo llevas a la cocina para hacer un gazpacho, por ejemplo, y te encuentras esto de repente: r

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Visor Molto bebé llorando

En resumen que sirve para dejar de hacer la comida, de ducharte, de desayunar…
Te llevas el cacharro contigo y te enteras de todo mientras el bebé duerme plácidamente.
La cámara es así: ma

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Y es muy sensible al ruido

Y si eres una Gansa como yo, te haces hasta selfies para que veáis cómo de buena es: b

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La próxima vez, cierro el armario

Al final es un buen invento pero tiene sentido si el bebé es bueno y duerme. Si tienes un alta demanda como la Mayor de las mías, ¡ojalá hubiera podido usarlo! Dónde de verdad le he sacado partido ha sido en la playa. Allí la terraza se usa mucho más y la peque se queda durmiendo en el cuarto mientras las otras dos juegan a cualquier cosa sin despertarla.
¿Vosotras teníais de esto? ¿Os gusta?
Espero vuestras respuestas mientras preparo otro post, quizás me dé por volver a escribir 😉

La cuarentena

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Si hay algo que todas las madres pasamos con verdadero horror es este período tras el parto en el que te sientes como mínimo atropellada por un tren y de ahí para arriba.
Yo he pasado por tres y media. La primera tras la mayor, me pilló de nuevas y casi me da algo además de una buena depresión postparto de la que me gusta hablar lo justo. La segunda es esa media, sucedió tras un aborto, duró menos tiempo pero fue bastante dura por la pérdida y porque se pisó con la depre anterior.
El tercer postparto fue una mezcla de hormonas de vitalidad y energía loca que me hacían sentir de maravilla. Sí, tenía ciertas partes de mi cuerpo lesionadas, pero ni los puntos dolían ni me sentía mal. Fue la mejor cuarentena.
Ahora llegamos al fin de la actual. El lunes del alumbrao, del pescaito, el lunes de Feria, vamos.
Y ¿Cómo ha sido? No sabría decir si peor o mejor que el resto. Al principio fue fatal, el parto de 12 horas y que acabó con ventosa que me dejó un desgarro creo que tipo IV, vamos de los que pasean por todo el periné, y me causó también una subluxación de coxis, que dolía más que los entuertos y puntos juntos, me dejó muy tocada.
De hecho lo que me dolía era la parte baja de la espalda. Ni los puntos ni los entuertos. Me dolía atrás, el coxis, el sacro, la pelvis, las caderas… las pasé canutas y en 15 días no salí de casa salvo para ir al pediatra y vuelta a la cama a llorar del dolor.
El Nolotil fue mi mejor aliado, me permitía llegar al sofá donde me sentaba en el  cojín de lactancia.
Esto se contraponía al buen color de cara que tenía, maquillada y peinada y parecía que no pasase nada. Una que es muy buena actriz y muy digna de siempre.
Con respecto a la dieta, ya aprendí al fin: frutas y verduras a gogó y no he padecido mi clásico y terrible estreñimiento postparto. Algo bueno al menos.
La niña estuvo ingresada por tener la bilirrubina alta, estaba disparada y a punto de entrar en una ictericia secundaria posiblemente por estar deshidratada. No me subía la leche, ella no comía y en la Uci le daban biberones así que fui drástica y me retiré la leche. Justo el día en que me subió. Tuve que sacármela y tirarla para que no me explotara el pecho o me diera una mastitis. Esto también lo aprendí a la tercera. Las otras veces fue horrible y dolorosisimo este trance y también sucedió con la lactancia instaurada por lo que la leche me subía más.  Esta vez sólo me subió esa vez y listo.
Esto provocó que perdiera 7 kilos sin hacer dieta y yo me quedara asustada porque ni me lo imaginaba. Supongo que todo el líquido que retengo normalmente tras los embarazos, se fue y fui muy feliz. Algo bueno, mira.
Lo típico, las hormonas me trajeron loca, el cansancio, el dolor, el sueño y cuidar de mis niñas,  aunque esto es lo que menos me pesa porque me encanta.
En cuanto al bebé, yo no quería darle un biberón en el hospital porque ya tuve a la mediana con alergia a la proteína de la Vaca por ese bibi que le das de ayuda pero los sensibiliza al retomar el pecho.
Como estuvo en la Uci, no se lo di yo, se lo dieron allí y por eso tomé la decisión radical de cortar por lo sano. Le seguí dando biberones pero aún así la niña también parece que la tiene. Aprendí otra vez que no somos nosotras quienes manejamos la situación ni mucho menos: nunca se acierta.
Ahora mismo a falta de 4 días para terminar este puerperio, puedo decir que estoy al 80% de mi recuperación. Estoy cansada, pero mucho mejor que en las otras ocasiones.
Y como me siento tan bien y me veo tan mona y me he puesto mis pantalones normales talla 40 y he dejado mi habitual ropa premamá, me veo increíble a mi misma. Ya slgo con las tres y vamos al parque o en coche al cole y conduzco yo de nuevo.
Al principio la barriga tardó en bajar pero ya está muy bien, floja y colgona, pero ¡Era demasiado grande! Y del pecho mejor ni hablamos, pues me va a llegar al ombligo y ya descubrí el porqué de los sutis con aro: hubo gran parte de mi vida en que no los necesitaba y tampoco los entendía. Alma de cántaro…
Y aqui os dejo unas fotos de mi #maternidadreal en las que se ve cómo mejoro pero no soy la Pataky.
Ésta es a los 10 días del nacimiento de la Mini.
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Llegué a a casa y me acosté, tal cual.

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Ésta es del Domingo de Ramos. Iba fajada, claro. Odio la faja pero era necesaria, hacía 2 semanas y pico del parto y era mi primera salida. Me sentí genial.

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Así estaba al día siguiente. Mi progreso afectaba al ánimo en positivo!

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Sin fajar y con pantalón premamá pero tras la Semana Santa me sentí otra vez yo.

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¡Poco a poco mejoraba el tema!
Y creo que ahora va mejor aún y yo tengo una autoestima muy elevada en estos momentos: me veo cañona, ¡podéis reiros!
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¡Decidme que no salimos ideales!
Y así acaba la historia de la vuelta a mi ser: tengo 5 kilos de más, una barriga floja, el pecho caído y tres niñas maravillosas. Acaba la cuarentena el lunes y empezamos nueva etapa.
Ya os iré contando.

41 semanas de embarazo

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Aquí estamos otra vez. No sé qué es lo que provoca estas gestaciones prolongadas pero de nuevo repetimos escenario y ya se han cumplido más de 41 semanas desde que mi tercera está de acampada en mi seno. Seno materno que debe ser de lo más cómodo por otro lado ya que ninguna de las tres niñas mías se ha dignado a dejar antes de los 9, 10 o 12 días de retraso con respecto a la FPP.
Yo lo llevo bastante bien, un poco dolorida la verdad, pero con las dos mayores, sin estar en reposo esta vez y disfrutando de mi madre, mi marido en plena forma y el tiempo primaveral del que gozamos en Sevilla, yo creo que podría seguir embarazada con este tripón 3 meses más.
El problema es la incertidumbre de cuando pasas la fecha de parto y la espera se hace más impactante, como más fuerte, es un “ha tenido que nacer y no llega” y unido al agobio de quienes cada noche con la mejor de sus intenciones me preguntan si he tenido al bebé y siempre hay que darles la misma respuesta: “estoy muy bien, gracias! Y no, no ha nacido todavía” la presión aumenta con cada noche sin contracciones que paso.
De hecho, las que leéis por aqui con frecuencia sabéis que me dan por ideas estrambóticas para conseguir que algo cambie mi naturaleza y la de mi bebé, y no he dudado en recurrir a métodos naturales, alternativos e inocuos a la par que inofensivos para que mi niña cambiara su posición intrauterina de podálica a cefálica, o abandonara la transversal que adoptó más tarde y lográramos asi escapar de un par de cesáreas. Esta vez ha sido igual, he caninado tardes enteras, he bañado a 4 niños de una vez de rodillas en mi casa, he ido al mercado andando cada día, he comido mariscos -muy rica opción por cierto-, he tirado de sacaleches, ¡he hecho todo! Incluso pasar una situación estresante, ah y he comido chocolate pero nada…
Que conste que tuve una inducción buenísima, sin dolor apenas y como era mi segundo parto reduje el tiempo de 24 a 5 horas, con lo cual ¡¡¡valió la pena!!! Estoy deseando que llegue mañana, que me provoquen el parto y que nazca mi bebé. Estoy convencida de que será tan buena la inducción como la anterior y ya he dejadobde hacer experimentos: si quiere presentarse a lo largo del día de hoy, que lo haga, pero si no, no seré yo quien la moleste para salir. Mañana le veremos la carita, mientras tanto, mis ya sobrepasadas 41 semanas de barriga, ¡os saludan!

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