Hoteles sin niños.

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Ayer compartí con por redes sociales la noticia que vi al mediodía sobre los hoteles sin niños. Hoteles sin niños que en un momento en el que la natalidad en España se ve seriamente amenazada, creo que no son la oferta de ocio perfecta para anunciar.

La niñofobia.

Pensemos en nuestro yo de juventud. Nuestro yo soltero, sin hijos, con el bolsillo lleno y con todo el tiempo disponible para gastar en nosotros mismos. Cosas de solteros. Nadie quiere un niño cerca. No.

Y quien diga lo contrario es mentira. En esos momentos, moda, viajes y demás placeres adultos ocupan nuestro tiempo. Beber, comer y amar a uno mismo o al resto. Eso es lo más.

Hay millones de ejemplos de personajes famosos que venden eso, se me ocurre el súper cool Gianlucca entre otros. Éste además consume mujeres. Y es alabado entre millones de seguidores.

Está claro que para vivir esa vida hay algún tipo de persona que no encaja. Ah! No. No es sólo un tipo; son más. Son los que son susceptibles de integración, los que están fuera del objetivo del canon de belleza estereotipado o los que no tienen tanto dinero.

Pero también hay un tipo de persona que no tiene acceso a todo esto mencionado ni tampoco derecho alguno a disfrutar de la vida, porque se hace de esta manera hedonista o no se hace, al parecer. Y son los niños. Los niños o los estorbos, no sé cómo llamarlos.

Para este mundo de ocio incesante, está claro que los niños sobran. Para alcanzar las cuotas de placer adulto, los más pequeños están fuera. Mejor la verdad.

Pero parece que esta sociedad sólo encuentra el placer en estos lares de ocio. No es posible una vida feliz y llena de niños.

Los niños coartan. Está claro que quitan libertades. Especialmente libertades de ocio. Y de sentirse y dedicarse a uno mismo. (Al habla una madre de cuatro, sé de lo que trato).

Pero es que hoy día hemos pasado de un punto en que busquemos el ocio de adultos a confundirlo con que si hay niños, no hay ocio.

Obviamente irte de viaje con tu pareja solos es un regalo divino, que todos deberíamos tener derecho a gozar y subvencionado por el gobierno si me apuráis .

Pero que yo me vaya con mi marido dejando atrás a mis hijos un par de días no significa que al único sitio a donde pueda ir es a una serie de lugares en los cuales se prohíbe la entrada de niños.

Los niños son humanos, para quien no lo sepa. No son perros, gatos o pájaros. No son reptiles ni otra mascota, no. Son personas pequeñas. Si; interrumpen el ocio adulto, pero no son bichos raros que excluir.

¿Que los mayores queremos un tiempo sin niños? Es justo y necesario. Pero no es justo que los niños sean vetados y mucho menos en una sociedad donde la pirámide poblacional es inversa y los nacimientos alcanzan cotas de épocas de la guerra civil, superados por el número de muertes.

España es un país viejo donde se fomenta el ocio sin niños. Donde lo guay es divertirse sin familia. Donde impera el hedonismo capitalista y el consumismo ocioso.

Ojo, que a mi me encanta consumir y pasarlo bien. Es cierto que para placeres adultos estoy lo justo, pero me gustan también: una copa, un cigarrillo, una cena en pareja y una noche de pasión. Y ahí no tienen cabida los niños. Pero de ahí a que se fomenten lugares sin niños, me parece un empobrecimiento social muy bajo. ¿Acaso sólo de este ocio vive el hombre? ¿Tan malo es buscar un ocio donde convivan niños y mayores? ¿Tan imposible es divertirse sin darse a todos los placeres adultos? ¿Tan difícil como para marginar a los niños? Niños, que un día fuimos, no olvidemos.

1 comentario en “Hoteles sin niños.”

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