El espíritu de las Navidades.

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Hay un cuento de Navidad que es realmente triste, o al menos a mí me lo parece, que es el del espíritu de las Navidades. Ya sabéis: el de aquel a quien visita el espíritu de la Navidad y le muestra cómo serían sus Navidades futuras en base a cómo fueron las pasadas y están siendo las presentes.
A mí hoy día de Nochebuena me ha visitado, aunque el orden de mis Navidades no siempre ha sido como en el cuento.
Hoy vino a verme primero el de las presentes. Una casa repleta de gente, llena de niños, con cuatro soles llenando de risas y peleas el salón, un padre disfrutando de la tarde en familia. Con la abuela en la cocina oyendo villancicos sin parar y con los fogones a todo lo que dan y conmigo viéndolo todo con una mezcla de hormonas y amor extremo.
Ha sido tan gratificante la visión que me ha llenado el alma de felicidad.
Acto seguido ha venido el de las Navidades pasadas, si veis mi publicación de la felicitación de hoy lo veréis asomando en el texto de mi foto de Instagram. «Lejos queda ya esa Nochebuena en Alemania en la que estaba sola y llamé al vecino chino para tener añguna compañía ya que era al único que encontré a quién no le suponía nada especial que naciera alguien esa noche».
Éste me ha llevado más atrás en el tiempo, a mi casa de la infancia, esa casa de suelos de mármol donde el frío helaba el ambiente y la chimenea apenas se encendía por órdenes estrictas incomprensibles. Esa rígida cena de gala para cuatro con un par de estufas en un comedor con vajillas de un único uso anual y con silencios tapados por la Coral de los Pedroches. A esa cinta de cassette y a mi madre es a lo que asocio aquellas fiestas.
La sensación de frío y soledad campa en aquellos recuerdos.
Y cuando ha llegado el de las Navidades futuras me ha mostrado una gran familia, con yernos y nueras, con niños, con canas y con la calma tensa de las relaciones familiares.
Sin duda las mejores son las presentes.
Las pasadas no me gustan. Las futuras son inciertas.
Me quedo con la tarde de karaoke, de risas y enfados infantiles por un juguete.


Del llanto del benjamín de la familia por no estar acostados a las once de la noche como él quiere siempre y de la visita de nuestra vecina y su hija que hoy estaban como yo en ésas pasadas en las que mi vecino chino me brindó la compañía inocente en una tarde de Navidad solitaria.

Es inevitable que venga a visitarnos este espíritu y nos llena de melancolía; yo no echo nada de menos, sólo quisiera que nunca acabasen éstas.
Cada Navidad con mi familia al completo recuerdo las otras y rezo porque se queden. Obviamente hemos perdido parte de nuestra familia, algunos no volverán aqui con nosotros porque no pueden y los que pueden, tienen las puertas abiertas en casa.
En definitiva, soy feliz, muy feliz. He conocido la felicidad y sólo me aterra perderla, así que la disfrutaré mientras dure. Ojalá una felicidad eterna.
¿Y a vosotras, os ha visitado este espíritu slguna vez?

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