Pediasure, esa fórmula

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Hoy no iba a escribir sobre esto, de hecho no iba ni a escribir la verdad. Anoche me acosté bastante tarde después de una siesta estival de unas cuatro horas y me puse a leer mi twitter querido. Cuál no fue mi sorpresa al ver un flamante tuit que decía lo malísima que era una fórmula del demonio, un hechizo del mal hecho polvo, una mezcla de intenciones comerciales engañosas y afán lucrativo escondido bajo la supuesta palabra nutricional “Pediasure”.
Bueno, pues aquí mi experiencia como madre de dos niñas que son muy mal comedoras, palabra que al parecer designa a un espécimen de niño maleducado y dejado de la mano de Dios a la hora de la comida y cuyos padres acallan su conciencia zampándoles leche con fórmulas para que crezcan y se dejen de tonterías.
Dicho esto, prosigo. Lejos de desentenderme de la calidad nutricional que ingieren mis criaturas, de que las horas de las comidas se respetan, de que entre horas no se pica y de que jamás se toma más leche de la establecida en mi menú, léase 3/4 litros al día por niña, mi particular batalla comienza alrededor de la una de la tarde y suele acabar alrededor de las tres.
Con la Mayor nunca me planteé que su dieta de dos biberones al día pesando 10 kilos con más de dos años fuera insuficiente. De hecho me repetía hasta la saciedad que en el primer mundo ningún niño se muere de hambre. No voy a entrar en debates absurdos sobre si le daba de comer o no, sobre si le ofrecía un amplio abanico de verduras cocinadas, trituradas o pasadas. Sobre si cocinaba con amor o no. Sobre si comía sentada en la mesa con su familia atendiendo una conversación familiar o no. Sobre si dejaba que manoseara la comida o la obligaba a comer sentada. Porque todo era que sí. Pero la niña crecía, pesaba lo que buenamente podía y no le pasaba nada. Pediasure para mí entonces no era una opción. Es más, la repudiaba. No sé por qué, pero era así.
Llegó mi segunda hija. Al principio comía requetebien. Papillas, comidas a trozos con el famoso BLW en el que se les ofrece desde el principio lo que al resto de la familia sin salar ni especiar y la niña iba bien. De repente el año pasado la niña dejó de comer. Así, de repente, en toda mi cara después de un día de piscina. Pasó el verano malcomiendo, ¡ah no! perdón que eso no existe, no sé qué estaba haciendo entonces, supongo que poniéndose a dieta o algo.
Llegó el otoño, la niña había perdido peso a la par que crecido. Le hicimos una analítica porque se quedó fuera del percentil, -por lo bajo, se entiende-. Tenía anemia. Con año y medio mi bebé tenía anemia porque no comía. Pero en el primer mundo eso no pasaba, ¿no? No había desnutrición dentro de una familia medio normal, con recursos suficientes para alimentar a los hijos me refiero; entonces ¿Qué pasaba?
La niña iba ojerosa por la vida, darle de almorzar era una odisea. De cenar ni hablamos. Sólo toleraba comer sobres de fruta triturada con el hierro que el médico le recetó. Pero los malos comedores no existen.
En esto que yo estaba muy metida en mi historia de que el mal estaba enlatado bajo el nombre Pediasure. Llegar a ese límite no estaba entre mis planes puesto que significaría haber fracasado como madre educadora y alimentadora.
En esto que regresó mi madre de un país en vías de desarrollo llamado Costa Rica y del cual Provengo, tanto yo como todos mis antepasados desde el siglo XVI, y me dice que con las ojeras que tiene la niña y debido a la anemia sumado a lo malamente que come que le dé Pediasure. Que mi hija necesita un complemento.
Y ella lo compró, lo preparó, se lo dio a la niña cada día y yo huí a la consulta del pediatra a preguntarle espantada y me dijo tan tranquilamente
: prueba a ver qué tal, la niña necesita un complemento porque no está comiendo lo suficiente.
Lleva unos cuatro meses y se ha repuesto de todo. Ya no tiene anemia, obviamente porque ha tomado hierro aparte, está bien nutrida, dentro de su peso, aunque confieso que ya me he desentendido de percentiles porque la seguridad que me da Pediasure no me la da nada más, ella es feliz y yo más. No entiendo cómo me he dejado llevar por estúpidos cantos de sirena que me advertían que el demonio vivía en un bote morado. Lo siguiente supongo que será decir que te quedas ciego…

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Pediasure, la fórmula mágica

El bebé más bueno jamás contado.

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Todos por aquí sabéis que ando de pleno en mi faceta como madre de tres en menos de cuatro años. Lejos de estar atacada viviendo un  infierno, para mí ser madre de tres es, de largo, mejor que de una.
Para esta situación han intervenido ciertos factores. No hay que olvidar que mi madre volvió para quedarse hace unos meses y que me echa mil manos, que las dos hermanitas mayores son súper buenas y obedientes -aunque son niñas y tampoco hay que pasarse, que trastadas hacen- y que mi benjamina, es el bebé más bueno jamás contado.
Tiene 4 meses recién cumplidos, ha pasado dos veces por peluquería y se le marcan unos rizos de aúpa. Es blanca como de algodón (me río de Platero) y gordota con ojos azules todavía.
Se parece a la Mayor como si fueran gemelas, salvando las distancias. La tercera come, sonríe y duerme todo el día.

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Así pasa los días

Su rutina pasa por despertarse a las 8, desayunar y seguir durmiendo. Se despierta a las 11 y amanece al fin. Juega, se ríe, la bañamos para refrescarla y sonríe viendo a sus hermanas jugar.
Aún no hemos introducido alimentación complementaria así que sólo biberón toma.
Se lo toma entero. Duerme. Se despierta, juega y duerme y así ha pasado la barrera de los 4 meses sin mayor sobresalto.

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Era más pequeñita aqui

Es una niña buena, se adapta a todo, aunque no le gusta mucho salir y que le trastoquen los planes, lo suyo es estar en casa en su hamaca o en la cuna y que la dejen dormir y descansar.
¡Es el bebé que no se siente!
De hecho ella duerme del tirón y si madruga en exceso es a las 6:30 cuando despierta, una hora más que buena si se durmió a las 21 del día anterior.
Estoy disfrutando mucho de ellas, de este bebé cuando está despierto, claro, y de mi familia al completo. ¡A veces me permito escaquearme a clases de bulerías y todo! Estoy muy contenta.
Lo del cuarto es para pensárselo… Jeje

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Me como su cara 😉 jajaja

Adiós al bebé, hola a mi niña.

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Les estoy retransmitiendo desde detrás de una reja. Si el otro día publicaba una foto en la que se veía a mi niña con el pelito corto, con un bibi de su hermana al lado, – pues ya está harta de que se lo intente dar porque es mayor -, y decíamos adiós a primero de parvulitos, al pañal nocturno incluso y a los terrores nocturnos, hoy que venimos a la primera clase de natación y ha resultado que ya sabe sostenerse al menos, me ha invadido la melancolía.
Al contrario que a muchas otras madres para mí el fin de una etapa no es lo que me resulta entrañable; para mí es el principio.
Este año al estrenarnos en el cole, lloré cada mañana durante un mes al dejarla en la puerta del parque. Lo que no hice cuando se “graduó” en la guarde. Para mí acabar lo que se ha empezado es lo lógico. Por eso no me conmueve. Pero empezar nuevos retos si que me remueve el sentido de madre.
He visto cómo este año mi niña mayor, de cuatro años sólo, se ha convertido en hermana de dos. Ha abandonado los hábitos de bebé que tenía, se ha regulado en sus costumbres, duerme de un tirón, ha superado de momento al menos, los terrores nocturnos que tanto nos han asustado a nosotros como padres y ya come mejor. Se ha puesto más gordita que su amiga “la Bola”, quien se ha estilizado y ahora es hasta más flaquita que mi Gnomi, pese a su mote de bebé, y ha superado los retos marcados en el cole.
Hoy, desde mi reja en la piscina, me doy cuenta de lo mayor que está mi niña, de lo preciosa que es, de lo bien que progresa y a su vez, veo que es muy chiquitita.
Hoy se ha tirado al agua y ha chapoteando sola, le han aplaudido en la clase y ha conseguido otra meta más.

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Mi niña. La que va sin gorro.

Y mientras tanto, yo no cambio sino que voy a peor y la llevo sin gorro ni chanclas a natación. ¡¡Pero es que tengo mucho sueño!!

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