Aprendiendo a ser madre

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Tres hijas como bien saben tengo y llevo 2 meses sin dormir. Bueno, en realidad casi 4 años, pero así de continuo, sólo 2 meses.
Ésta es mi tercera maternidad y hasta ahora no me he dado cuenta del significado de la palabra cuarentena o de cómo hay que cuidarse para ser madre, ni buena ni mala, madre a secas.
Con la primera nació la niña y a los 10 días me puse unas cuñas altísimas y a pasear que me fui al centro. Como si nada. Recuerdo cómo contaba lo bien que estaba y ahora caigo en que mentía como una bellaca. Usaba el carrito como andador en realidad.
Con la segunda afronté una maternidad sola, estaba mi marido malo, mi madre en Costa Rica y mi hermana venía a estresarme con prisas para que saliéramos a pasear. Las consecuencias físicas del postparto fueron menores o más leves pero las obviaba aunque menos que con la primera.
Con esta tercera maternidad hay una cosa primordial para que esta casa funcione: yo.
He tardado años en darme cuenta, sí, Me encanta tener dinamismo, ser activa, darme a valer y sobre todo trabajar en lo que me gusta.
Hace año y medio creé mi propio proyecto que echó a andar y creció muy bien pero que con la trimaternidad se ha quedado en stand by.
En este momento me vi con fuerzas y ganas de ocupar mi cerebro atrofiado con un proyecto muy bonito e ilusionante: montar un gabinete de prensa en una asociación a modo de voluntariado.
Una semana he tardado en darme cuenta de que estoy fuera de juego y que no logro engancharme.
Tengo demasiado sueño, mucha atención que prestar a mis niñas y más calor si cabe todavía.
Esta semana he cambiado los armarios de las niñas y me tuve que tomar dos días para eso sólo. Hice una nota de prensa y dejé tres sin hacer.
Escribí un post que intenté que fuera ameno y tardé dos horas casi y medio dormida, sí, ya lo verán en redes -creo- si es que no fue catalogado como poco atractivo.
Me quedan mil cosas por hacer. Hoy tuvimos cumple bajo unos 40°C y fuimos protagonistas en el cole de la Mayor.
Ayer horneamos magdalenas y salieron regulares nada más y yo me muero de sueño por las esquinas.
El sábado se casan dos amigas a la vez en una punta de Sevilla cada una; el viernes tengo preboda. Las niñas van de damitas a una de ellas, tengo que recoger los vestidos y buscarme algo para mí.
Y claro, no llego. No alcanzo a todo. Al principio era que estaba mal físicamente, ahora es que estoy chiflada o que acabaré así al menos si no bajo el ritmo. De exigencia y de diversión.
Mi madre me ayuda pero esto es muy de mis postpartos: hacer como si no pasara nada hasta que me pase factura todo.
Hoy he frenado el tema del voluntariado, no puedo forzar mi disponibilidad.
Además de todo pesaba sobre mí la culpa de ni hacer nada, de no llegar de frustración.
Prometo luchar contra esta sensación, ¡yo valgo mucho! Y esta familia sin mí no marcha. Así que ruego me perdonen si no me ven muy a menudo: estaré cuidándome para poder cuidar.

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Ser feliz no está nunca valorado del todo. Ellas lo son. Yo debo ser lo.