La despedida de soltera

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No sé si habeis visto que ahi al lado tengo una insignia que reza que soy de las @malasmadres.
Bueno, pues no, no es que haya mentido, es que no soy mala madre en realidad. No abandono el club ni mucho menos porque me encanta cuánto nos reímos y porque he dejado a mi hija durmiendo en el carro para que no se despertase y les doy una vueltecita en el coche para que se duerman antes y a veces hay noches en que no las ducho porque estoy cansada y ellas no han ido al parque a guarrearse y hay días en los que levito para que no me oigan o las dejo despiertas en el cuarto para que no se levanten tan pronto. Ésa es la gracia del club, hacemos maldades de este estilo.
Pero en el fondo no hay ni una pizca de malmadrismo en nosotras y menos en esta señora Gnomo que escribe y que vive consagrada al cuidado de su familia.
El domingo me enfrenté a una cruda realidad que me hace cerrar una etapa que hoy no queremos cerrar para no pasar al siguiente nivel. Todos queremos seguir siendo eternamente jóvenes y bonitos y seguir teniendo “edad de salir a rumbear” pero la verdad es que yo no. Soy una señora mayor. Lo asumo.
Mis amigas están organizando la despedida de soltera de otra del grupo. Se casa una íntima amiga mía y de las buenas, pero de las que ya he perdido la onda. Ya me pasó este verano cuando vinieron las sombras e impidieron que me fuera un finde a Galicia a despedir a otra (previo pago de la gracia).
Pero esta vez ni he pagado. Al principio me puse una excusa real, la cuesta de enero es muy dura para todos, pero luego me dije ¿Cómo me voy a gastar 300 euros en irme un fin de semana a beber disfrazada como si tuviera 18 años? Yo quise pero en mis adentros algo me gritaba diciéndome que no debía. Aún así dije que sí, pero se me olvidó que el fin de semana no es la noche del sábado al domingo, no: el fin de semana es desde el viernes por la tarde al domingo al atardecer. Por supuesto yo podía elegir, pero no caí y de repente me vi envuelta en un plan de fiesta amistosa carísima que me iba a dar un respiro que “necesito” y sacar de esta espiral en la que vivo.
La verdad he visto el disfraz y me he muerto de la risa; he visto el apartamento donde dormir y está genial, la ciudad es muy bonita, está cerca y me encantaría ir, pero yo no puedo dejar a mis hijas.
Yo no sé qué me pasa, ojalá me entendiera porque ni yo misma me comprendo, pero en cuanto me dijeron que se sumaba otra amiga más, he visto una gran ventana para salir corriendo y volverme a casa pronto. Ella ocupará mi plaza.
A la despedida, iré, pasaré el sábado y volveré al caer el sol. Y me alegro mucho. Me encantaría poder separarme de ellas, de las niñas, pero tengo un síndrome que no me ha permitido decir que sí y largarme todo el fin de semana y lo que es más grave, tampoco soy capaz de dejar al padre, llamadme rara. Y lo peor, yo quiero dormir y no beber y ¡¡despertarme peor!!
Luego he pensado en lo sumamente tradicional que soy, en que soy una ama de casa típica, con sus hijtas divinas y que mi abuela no se iba por ahí un fin de semanas con sus colegas. En fin, que cada uno haga lo que quiera que es de lo que se trata en esta vida, no critico a los demás, pero yo me quedo en mi casita que no necesito salir de la espiral. Salir por la noche está sobrevalorado y no me puedo creer que esta frase esté saliendo de mis labios, será que ya me hice mayor.

Me encantaría pero me hecho mayor para esto 🙁 nunca pensé que me pasaría.

Gnomita la Mayor

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Como sabéis yo tengo dos gnomitas, la Mayor y la Chica. Son muy diferentes entre ellas aunque algo físicamente se pueden llegar a parecer. Cada una va a su aire y a su ritmo.
Gnomita Mayor es una niña de 2 años y 9 meses, vamos de casi 3 años. Ella es simplemente lista. Muy lista y muy adelantada a su edad pues desde tiempos inmemoriales la niña anda y habla.
Ahora le ha dado por la independencia y esto me da a mí aparte de satisfacción cierta libertad pues ella está empezando a tomar las riendas de algunas actividades. De este modo ella se lava los dientes solita y le encanta coger su banquito, subirse y ponerse pasta de dientes y lavárselos. Luego llego yo pero a repasarlo nada más y os aviso desde ya que no hace falta que lo haga, lo que pasa es que soy muy pesada pero la niña es más que capaz.
También se sabe enjabonar el cuerpito con su esponja rosa y si le entra jabón en los ojos se limpia con la de Cenicienta que está seca por si surgen contrariedades.
Por otro lado ha aprendido a desvertirse, se quita sola toda la ropa que no tiene una botonadura difícil y la ropa que no tiene que pasar por la cabeza. Ella también se calza y descalza y lo que más le gusta es ponerse los zapatos al revés. Le gustaría saber atarse los cordones pero eso es pedirle peras al olmo creo yo, aunque ella se las pide por si acaso.
También, si comiese, comería sola cosa que hace desde hace tiempo, bueno o que no hace, vamos que coger el tenedor sabe de sobra pero nunca lo llena y se lo come. Sabe preparase la merienda y echa la leche, el Colacao y lo remueve y luego se echa las galletas. Sabe prepararse un sandwich si le das el pan y el jamón, cosa que creo que no tiene mucha ciencia, pero que a ella le encanta y coge un yogur de la nevera y se lo come tan ancha.
Sabe coger un lápiz y pintar círculos y garabatos, a veces le entra la flojera y dice que no sabe, para lo que me he inventado un juego: ella pinta y yo con colores le doy un significado, creo que con esas interpretaciones que hago bien podrían llevarme al psicólogo y analizarme a fondo porque veo cosas donde -por muy bien que crea que dibuje mi niña- es imposible que haya algo.
Por supuesto las pegatinas y poner puntita con puntita está dominado, y la plastilina morada le encanta.
Todo tiene que ser morado, porque es su color favorito desde hace un año,así la plasti, los bolsos, los zapatos del colegio, las camisetas, todo lo que ella elige y usa a diario como el cepillo de dientes debe serlo. Si no lo es, no pasa nada, pero ella disfruta más si lo es y come mejor si es con plato, cubiertos y vaso morado, esto es que en vez de una cucharada, se come dos.
Mi mi hija es total y yo me río mucho con ella y juego un montón. La única peguita que tiene es ese pequeño detalle de que ni duerme ni come bien, pero bueno. No se puede ser perfecto.

Los dibus que magistralmente he interpretado de la artista. 

La mamá trabajadora.

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Éste es un post para medio explicar la reflexión que hice al leer lo que mi colega Gema Lendoiro escribió el otro día. En su relato Gema exponía la situación en la que muchas madres nos encontramos y que, quizás, nunca antes de tener a nuestros hijos nos planteamos.
Para medio entender este galimatías hay que referirse a la noticia que se publicó el otro día -y que no es nueva para nada, pues de ese estilo ya he oído yo varios artículos al respecto- y que versa sobre madres trabajadoras con un puesto de trabajo prestigioso y bien remunerado que se retiran para estar y cuidar mejor de sus hijos.
Gema en su blog presentaba dos tipos de mujeres trabajadoras bien diferentes como era “la ejecutiva-Directora de marketing de una multinacional. Noventa mil euros de sueldo más incentivos. Horario: de 9 a 7 (más o menos) Con comidas de trabajo (que no paga ella, sino la empresa) entre semana donde conoce gente apasionante e incrementa sus conocimientos y agenda. Tarda 20 minutos en llegar a su oficina donde tiene una plaza de parking.”
La segunda de las mujeres era “la mujer cajera-Dependienta en un supermercado. Diechiochomil euros anuales. Horario de 9 a 2 y de 4 a 8. A la hora de comer, puesto que no se puede permitir pagar un restaurante a diario, ni siquiera de menú, come en un tupper (que ella misma se tiene que preparar cada noche al llegar a su casa cansada). Tarda una hora y media en llegar a su puesto de trabajo en trasbordos varios de metro y autobús (ir en su coche es mucho más caro y, además, no tiene donde aparcar) Los niños están, en el mejor de los casos, atendidos por las abuelas o por el padre que consigue salir antes de su trabajo.”
Ambos casos son extremos de una misma realidad.Yo soy hija de una mujer trabajadora que lo ha sido de manera voluntaria porque si hubiera querido, bien habría podido quedarse en casa, pero nunca fue una decisión que tuviese en cuenta. Esto significó que en casa hubiese siempre alguien contratado para cuidar de la casa y de nosotras y que al ser adolescentes reinase un poco el libre albedrío. Pero ésa es mi experiencia como hija. Hija a quien las monjas de un colegio femenino le decían que la fundadora había luchado por darle una educación a las mujeres cuando no iban al colegio. Hija a quien las profesoras le decían que había que tener “las mentes abiertas, señoritas, mentes abiertas” e hija que ha maltrabajado para ser una profesional y tener una carrera desde los 18 años de manera gratuita casi siempre.

Aqui la Sra. Gnomo reportera trabajando de noche.

Ésa hija más tarde se casó en medio de la crisis que nos envuelve y se quedó sin trabajo y no me quedó otra opción que rechazar una beca para una agencia de noticias de 250 euros al mes por 8 horas de trabajo diario. En ese momento no lo quise pues alguien que cuidara mi casa me salía más caro y ahí quedó mi carrera como periodista detenida.
A los dos años de estar en casa nació mi hija Mayor y dí las gracias infinitamente por no tener que levantarme a trabajar. En ese momento el cóctel de hormonas sumado a mi sentimiento de amor infinito y total dependencia de mi hija me hubiera causado mucha tristeza si hubiera tenido que separarme de ella para ir a trabajar. Lo hubiera hecho, pero me alegré de no tener que hacerlo. Me sentía unidísima a la niña y no hubiera estado cómoda.
Después de haber tenido a la segunda, y a pesar de seguir queriendo mucho a la primera y de enamorarme de la Chica, me sentí más capacitada para trabajar. Pero para trabajar desde casa con horario más que flexible. El cuidado de la casa, las niñas y mi marido (porque nos cuidamos los dos a la recíproca) recae sobre mí y no me puedo permitir el lujo de ausentarme tanto.
A mí no me representa ninguno de los dos casos expuestos por Gema pues estoy en ese abanico de grises que existe entre el blanco y el negro. Si ganase 90.000 euros anuales creo que sí que trabajaría pues mi esfuerzo se vería recompensado y podría darle a mi familia muchas opciones que estando en casa no podría ofrecerle. Tendría una casa grande, otro coche, dos personas al menos para que se encargaran de la casa y las niñas, y bueno, yo saldría a las 6 o 7 de trabajar así que hasta las 9 o 10 de la noche podría estar con mis hijas. Creo que ahí si que trabajaría.
El segundo caso, más real creo yo, se asemejaría a las causas por las que saldría a trabajar por obligación. Si tuviera una hipoteca, que pagar mil cosas y no me quedara más remedio, claro que tendría que trabajar y aqui creo que es donde se encuentran la mayoría de madres trabajadoras.
En este supuesto las madres relativamente recientes dejan a sus hijos por un sueldo que les da calidad de vida, aunque sea para que no les persigan los acreedores, aportan mucho a la familia e inevitablemente necesitan ayuda, hacen carrera o no, pero sostienen el hogar como el marido con el plus de que sólo ellas gestan, paren y lactan (en algunos casos). Son las hijas del capitalismo y el feminismo en su lado más salvaje y creo que en caso de ser millonarias también trabajarían aunque con otros horarios y sin presiones.
He hablado largo y tendido al respecto con mis amigas y yo soy la única ama de casa tradicional. Hay quien ve una barbaridad que no tenga un sueldo para el día de mañana, que nunca se sabe -pero tengo una licenciatura y alguna que otra opción digo yo-; hay quien me envidia por poder cuidar de mis hijas; habrá quien me vea como una pobre que se equivoca pero que no me lo dice y yo a mí misma me veo como una madre afortunada, que emplea su tiempo en jugar y cuidar a sus hijas que gracias a mis atenciones se saben el nombre de los Reyes Magos de Oriente y destacan sólo por eso en la guardería o cuentan hasta “Tes” porque no paran de repetírselo por las mañanas.
Al principio maldije en muchos idiomas pero cada día me alegro más de mi posibilidad de estar en casa atendiendo a mis peques y de vez en cuando hacer alguna colaboración flexible que me permita pensar en otras cosas aunque ganas de cobrar esos 90.000 € anuales y hablar con adultos, a veces no me faltan.

Cuando el embarazo no es una dulce espera

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Iba a postear a petición popular sobre esas molestias que surgen en los embarazos que hacen que la espera no sea tan dulce ni que cada vez que pasees por la calle una buena señora te acaricie la tripa y te pregunte qué vas a tener para que la mires con cara de troll y le digas “un humano”.
Iba a contar que tuve memoria selectiva y mucho en mi post sobre el embarazo, porque me olvidé de que hice reposo durante unas cuatro semanas y claro, eso ya me pareció un problema a destacar en un embarazo que no es como esperaba.
Al final éste va a ser un post para alabar, ensalzar, admirar y destacar a todas estas madres que aparecen en la presentación de más abajo y que gustosas se han lanzado a compartir sus sensaciones y experiencias.
Yo iba a escribir que mi segunda hija de repente tras una visita rutinaria dejó de poner peso. No sé por qué pero la niña que iba en un buen percentil de repente se estancó y a mí me provocó una ansiedad desconocida y lo único que quería era que me hicieran una cesárea cuanto antes para que cesara esa angustia. Pero claro, la niña pesaba ya dos kilos así que no sería prematura ni iría a incubadora con casi total seguridad; aún así una que es como es, pensaba nada más en ese caso pequeño, en esa posibilidad de que salieran las cosas mal y que la niña se adelantara y se quedara en esos 2 kilos. Al final la niña nació con 3,130 kilos a las 41+5 semanas y yo comí como si no hubiera un mañana y me levanté el reposo para ir a ver la cabalgata ya de 39 semanas y sin miedo ni riesgo alguno.
Para mí hasta hoy éste ha sido un problema en un embarazo. Mi amiga R, madre reciente, tuvo contracciones y la pusieron a reposar 8 semanas, para ella también fue un trauma. Hoy veo que es algo poco importante. Muy poco.
Hoy he recibido de manera directa noticias sobre embarazos medicados, pinchados, con cicatrices, con riesgo por crecimiento intrauterino retardado, múltiples y de uno un poco diferente por haber sido la madre operada de columna y minusválida.
La verdad es que después de este escenario el que el bebé nazca rozando los 2,5 kilos y que yo estuviera en reposo 4 semanas saltándomelo porque no era riesgo verdadero me han hecho ver lo equivocada que estaba en mis sensaciones y lo mejor, he descubierto a las grandes heroínas que hay en esta blogosfera maternal.
Sobran las palabras así que os dejo a las protagonistas.

La gran familia

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Hoy estarán ya a punto de nacer, si no ha sucedido ya, los hijos mellizos de una conocida. En mes y medio a lo sumo nacerán los de una prima política y ayer supe de otra lejana que también los espera para este año. En ninguno de los casos son los primeros, de hecho responden a tercer, segundo y ¡quinto! embarazo, una barbaridad ¿no?.
El otro día la madre Ninja se refirió en su post sobre su tercera maternidad que a la gente le parecía una locura. Hablé con otra amiga mía sobre esto -ella tiene dos niños buenísimos- y me dijo que le parecía una irresponsabilidad tener más de dos hoy en día. (aqui resalto que vive más que cómodamente, no sé si me entendéis). Luego hablé con mi amiga, la madre de la Bola, y me dijo que tener más de tres es imposible, al menos para educarlos como ella quiere.
Yo no sé por qué encuentro cada vez más dificultades para formar una gran familia. Yo procedo de una pequeñita con dos únicas hijas: mi hermana y yo. Esto me ha supuesto varias cosas en mi infancia y adolescencia: mi compañera de juegos era la Tia Mono, osea mi hermana, y mis peleas eran con ella también pues nunca teníamos otra opción. También destaco la casa grande con piscina y jardín donde vivíamos, los colegios a los cuales tuvimos la oportunidad de acudir, la ropa y la ayuda que mi madre tenía en casa puesto que ella trabajaba.
Vivimos muy cómodamente, no obstante esa comodidad no supuso la solución a todo -en absoluto-. Cuando la mala racha llega no hay comodidad que la aguante ni dinero que la evite. Ni familia suficiente en la que cobijarse.
Una compañera de la agencia en la que trabajaba, que después supe que tenía 13 hermanos, me dijo que ella sólo quería un hijo único “para tenerlo bien”. Y así era: veranos con cursos intensivos de idiomas, viajes, colegios, tenía cualquier capricho que se le antojase, pero y quizás me equivoque, tal vez esté solo. Solo cuando se case, cuando tenga un niño, cuando sus padres enfermen o cuando no le cuadre el presupuesto a final de mes y necesite un cable o simplemente cuando necesite compartir sus pensamientos.
Yo por desgracia he visto a mis amigas perder a sus madres -a cualquier edad es fatal dejar de tenerlas- y sus hermanos han sido el refugio. Para llorar, para cuidarse, para entenderse y para calmarse. El hombre no está hecho para vivir solo y cada vez veo más materialismo argumental para no tener hijos o más hijos.
Quizás la vida me quite la razón pero el mayor regalo que dejamos a nuestros hijos son los hermanos y más cuando vivimos en una época en la que ni con un único hijo se llega a fin de mes, en la que no estamos preparados para no pensar más que en nosotros y en la que lo queremos todo facilito, machacadito y con dinerito por delante (Me incluyo pues yo también lo quiero).
La realidad cuando de verdad te topas con la vida es que no sabes qué hacer. Si todo te lo pusieron en bandeja te ves con un pequeño problema ¿Cómo lo solventarás? Estoy convencida de que alguien con muchos hermanos que ha crecido agarrándose los machos, heredando ropa, libros, zapatos… sabrá apretarse el cinturón para salir adelante. No le aseguro el triunfo pero al menos se las ingeniará para salir airoso pues desde pequeño está acostumbrado a luchar. En una familia grande no hay ordenadores para cada uno, tablets, maquinitas ni siquiera una televisión para ver todos a la vez pues habrá que pelear porque el baño esté libre, o ayudando a preparar meriendas, comidas y cenas o a guardar la ropa, cosas normales que se han hecho de siempre y que hasta esta época se ha rechazado de frente.
Ésta es una oda a la gran familia, pues el cambio en nuestras vidas es tener un hijo, así que si queremos darle todo, démosle todo pero de verdad, la compañía el amor, las vivencias, el trabajo en equipo, las peleas y rencillas y el amor fraterno.

http://wintablet.info/2014/02/la-familia-y-uno-mas/

Pd. Yo jamás formaré una familia tan grande por una cuestión de edad -también estoy inmersa en esta sociedad al fin y al cabo- pero cada día me hubiera gustado más.

De príncipes, sapos, culebras y un caballero.

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Creo que ya el año pasado conté por aqui que nosotros no celebramos San Valentín, no porque sea una cursilada a mi entender ni porque digan que es un invento del Corte Inglés, no, no. Es porque nuestro aniversario es el 13 de febrero y anula sistemáticamente al día 14.
Hace nueve años tenía yo 22 y hacía poco que había regresado de estar en Alemania. Atrás dejaba una época un tanto tempestuosa. Un príncipe que salió sapo tras casi 5 años y que no hubo manera de devolverle la forma humana, una culebra, que resultó venenosa, y también yo, que me encontraba con ganas de redescubrir mi entorno familiar y mi vida; tenía que acabar la carrera, buscar un trabajo, ubicarme en la ciudad y restablecer mis relaciones personales después de un año sin saber de nadie.
Mi hermana, la Tia Mono, estaba deseando mi regreso y durante ese tiempo fuimos más que íntimas amigas y no parábamos de hacer planes juntas y salir con amigas compartidas. Yo añoraba ese tiempo en Alemania, irreal, de libertad y diversión también y bueno quería vivir y viajar y conocer más mundo. Así que no había posibilidad alguna de que mi media naranja apareciese ni la quería porque iba a hacerla zumo. Atravesaba una etapa de desencuentros y no quería ninguna relación que me atara, porque quería ser libre. Basta hablar para que caiga encima.

http://www.lanaranjadevalencia.es/2009/06/28/zumo-de-naranja/

Un día, de casualidad, mi amiga María habló con un amigo y nos encontramos con él y el resto del grupo, entre ellos el señor Gnomo. Salimos, hablamos, nos reímos muchísimo, y quedamos en celebrar fin de año todos juntos. Al final escapé. No sé por qué. Después coincidimos muchas veces desde ese momento. Mi otra íntima amiga me decía: caerás y yo contestaba que no. No. No y no.
Pasaron un par de meses y él me buscaba, me llamaba, me veía, me hablaba y yo escapaba. Un día quedamos. Íbamos a tomar algo. De lo nerviosa que estaba hablé y hablé y hablé y él aguantó estoicamente mi charla.
Ese nerviosismo que me hacía hablar, era el mismo que me condujo hasta allí, el que no me dejaba volver a escapar  por algo ¿Sabéis qué es ese algo? La certeza de que este hombre, no era ni príncipe, ni sapo, ni culebra. Era, y es, un hombre que se viste por los pies. Un caballero de los de siempre, de los que te cobijan, cuidan, quieren y son un refugio para la vida. Un hombre bueno y hoy en día no quedan casi de ésos. Tenía ante mí a una persona íntegra, con valores, educada y amable. Sincera, cariñosa pero sobre todo bueno. ¿Cómo iba a dejarla escapar?
Hoy hace nueve años que empezamos a crear esto, que ha resultado ser un proyecto fantástico y no podía dejar de dedicarle esta entrada, porque sin él ni este blog, ni las gnomis, ni yo seríamos las mismas. Al fin y al cabo, él es el hombre de nuestras de vidas.

Aqui una foto de los Gnomos de Feria como no podía ser de otro modo

El embarazo ¿Cómo te sentó?

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Estoy en casa con las dos niñas y me he enterado de nuevos embarazos de blogueras, que 2014 va a dar una cifra de bebés hasta ahora desconocida para mí. No es normal saber de unos 30 embarazos ¿verdad? Pues todo eso viene en camino en la blogosfera maternal y algo me hace pensar que incluso más, que las que vayan a tener bebés en diciembre aún no nos han encargado.
Aviso a mis lectores que paren de leer si son suceptibles, este es un post que pretende ser requeteempalagoso y versará sobre las ñoñerías prenatales. Lo siento.
El embarazo es el estado de máxima plenitud para una mujer. Creo que no hay nadie más afortunado que una embarazada, ojalá pudiéramos quedarnos así toda la vida, bueno que tampoco hay que pasarse. Mi buena amiga Desmadreando en sus posts desmonta mito tras mito la maternidad de color de rosa. Yo la verdad es que el embarazo sí lo paso fenomenal y es una etapa de paz y amor con mi bebé en la tripa que adoro. ¡Ha sido el máximo descubrimiento!
También es cierto que no he tenido ningún embarazo con verdaderas complicaciones y si tuviera que decir de sus beneficios no hay nada como el comer sin límite, el estar varada en un sofá, pasar el invierno calentita, dormir a todas horas y sentir las deliciosas patadas de tu bebé en las costillas.
Que sí, que en el embarazo también vienen muchos males, las estrías, la hinchazón -¡Esos tobillos!-, las contracciones, el tener ganas de hacer pis siempre, el cansancio y el no dormir…
Yo he tenido la enorme suerte de verme monísima siempre aunque no haya sido objetiva, después de ver las fotos me dí cuenta de que estaba hinchada y gordota pero juro que me veía hasta tiposa pero es que yo tengo un grave problema de contraanorexia: me veo delgada cuando estoy jamona.
Para mi amada amiga N, quien me dijo que no tendría más niños pero sí se quedaría embarazada otra vez sin dudarlo, el embarazo es tener el doble de vida, nunca es una enfermedad y hace a una mujer sentirse superpoderosa. Os digo que mi amada N se sacó el carnet de moto embarazada de su hija mediana, pero eso es otra historia.
Con el embarazo, el misterio de la humanidad está en nuestro ser desde el principio de los tiempos somo la envidia masculina. Engordar poco a poco, sentir esas náuseas que no nos dejan vivir, padecer de ardores como si en ayunas nos tomáramos un tequila con guindilla, los problemas de circulación desde las silenciadas venitas -que tanta lata dan- como las varices en muchos sitios de nuestra anatomía.
Pero no hay nada mejor que lucir un bombo esplendoroso, que se hagan apuestas sobre el sexo del bebé, sobre cuándo nacerá, sobre a quién se parecerá o que te toquen la tripa los extraños e incluso algún billete de Lotería.
Nos lo tomemos mejor o peor, la etapa de desespera, es única y aqui os dejo un vídeo con algunas fotos de mis colegas de maternidad con una frase lapidaria sobre su espera premamá.

La fiesta de cumple de la Chica

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El viernes pasado celebramos con los amigos el cumpleaños de la Chica. La verdad es que tenía muchas ganas de hacerle algo a las niñas porque este año pasado las circunstancias fueron adversas y tuvimos que pedirle a mi amiga que hiciéramos el cumple en su terraza porque nos mudamos y todo eso.

Así que de casualidad pasé por el Prado aqui en Sevilla y fui a ver a mi amiga Leti, compañera desde preescolar en mi colegio y con quién coincidí en el bautizo de unos íntimos amigos. Leti me habló de la flamante tienda de juguetes que montó con su socia Marciala y me quedé con las ganas de verla. Sabía que hacían talleres infantiles allí y deduje que el aula que tienen para ese uso tendría otras utilidades y en efecto Leti me dijo que organizaban cumpleaños así que me planteé su tienda como opción.

Aquí la tienda de juguetes con el aula adornada con globos que nos pusieron especialmente para el cumple, fue un detalle porque yo pedí sólo el espacio. ¡Gracias!

Sinceramente, el hecho de acudir a una juguetería con un aula especial donde celebrar con 15 niños de entre 0 y 3 años una fiesta con padres también y que no tuviera que acondicionar un espacio en mi casa me vino de perlas. Ni corta ni perezosa le reservé a Pares o Nones, que así se llama la tienda, para que me guardase el sitio para el día 31.

Os enseño los disfraces de Caperucita, al final llegaron dormidas, las faldas se le caían y no quedaron tan ideales, pero no lo parece ¿Verdad?

Para este día compre unas telas muy monas y les hice unas falditas a las niñas y unas caperuzas para que fueran vestidas de caperucita roja y encargué una oblea de Fondant para que adornase el bizcocho que hice hasta dos veces, pues no llevaba ni huevo ni leche y me costó conseguir darle el toque adecuado. No llevaba soja tampoco pero al final salió muy bueno. Mirad qué mono quedó.

Al final llegué 15 minutos tarde al sitio y encima ¡se me durmieron las dos niñas en el coche! Pero lo pasamos muy bien. Os dejo las fotos y sobre todo la recomendación de la visita a la tienda tan mona, ya sea virtual o físicamente, pero sus juguetes son un amor.

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