El jet lag playero

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Buenas!! No he vuelto del todo. Que conste en acta que no pretendía irme pero me tomé de manera sorpresa unas vacaciones blogueras durante la segunda quincena del mes. Coincidiendo con la vuelta a casa pero me cansé de escribir y como no hacíamos nada más que tener la casa a oscuras con 45 grados en la calle, pues no tenía nada que añadir. Regresamos a la playa y de nuevo a casa a los pocos días y aqui fue cuando le entró a Gnomita mayor el jet lag playero.
De repente se tornó gamberra, desobediente, ruidosa, inquieta, gritona, cantora -lo de cantante se le queda un poco grande con ese buen oido heredado que tiene- y me tiene agotada!!!
El lunes empezamos la adaptación a la guardería y no veo el momento. Al principio me dio penilla, pero tras dos días sometida a este mini campamento de final de verano, retiro cualquier pensamiento lastimero, soy así de malamadre. Y para aquellas que piensen que qué suerte que así descanso o que vaya caradura, les recuerdo que aqui, silente, mirándolo todo chupe en boca, habita la Chica, que apunta maneras y está empezando a gatear!!!!!!!!!!! >.<
En la foto, la Chica durmiéndose. Obsérvese lo cerrados que tiene los ojos y el sueño tan grande que tiene.

Los secretos de Gnomita

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Vengo con el post recién sacadito del horno y mosqueada porque se me ha borrado la entrada completa y ésta es la segunda que escribo, pero es que me he reído mucho y lo tenía que escribir. A ver.
Os contaba que aunque estoy de vacaciones, no me da tiempo de bajar a la playa por las mañanas ya que levantándonos a las 10, yendo a la compra, cocinando, organizando a las Gnomis y demás cosas que se tercien, me resulta imposible salir airosa y descansada a la vez. Así que bajamos a la piscina con todo resuelto y cuando subo, tras dos horas de juego, me parece que el séquito que sirve en la mansión de los gnomos lo ha dejado todo perfecto y yo no tengo más que disfrutar de las mieles estivales. Autoengaños veraniegos.
Más tarde, cuando cada integrante de esta bendita familia ha terminado de sestear cual perezoso, nos ponemos en camino hacia la arena ya sin calor alguno. Disfrutamos de dos horas de agua, castillos, cometas, sin cremas, sombrillas ni engorros y de la puesta de sol tan bonita y llegamos para ducharnos, cenar y acostarnos otra vez.
Y hoy fue así. Nos hemos repartido a las Gnomos y ha sido cuando la Mayor le ha confesado lo siguiente que quizas os parezca una tonteria, pero yo me he reido bastante!

La espontánea farmacéutica

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Hoy jueves toca sección de espontaneidad y traigo a una que no puede faltar jamás de los jamases: la espontánea farmacéutica. ¿Quién no se ha topado con una? En mi caso lo tenía fácil, cerca de mi casa, allí habitaba ella que ansiosa esperaba mi paso con el carro.
Espontánea- ¡Buenos días! (la espontaneidad lejos de restarle simpatía, se la añade y además buena educación y modales para que piques)
Yo- ¡Buenas!
E- ¿Qué tal la niña?
Y- Bien, bien (intento de huída)
E- Oye y ¿qué tal vas con los cólicos? ¿Sigue igual?
Y- sí, bueno sobrevivimos así que bien.
E- lo que tienes es que darle Aerored en gotitas, o manzanilla. Prueba también colimid y si no, colikil (o como se escriba).
Y- si?
E- Claro, y le das biberones especiales de los que tienen un tubito dentro.
-Ah! Vale vale.
Tras volver de la farmacia con una cesta de la compra descubrí que el cólico del lactante no se quita con nada…

Situación dos:
E- Después del saludo y tal. Oye y ¿Qué tal duerme?
Y- pues me da malísimas noches ¿para qué engañarnos?
E- Hija, eso es bastante sencillo. Le das Variargil (o como se escriba)  y ya duerme del tirón.
Y- ¿si?
E- sí y si no, le das melamina, que funciona muy bien.
Después de la visita al pediatra, me recomendó mi médico que no le diera un antihistamínico para dormir a la niña y que la melamina es una hormona que la niña a lo mejor no necesitaba…
Situación 3:
Bla,bla, bla (por favor no me preguntes nada!)
E- Oye y la niña ¿ya come?
Y-Si, bueno, cuando tiene hambre
E- ¿No has pensado en pedir unas gotitas de esas antianoréxicas?
Y- no…no, ya se le pasará. Bueno, adiós me voy que llego tarde. (Y nunca más voy a volver a hacerle caso).

La foto de telefime.com es de la mítica serie “Farmacia de guardia” donde tiene la entrada prohibida la espontánea de hoy…jajaja

La sombra de mi maternidad

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Hay por ahi un carnaval bloguero sobre las sombras de la maternidad. Como siempre no iba a participar y aqui estoy de la mano de Ira. Este último año mío está siendo de los más duros de mi vida. No hay nada peor que la falta de salud. Si bien vivir con un enfermo crónico fue una elección personal y asumida desde el año y pico de noviazgo, cuando aparecen brotes que zarandean al enfermo sufres con él y lo apoyas y lo curas y te entregas. Porque nadie está libre ni de la enfermedad ni de la mala suerte y siempre necesitamos de alguien que nos cuide. Eso mismo me dijo el Dr. Blanco, médico de mi marido cuando le dió el primer brote “si no asumes que está enfermo y vas a dejarlo, hazlo ya y reza para que el día de mañana no tengas un cáncer y seas tú quien te veas sola porque te dejen entonces”. Y lo asumí y me dediqué a vivir sin que perturbase nuestra paz aquella enfermedad autoinmune que lleva callada años.
Pero este año volvió. Tras 7 de silencio. Y aqui nació la sombra, nueva hasta ahora, de mi maternidad. Las noches del postparto hospitalario las pasé con mi hermana pues mi marido no podía estar allí, el regreso a casa con el bebé lo hice con mi hermana pues a mi esposo lo operaron ese día. Me mudé de casa, de barrio, de todo y al día siguiente mi marido ingresó de nuevo para volver a hacerlo a los 15 días para someterse a dos intervenciones nuevas. Llevamos tres operaciones en lo que va de año, todas ambulatorias, con sus consiguientes recuperaciones y falta de aliento. Él lo sufre física y emocionalmente, y yo no sufro.
No puedo sufrir. El peso de esta familia recae sobre mí, las niñas, la casa, mi esposo – el padre de familia- yo no puedo flaquear. He encarado cada uno de los cambios con fuerza estoica, soy una espartana. Imagino que hay quien ante este panorama sale huyendo en busca de una vida más fácil. Con 30 años y un país extranjero de acogida podría salir corriendo. Pero me faltaría lo que más quiero en la vida, lo único que insufla aire a mis pulmones y me permite estas largas zambullidas. Mis hijas y mi marido, mi familia, mi trabajo, mi plan de vida, mi éxito, mi satisfacción, no podría vivir sin ellos, son mi motor y si para seguir adelante hay que pasar por esto, lo paso y busco la felicidad en un paseo en tren turístico o yendo al mercado, disfrutando de las Gnomis y cuidando al enfermo.
Nos enfrentamos a un posible nuevo ingreso hospitalario con mi madre y hermana fuera de casa y mis suegros de vacaciones ¿Quién dijo miedo?

En la foto, las dos luces que iluminan las sombras, la Mayor y la Chica.

El trencito que volando va

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Aqui sigo, pese a no tener ránking en Madresfera, pero como que ya me he enganchado a esto de escribir y contar las aventuras gnomeras y no puedo parar ni estando de vacas.
El finde ha sido ajetreado, nunca sé en qué día vivo pero sin que mi esposo trabaje, menos aún. Ahora es lunes ya. Y puedo decir que el planazo de mi veraneo hasta ahora ya ha tenido lugar: me he montado en un trencito turístico de esos con música de los payasos petado de niños y abuelos y me lo he pasado PI-PA.
Tengo la capacidad de disfrutar con grandes chorradas así que cuando a la abuela gnomo se le ocurrió sacar a pasear a las Gnomis en el tren, allá que dije yo velozmente que sí, of course.
Para que quede constancia de lo Malamadre que soy, a la Mayor le zampé su dosis correspondiente de Apiretal tal debutar con 38,5 de fiebre, la duché y vestí y tiré con las dos y la aweli para la calle. Mi planazo estrella del verano no había quién me lo chafara y la pobre Gnomi quería ir también.
Nos encaminamos ni cortas ni perezosas a la parada del tren y esperamos con los nervios propios de los veraneantes preguntándonos si pasaría o no el cacharro ése.
Y pasó, menos mal que pasó, porque yo, que no tenía muchas expectativas, disfruté más que todos los viajeros juntos. Sería injusto si no dijese que la Chica también flipó pero en silencio, de hecho flipó tanto que le salió espontáneamente tocar unas palmitas y todo. Mudas, pero eso no le resta mérito.
Ya montadas, empezamos la ruta. Mi Gnomi Mayor va para princesa. Sin que nadie le dijera nada y muy tiesa en su asiento, sonreía todo lo que el paracetamol le iba permitiendo y ladeaba su mano como si de Lady Di -aunque bastante menos desequilibrada- se tratara. Orgullo de madre.
La Chica es más campechana ella;
La tenía la weli (Obsérvese la falta de letras a medida que la renombro) y se enloqueció, se empujaba con esos jamones que tiene por muslos y arriba y abajo no dejaba de saltar con su chupe en los morros.
Y luego estaba yo. Que primero sonó “lunes antes de almorzar, una niña fue a jugar pero no pudo jugar porque tenía que planchar” -canción que narra mi desdicha actual, que de niña yo no hacía nada- y otras infantiles y las bailaba con la Gnomi. Pero fue sonar Marisabel y su ‘antes muerta que sencilla‘ o el ‘Aserejé‘ de las Ketchup, que lo bailaba yo en Alemania de fiesta mientras que los pobres teutones alucinaban porque me sabía toda la letra enterita, y claro, casi le robo el micrófono al conductor y me pongo a animar el tren. He saludado a todo el pueblo, cantado y enseñado las coreografías a la Mayor y ya el éxtasis acabó con Melody y ‘el baile del gorila‘, demasié pal body.
Por cierto que el tren lo alquilan para despedidas de soltería, bodas, cumpleaños y divorcios!! Jajaja
Puf! Creo que no voy a poder dormir en dos o tres noches seguidas debido a lo emocionante del viaje de esta tarde!!! No quiero ni pensar si salgo y me tomo una caipirinha…
Por si hay alguien que se ha perdido, el padre gnomo está en unas vacaciones paralelas con paracetamol, antibiótico, antihistamínico y durmiendo todo el día. Recayó de lo suyo. El mantra de este verano mío es “no hay dinero que compre la salud”.

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