Mis cuatro lactancias.

Antes de empezar a hablar de mi lactancia con mi cuarto bebé debería resumir, para todas las que habéis llegado ahora al blog, cómo fueron las lactancias anteriores.
Con mi primera hija la lactancia fue en diferido, esto significa que me saqué la leche durante 2 meses para dársela en biberón ya que ella nunca se cogió el pecho puesto que yo ni sabía cómo se daba el pecho, ni la niña había salido con fuerza suficiente para poder prenderse, ni además, tenía apoyo por parte de las matronas del Hospital Virgen del Rocío ni mucho menos alguien a mi alrededor de dónde poder sacar algún tipo de idea.
Así que cuando me dieron el alta nos fuimos a casa con un bebé que llevaba más de 48 horas sin comer, que no se prendía el pecho, que a mí no me había subido la leche por falta de estímulo y que apenas lloraba porque no tenía hambre o porque no tenía fuerza, no sé. Al cabo de un día y medio en mi casa mi madre me dijo que por favor le diéramos un biberón porque esa niña lo que tenía era mucha hambre, así que fue mi marido a la farmacia y compró leche y se la ofreció un biberón que tardó en tomarse un segundo aproximadamente. Recuerdo que mi sensación fue de fracaso total porque llevaba como 42 semanas esperando a poder darle el pecho a mi hija como lo había hecho mi madre con mi hermana durante casi un año a libre demanda y de repente algo fallaba.
La idea que había tenido inicialmente no se materializaba. Era totalmente imposible; la niña no cogía el pecho de ninguna manera ni aún habiendo comido teniendo fuerza ya y no tenía ese reflejo de succión conmigo sino solamente con el biberón. Este primer postparto fue un poco complicado porque yo me encontraba bastante mal, la niña era bastante demandante desde el primer momento. Era muy difícil que comiera, con lo cual era muy difícil que durmiera y era muy difícil que estuviera tranquila y además, era una niña bastante despierta y nunca se quedaba calmada por más de una hora, con lo que el descanso para mí era una utopía.
Establecí con mi primera hija un vínculo muy fuerte, muy instintivo y muy animal, a pesar de darle biberón y no el pecho directamente y estar enganchada todo el día el sacaleches, así que para mi dar el biberón se convirtió en una cosa habitual y para nada óbice de la relación madre e hija y del vínculo inicial.
Con mi segunda hija fue completamente al revés: la niña tal como nació la dejé sobre el vientre y ella solita fue reptando hacia el pecho y se prendió enseguida. Ya había leído mucho sobre lactancia en blogs y ella se enganchó muy bien y tomó el pecho desde el primer momento.
A esta niña le di el biberón puesto que tenía la experiencia previa de su hermana y no quería que pasara igual, y el resultado fue buenísimo porque la niña al comer algo limpió bilirrubina y pudimos irnos a casa sin necesidad de reingresar a pesar de estar bastante amarilla.
Recuerdo esa experiencia muy tierna por decirlo de alguna manera, el vínculo que establecí con ella también fue bastante fuerte y tuvimos una lactancia materna exclusiva feliz hasta que con 40 días le detectaron una alergia a la proteína de la vaca. Yo no fui capaz de seguir una dieta estricta, pues en principio me quitaron el pollo, el pescado, el huevo, la ternera, la leche y todo lo que tuviera trazas hasta que pudieran ver definitivamente a que era alérgica la niña. Aquí fue cuando tuve mi primer contacto con la leche hidrolizada y más tarde con la elemental puesto que la niña tenía una alergia bastante fuerte y era muy sensible a cualquier tipo de proteína. La leche hidrolizada tiene aminoácidos y no proteínas y er la que toleraba, a pesar de que huele fatal.
Con mi tercera hija la experiencia previa me había hecho estar bastante confusa no sabía si darle el biberón de leche normal si llevarme un biberón de leche hidrolizada o si darle el pecho. Así que opté por la lactancia mixta para que la niña se alimentara las primeras horas de vida.
Establecer la lactancia materna no fue posible puesto que a los tres días la ingresaron en neonatos como ya conté en el post anterior y allí le daban de comer con biberón y mientras tanto yo estaba en casa y no me subía la leche porque no tenía ningún tipo de estimulación en los 3 días que estuvo ingresada. Fui a pedir la pastilla dostinex para quitarme la leche cuando la niña no tenía ni una semana de nacida y le retiré la lactancia materna y y me esmeré en buscar algún tipo de señal que hiciera pensar que la niña tenía alergia a la proteína de la vaca. No me equivoqué y cuando la niña cumplió el noveno día de vida en efecto dio señales de esto y directamente pasamos de la leche de fórmula normal a una hidrolizada, teniendo en cuenta la experiencia de su hermana anterior.
Debido a mis experiencias anteriores cuando llegó el momento de plantearse qué hacer con el cuarto hijo decidí darle biberón directamente para que pudiera comer desde primera hora y de esa manera no seguir sintiendo yo el fracaso de mis lactancias de continuo. Pero como el hombre propone y Dios dispone, mi hijo nació con muchísima hambre y a pesar de tomar biberón desde el primer momento seguía llorando por hambre; había cogido el pecho muy bien y aunque yo había pedido en paritorio las pastillas dostinex para que no me subiera la leche no me las tomé cuándo me las traían a la habitación las enfermeras.
Yo las dejaba porque mientras el bebé estaba el pecho no lloraba y como había nacido tan débil pues había un instinto en mí que me hacía ponérmelo al pecho y calmarlo así antes que dejarlo llorando ya que suficiente lloraba ya en la lámpara de fototerapia.
Salimos del hospital habiendo subido ya la leche puesto que estuve 4 días allí y establecimos la lactancia materna sin ningún tipo de problema; las enfermeras venían siempre a decirme que no dejara que subiera la leche si quería tomarme las pastillas y dar el biberón y se quedaban bastante sorprendidas cuando les explicaba que le daba el pecho para que se calmara porque era la única manera de que el niño no llorara y que establecer la lactancia era lo de menos. Era un complemento.
El bebé quería tener el contacto conmigo y estar siempre chupando, y las pobres enfermeras vinieron varias veces a darme explicaciones y ella tampoco entendían cuál era mi experiencia previa pues pensaban que al tener cuatro hijos era toda una experta 🤣 cuando, en realidad, no tenía ni la más remota idea simplemente me estaba dejando llevar un poco por mi instinto y las hormonas.

Mucho piel con piel y hormonas de amor por todos lados.


Así que aquí estamos, con una lactancia feliz sin grietas que ya es decir, un montón de hormonas, unas noches muy llevaderas dando el pecho en la cama sin despertarnos ninguno de los dos y dando algún biberón de ayuda si estoy muy ocupada con las niñas o el bebé tiene mucha hambre y no se sacia.
Pero de momento estamos felices y unidos. Ojalá no salga la alergia a la proteína, que ya me dijo la pediatra que lo vio, que es un antecedente que sus hermanas la tengan para que el pueda desarrollarla. Por eso no dejó el biberón, para ver si tomándolo a diario, no se sensibiliza a la PLV.

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