¡Le sube la bilirrubina, ay le sube la bilirrubina!

Mi experiencia con la bilirrubina al parecer me acompaña desde que nací. Mi madre dice que me puse amarilla al poco de haber puesto un pie en esta tierra y no sé si esto influirá, pero lo cierto es que de mis hijos salvo la primera, los tres pequeños han tenido este problemita que se ha solucionado gracias a Dios al poco de haberse diagnosticado. Tampoco es algo grave.
En el caso de mi hija la segunda, a la que yo llamo la mediana aún, nada más nacer pude establecer rápidamente la lactancia materna pero aunque le di biberón estando en la clínica los primeros días para que pudiera alimentarse bien, cosa que no hice con la mayor, el color rosado y rojito de su piel pasó a convertirse en un amarillo un poco intenso. Esto le sucedió estando ya en casa y yo, como madre primeriza de una niña amarilla no sabía que era lo que le pasaba y me limitaba a darle paseos para que le diera el sol y así a los pocos días fue remitiendo el color amarillo y volvió a la normalidad y se tornó en rosita.
Con mi tercera hija nos midieron la bilirrubina estando en el hospital y nos dijeron que deberíamos volver al día siguiente del alta para hacerle una analítica y que nos confirmaran el nivel que tenia en sangre. En este caso cuando le hicieron la analítica comprobaron que los niveles estaban excesivamente altos y nos dijeron que debería ingresar en la UCI de neonatos. El momento en el que tuvimos que dejarla allí solo en pañales con una máscara que le tapaba los ojitos y el hecho de solo poder verla cada 3 horas, a mí que estaba recién parida y llena de hormonas, me supuso un mundo. Peor fue cuando volví a casa esa noche y no la tenía ni en el Moisés ni en mi cama como había pasado la últimas 72 horas conmigo. Además, yo me encontraba físicamente muy mal tras un parto muy largo de una niña muy grande y en el postparto inmediato retenía todavía mucho líquido y el hecho de estar sentada en una silla esperando para entrar durante la media hora de la visita y a veces el tiempo que duraba entre visita y visita me hacía estar muy incómoda, además de dolorida gracias a la ristra de punto que tenía.
Con mi cuarto hijo la experiencia no iba a ser diferente aunque si mejoró bastante en comparación. Él nació con un color más bien pálido, ayer conté en el blog que estaba hipotónico y un poco débil y se le veía bastante blanquito a diferencia de mis dos hijas anteriores, que estuvieron bastante rosas o rojizas. Este bebé en cambio, estaba más bien pálido así que pensé que el blanco no se tornaría en amarillo y me limité a alimentarlo con biberón y entre horas como lloraba mucho me lo ponía el pecho (ese será el siguiente post).
Lo cierto es que el día en que nos iban a dar el alta, a las 36 horas de nacido prácticamente, le hicieron una analítica y comprobaron que el nivel de bilirrubina era bastante alto y debía quedarse ingresado y yo con él. Tuvimos la gran suerte de que nos subieran una lámpara a la misma habitación en la que estábamos y que el niño se quedará conmigo y no tuviera que estar solo en neonatos sino en la habitación a mi lado. Muchas me estuvisteis en Instagram la historia del bebé llorando a tope y yo sin poder cogerlo.

Yo con mi bebé. Lloraba tanto… qué penita.

Luego se dieron una serie de circunstancias un poco raras pues nos dijeron que el niño tenía un soplo en el corazón o que la causa de la bilirrubina era una incompatibilidad de grupo y que mis anticuerpos sanguíneos destruían los glóbulos rojos del bebé debido a la transferencia sanguínea que se produce en el parto, además me dijeron que con el desprendimiento de placenta los bebés perdían también sangre y que el niño no estaba generando suficiente glóbulos rojos como para poder superar la bilirrubina.

Lo cierto es que el niño debía estar muy hidratado para hacer mucho pipí y caca y de esa manera poder eliminar la bilirrubina que tenía en el cuerpo. Así que tomaba biberón para tener el mínimo de alimento y además el pecho todo el rato para que bebiera aún más ya que lo hacía a demanda y hoy, tras casi 20 días está ya de color carne.
Al final todas las historias del soplo en el corazón, de los anticuerpos y no sé qué más se quedaron en nada, sólo que tenía una ictericia curiosa, como el resto de sus hermanas y como se aprecia en esta foto.

Sustitos de la maternidad… ¿y los vuestros? ¿Tuvieron también ictericia?

3 comments

  1. Andalucía says:

    Pues sí, mi hija la tuvo y sí que fue grave. Fue por incompatibilidad de RH, así que tuvieron que cambiarle toda su sangre por sangre nueva (exanguinotransfusion). Las consecuencias de esa subida de bilirrubina tan grande podían ser fatales, y me la han estado controlando durante 2 años y 4 meses. Ya por fin le dieron el alta definitiva y està estupenda.
    Pero sí, puede llegar a ser bastante grave el tema….
    Me alegro que tu peque ya perfecto!!!

    • misgnomosyyo says:

      Bueno, en ese caso, claro que sí. Los míos han tenido ictericia standar por decirlo de alguna manera, algo sin complicaciones y que se ha mejorado solo. Más me alegro yo de la revuper de tu peque, en serio. Mil besos!!

Deja un comentario