El cuarto. El desenlace

De repente escuché como Manolo decía algo parecido a “Pepe es real” y Pepe, a la sazón mi ginecólogo, vino y comprobó que así era y que tenía que empezar ya con el parto.
Para mí era una cosa un poco precipitada pero dijeron que lo hiciéramos y bueno simplemente pedí las asas para poder sostenerme y empujar mejor de esta manera y me dispuse a darle la bienvenida al benjamín de la familia.
Al principio todo fue bien, de hecho fue tan bien que creo que ha sido el único parto en el que me reído y no tuve nada de dolor. Me daba miedo por lo que se avecinaba y los 4 kilos de bebé que iba a tener pero ya no había marcha atrás. Manolo me miró y me dijo “mira me voy a subir encima de ti y voy a empujar al bebé” y yo, que ya tengo un poco de experiencia, sabía que lo que iba a hacer era una maniobra de Kristeller, cosa que odio y además hablé con mi madre el día antes precisamente para decirle que mis experiencias en esta clínica, jamás me lo habían hecho pero bueno, una vez que estás en el potro y te dicen qué es lo que tienen que hacer pues te dejas, o al menos yo que soy bastante obediente.
Me dijeron que el primer pujo debería ser con la boca cerrada y la barbilla pegada al pecho, empujón fuerte y que ellos me avisarían cuándo debía hacer el siguiente. Obedecí y esperé al siguiente y de repente todo cambió. Ahora me dijeron que abriera la boca. ¿Cómo? Si, si. Que abras la boca. Quiero que empujes con la boca abierta.
(Vaya. Tres partos y en el cuarto es cuando me dicen que abra la boca.) ¿Para qué? Tú abre la boca. Ajá. ¿Aji? ¿Con la baca abiarta? Si. Si. No la cierres. (Pero ¿¿¿qué narices???). “Como en las películas americanas: así” y el propio médico abrió la boca y lo interpretó. Y obedecí.

Lo siguiente fue sentir al niño en la salida y que no lo sacaban. Les pregunté y Manolo me dijo “no sale porque viene con un collar muy apretado” y entendí que venía con vuelta de cordón, pero como mi mediana vino con dos y mi anterior médico se las quitó como si nada, no le di la más mínima importancia. Se las quitaría.
Pero no. (Ahora es cuando os cuento que en mi desesperación preparto me dio por ver videos de nacimientos en YouTube y precisamente vi alguno de niños a los que les cortaban el cordón sin haberlos sacado de sus madres por estar muy apretados. Cosas frikis de una.) y mi marido oyó que decían que lo peligroso ahora era no cortar al niño, pero bueno, que no era la primera vez que lo hacía…
Yo seguía en mi película de la boca abierta. (Luego supe que con esta técnica querían que mantuviera el empujón para que no se subiera el niño pero que no lo hiciera tan fuerte como para que lo expulsara pues el cordón causaría problemas). «Ají que jegui con la baca abiarta un rato máj hajta que me dijeran que podía jerrarla»
Y fue cuando cortaron el cordón y el niño nació, cuando vieron que se había desprendido la placenta, seguramente porque el cordón la arrastró, que había coágulos y hemorragia, que al bebé había que aspirarlo porque había tragado e inhalado mi sangre motivo por el cual había hecho bradicardia, y que había que actuar rápidamente limpiando todo bien, comprobando de dónde venía la hemorragia, por qué se desprendió la placenta y controlando que en mí estuviera todo bien y no se quedaran restos ni hubiera roturas de nada.
No fue a más. Por lo bien que actuó el médico y la rapidez, la sangre fría, la exactitud y su saber hacer.
Yo ni me di cuenta de nada. No supe qué estaba pasando porque tampoco pude ver salir al bebé. Le pusieron una ventosa, pero no la que siempre han usado conmigo, sino una manual, no de las de la máquina que se conecta, y no vi más que a mi médico escabullirse bajo mi camilla (que yo, ojo, seguía con la boca abierta y sólo pensé “parece que esté haciendo kite surf” este médico mío) y vi al niño nacer con sangre, pero lo normal.
Mi marido en cambio si vio cómo nació con la boca llena de sangre y que la echaba como Rocky Balboa tras un puñetazo en un combate.
Le dieron un 9 en el test de Apgar al nacer al niño, después 10 y 10. Oí que estaba hipotónico y lo tuvieron que reanimar, pero por suerte quedó en un susto.
Madre y niño estuvimos fenomenal enseguida.
El niño es un bombón. Y si antes veía a mi médico así
, ahora lo veo así
Al final, pudimos empezar a disfrutar de nuestro nuevo pequeñín rápido.

Y pesó 3,325 kgs sólo.

3 comments

  1. No sin mis patucos says:

    Menudo susto, me alegra muchísimo que el pequeñin finalmente este tan precioso como esta y que puedas contar esta anécdota con humor, jejejeje.
    Lo de abrir la boca es la primera vez que lo oigo.

  2. ana says:

    Jolín que susto!!pero bueno,todo pasó y ahora tienes a ese muñeco divino.Es que esto de los partos es un sin vivir porque se puede complicar todo en un pis pas.Tu médico, estupendo.Besazos guapa

    • misgnomosyyo says:

      Pues si. Esto sucedió en los últimos minutos del parto y se solucionó rápidamente. Mil gracias.

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