Facundo

Facundo vuelve a nuestras vidas ¿Lo conocen? No ¿verdad? Facundo lleva generaciones en la familia pero que yo sepa no lo conocen fuera.
Hace medio siglo, o más, mi tía, -malacomedora donde las hubiera-, cada almuerzo montaba un numerito para no comer. Mis abuelos, de primer cuarto del siglo XX y con otros 9 hijos más, desesperaban ante semejante cuadro y optaban por lo habitual entonces: castigos, riñas o amenazas. El último en llegar a esta ristra de despropósitos fue Facundo, el cocinero.
Facundo era el cocinero de la casa. En un domicilio donde vivían 10 niños, el matrimonio, la tia soltera y el sobrino de turno, el cuerpo de casa era obligado.
Facundo era grande, corpulento, reacio a hablar con los niños puesto que eran tantos que le distraerían y traerían sólo problemas, y pasaba el día preparando las numerosas comidas del menú familiar.
Facundo imponía y lo que más llamaba la atención de mi tía la malcomedora era un enorme embudo que colgaba de la pared de la cocina.
La familia vivía en una casa grande, que aún hoy se mantiene en pie en la ciudad, pero en aquel momento estaba casi en el campo. A uno de mis tíos el médico lo mandó a vivir lejos de la ciudad por unas fiebres que padeció y cuya única cura era respirar el aire fresco del campo.
Esto permitió a la familia crecer, ya que la casa era amplía, establecer su negocio allí mismo y albergar a todos los trabajadores que les ayudaban en la casa.
Facundo era uno de ellos. Vivía en la casa, era soltero y trabajaba muchísimo.
Mi tía, una niña de ojos vivarachos, lo miraba con respeto. Él lo sabía y la ignoraba. Todos sabían que Facundo le imponía, pero a mi tía lo que le daba miedo era el embudo.
Cada día a la hora de comer, bajo amenazas la niña comía pero si algún día se negaba, lloraba y montaba el cuadro a mi tia la amenazaban con que iban a llamar a Facundo y le iba a dar de comer con el embudo. Sí. Mi tia se veía con la boca abierta y el embudo dentro obligándola a deglutir todo aquello a lo que se negase.
La verdad es que no sé su algún día pasó de verdad. No creo. Pero a mí me decían lo mismo de Facundo y me obligaban a comer igual. Y lo hacía.
Hoy al mediodía ha venido Facundo por casa. Lejos de estar viejito y débil, Facundo se ha presentado joven, fuerte, enfadado y cumplidor de su misión.
Siempre he sido de la escuela de mi madre, malacomedora y madre de otra malacomedora ( o peor), que decía que dejáramos libres a los niños que comerían cuando tuvieran hambre. Pero hoy no he podido.
Hoy me he convertido en ese temible Facundo, en el cocinero fuerte, rudo y cuya misión era la de hacer deglutir la comida a la niña: hoy he obligado a mi hija a comer y se ha comido todo el puré de lentejas. Ha llorado, sí, pero más he llorado yo. He tirado por tierra mis principios, mis creencias, me he desesperado, me he enfadado y he hecho que mi hija almuerce. Llevaba no sé ni el tiempo sin probar más que dos biberones al día y algo de merendar.
Algo me dice que soy un monstruo, estoy destrozada, frustrada y triste. Ella está tan feliz y se comió todo sin más remedio.
Yo no sé si he ganado una batalla al fin, si he perdido la guerra, si repetiré esto algún día. Lo único que sé es que Facundo ahora soy yo y me siento rota, por haberlo invocado desesperada.

5 comments

  1. María Garrido says:

    No te fustigues, que no es tu estilo 😉

    Y digo yo una cosa, para hacer el tema mas llevadero, por qué, en vez de hacerle comer toooodo un plato de lentejas, hacéis un trato, si se come X cucharadas, le das de segundo algo rico que sí le mole.
    Yo creo que hacer de la hora de la comida algo insufrible es peor para ellos y para nosotras la verdad.

    Un besote

  2. Una Mamá en la Cocina says:

    A veces esos momentos pueden sacar nuestro Facundo interior y sentirnos la más vil de las fieras…creo que todas alguna vez hemos caído en esas redes….yo confieso:un día o dos fuí Facundo…pero ya no lo volví a hacer. Habrá a quien lo siga haciendo y le funcione,esto es como todo…yo me sentí fatal,pero también me encontré desesperada y recurres a todo lo que escuchas, has vivido o lees, a veces funciona algo sencillo y poco traumático, pero otras ..no…así que ya pasó, si te hizo sentir así y no te gustó, pues no lo repitas y busca alternativa…pero si crees que para ella no ha sido tan traumático y crees que no te sentirás mal porque ella come y la ves mejor,pues úsalo…
    Yo he ido aprendiendo de ensayo-error….unas veces guiada por el corazón y otras por la mente…solo tú descubres qué es lo mejor,pero nunca te sientas fracasada,porqueeee….siempre intentamos hacer lo mejor para nuestros peques…

    Besos #MiPreñiFavorita y ánimo

  3. Mamamedusi says:

    Ay no te sientas mal, hay veces que hacemos cosas que dijimos que no haríamos, pero de lo que no me cabe duda es que lo hacemos con la mejor de las intenciones.
    Quien sabe, a lo mejor no lo tienes que repetir, a lo mejor la próxima vez ya por el temor a Facundo se come todo…
    Ánimo 🙂

  4. Planeando ser padres says:

    Mi bichilla aún es pequeña, además de glotona, y no hay forma de que entienda si la quiero obligar o no. Como a ti no me gusta esto de forzar a comer a los niños, pero también te entiendo, porque la desesperación puede llevarnos a probar cualquier cosa. Lo que no es soportable es que la hora de la comida sea un drama cada día. A ver si poquito a poco consigues dar con la tecla para quedar empatadas las dos.

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