Trabajar en Alemania

Para mí, al irme a Alemania, el encontrar un trabajito alli no iba a ser problema. Si ya volví después de un verano complicado en la búsqueda, una vez empezado el curso no debía ser mucho peor, ¿No? Pues sí. Llegué en septiembre tras estar unas dos semanas en casa preparando maletas y ropa invernal y me marché con mi amiga a mi ciudad alemana. Quien no mueve molino y su madre sostuvieron que no iba a aprender ni palabra de alemán por irme con mi amiga, lacolega de facultad, zodíaco e historia familiar. Vale. Si hay algo que me moleste terriblemente es que me encasillen o me determinen algo. Así pues me convertí en una de las que mejor dominaba el idioma, sólo ese año pues doña Tecla la manchega que se pasó todo el tiempo quejándose del frío, terminó casada con germano y es ya madre de dos teutones. Creo que aprendí rápido porque tengo facilidad y por jorobar a quién no confió en mí 😀
Al llegar me puse a trabajar en un restaurante “español” llamado Mallorca y que regentaban unos búlgaros que en vez de dejarme de camarera me metieron en la cocina. Ni me dieron de alta, me pagaban mal y me perdí muchas fiestas Erasmus. Fue allí donde aprendí a limpiar boquerones y pelar patatas a mayor velocidad pero firmé mi sentencia de muerte cuando me pusieron a limpiar la cocina industrial -jajajajaja- si a día de hoy me cuesta la vida misma limpiar mi cocina de casa y hasta entonces no me había enfrentado a una limpieza tal en mi vida, era normal que fracasara. ¡Y no volví nunca más! No entiendo por qué (?) Por cierto que quizás influyera la lentitud con la que lavaba los platos y la montaña de éstos que oclusionaba la entrada al office. No sé.
Luego me fui con unos portugueses a trabajar a un restaurante brasileño donde los empleados eran en su mayoría de Pakistán (hasta entonces no había visto a nadie de allí en mi vida) y turcos. Me salió un admirador cochino que no me dejaba de piropear y me decía guapa y más cosas que no entendía pero que intuía a pesar de ser en otro idioma. Hubo un pinche de cocina de Togo que se empeñaba en explicarme dónde estaba su país y me decía que me quería llevar allí y a su piso ya de paso. Como yo no accedía un día me dijo que se venía al mío. Fue el momento de escapar. Gracias a Dios me echaron y los jodios portugueses que maltrataban a los pobres inmigrantes que alli trabajaban me dijeron que sólo me pagarían por cuenta corriente y que si no tenía, me quedaba sin cobrar. Tuve que pedirle el favor a mi amigo de Gines y cobré gracias a él. Nunca más volví al Cavana, ese restaurante donde trabajé un 25 de diciembre y donde un militar alemán octogenario me contaba cosas de la guerra y me enseñaba palabras y expresiones nuevas, no todo fue malo.
Más tarde entré a trabajar con mi amiga en el Bachata Rosa, un pub dominicano de ambiente curioso cuanto menos y que más tarde pensamos que se dedicaba a algún tipo de asunto sucio, bendita inocencia. Servíamos mucho zumo de manzana y cerveza ambas mezcladas con agua con gas como mandan los cánones alemanes. Los copazos eran para los latinos y nosotras nos limitábamos a ponerlas, a aprendernos las canciones de “Aventura” y su hasta entonces nuevo single “obsesión”, aunque a mí me gustaba más “amor de madre”. Evidentemente dejamos de trabajar alli en cuanto nos olió a chamusquina, pese a que el dueño y el encargado vinieron a nuestra residencia a buscarnos e implorar al menos mi vuelta al tajo, pero pasé.
El mejor de los trabajos fue dar clases de español, iba a Preetz a darle clases a Frau Fraucke Fricke (valga la redundancia) que fue un amor de señora que me acogió como una más en su familia, que me invitó a compartir la Nochebuena con ellos y que me demostró que los alemanes cuando abren su corazón lo dan todo. Si leéis los extranjeros son los pillos. Trabajé mucho, cobré lo normal, no coticé nada -ni una mísera hora-, madrugué con nieve brutal en las aceras, volví a casa con las claritas del día y no ahorré nada, para colmo me perdí excursiones y fiestas Erasmus y ni una copa me bebí. Fueron las mejores experiencias de mi vida, juré no volver a quejarme por un trabajo en España.

Pd. La foto es de una de las mesas del restaurante Cabana Rodizio sacada de su página de facebook

10 comments

  1. Doña Tecla says:

    Jajajaja, cuando empezaste a escribir sobre alemania me preguntaba si me nombrarías alguna vez, pero lo que más curiosidad me daba era cómo me ibas a llamar 🙂
    porque por lo que he leído tienes un talento para eso… 🙂 Ay Mamá Gnomo, que parece que Doña Tecla se va a tener que ir otra vez a pasar frío. Que por aquí no hay trabajo para el germano de lo suyo 🙁 y hay que mantener a los 2 teutones. Un beso wapísima!

    • Mama gnomo says:

      Ay hija mia quién te lo iba a decir!!! Tu tienes la posibilidad de vivir arropada por los tuyos alli, no estarás sola aunque si que pasaras frio de nuevo jejejeje Si que te iba a nombrar, petarda, hay muchos recuerdos y siempre estás en ellos! Acabo ya con la saga germana. Aparecerás en el otro post también. Un besazo!!!

  2. Remorada - Purple Prose says:

    me divierte pq ningún restaurante especializado en comida de una región… es regentado por alguien q venía de allí!!! pero cómo puede ser eso??? XD

    y ahi la gnoma explotada, pobrecica, con lo tranquila q se está vigilando el jardín y limpiando la piscina! aunq lo peor es haberte perdido las fiestas y los tragos, q eso lo has repetido 2 veces! 😛

    • Mama gnomo says:

      Jajajaja perderme las fiestas erasmus estando en ellas todo el grupo y especialmente mi amiga, la sevillana, la que venía conmigo… Fuuu muy duro eh? Jajaja pero mira, retomé el tiempo perdido y me di a la mala vida en febrero o por ahi 🙂 y hasta aqui puedo leer!!

  3. Elisabet says:

    Hallo MamaGnomo!

    jajaja ;D menuda aventura la tuya! Suerte que nunca pierdes el sentido del humor. Me encanta!

    Saludos desde Deutschland,

    Elisabet*
    @cronicgermanic

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