Hitzewelle

La semana pasada me encontré con mi amiga la Alemana. Estuvimos en casa, en el oasis y alli pasamos el dia como antaño. Y tan antaño. Justo hace diez años un noséqué de junio me fui con mi maleta de Paco Martinez Soria a Hamburgo y de ahí a Lübeck para salir hacia a Oldenburg in Holstein a casa de los padres de mi Kollegin.
Si no hubiera sido por aquel viaje hoy mi vida habría sido otra totalmente infeliz. Doy gracias a Dios, a los astros que se alinearon y a quien haya que dárselas porque pude partir y disfrutar de un país como ése rodeada de una gente fantástica.
Fui con una maleta con dos rodines que pesaba un quintal, bueno aunque creo que era por la falta de tirador porque pesaba lo permitido, y llegué a Hamburgo emocionada. Con un alemán un tanto innovador -jeje- pregunté por el bus y me fui a la estación central hamburguesa, la Hauptbahnhof y me di un garbeo por la ciudad asustadita por la idea de poder perderme. Paseé lo justo y me volví para tomar el tren hacía Lübeck. Atrás dejaba un año de llanto y tristeza continuada y me enfrentaba a lo desconocido pero a ciencia cierta, nunca peor que esos meses negros.
En el tren, lloré viendo esos paisajes tan verdes, esas copas tan frondosas, esos lagos, la vegetación espesa y la ciudad tan bonita. Estaba extenuada y el estrés emocional de los últimos días en Sevilla, hicieron mella en mi espalda -y la maleta, ¡esa dichosa maleta!- pero ante mí se abría una oportunidad que me daba la vida y me cambiaría el rumbo.
Los padres de mi amiga me recogieron “en ese pinche pueblo bicicletero” como más tarde lo calificaría mi amiga la mejicana de Puebla y me pasearon por esas ciudacitas chiquitas tan encantadoras.
Fui feliz desde el momento en que llegué. Los padres de mi amiga, Dieter y Geli, me abrieron su casa, sus vidas, confianzas y un choque cultural curioso.
Me ayudaron cuando les necesité, me acogieron y enseñaron el idioma, me llevaron de excursión, me presentaron a gente y todo, al menos todo lo que hoy quiero recordar, fueron cosas excelentes.
Ese verano fue de los más calurosos en Sevilla, a los 51 grados llegaron y mientras tanto yo disfrutaba de unos maravillosos 34 que en el norte de Alemania se tradujo como insoportable, fue una Hitzewelle en toda regla. Y conseguí trabajo en la playa en una pastelería pero eso os lo cuento en el próximo post, esta semana lo dedicaré a mi año en Alemania. ¡¡El año que me cambió la vida!!

2 comments

    • Mama gnomo says:

      Jjaajja sera…sera!!! Jajaja la verdad es que si eres de Puebla tú también es que la calificación está muy estandarizada allá!! Un beso de los gnomos

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