La Shula. Episodio II.

La Shula y las torrijas.
Ya ha llegado la semana santa. Este año, como viene siendo costumbre, llueve todos los días. Y a pesar de que yo no soy muy capillita, en el fondo me ha dado un poco de pena eso de no tener nada que hacer durante las vacaciones.
Así que, como viene siendo costumbre en mi últimamente, sí no tengo nada que hacer, me Lo invento…
Siempre le digo a mis pacientes que me hagan una lista con las que cosas que le gusté hacer (del tipo: pasear, ir al cine…). Luego les explicó que todos debemos hacer las.cosas que ponemos en nuestra lista. Pero no simplemente hacerlas, Sino disfrutar de Lo que estamos haciendo. Les explicó que no vale de nada, por ejemplo, pasear mientras hablas por telefono de trabajo o mientras piensas en el problema que tienes con tú marío… Que bien, que buenos consejos doy…
Pues bien, mi primer punto en mi lista siempre ha sido cocinar. Disfruto cocinando, amo la cocina, veo programas de cocina, leo libros de cocina. Estoy en un punto entre Brie Vandekam y Mónica Geller. Así que, viendo el plan pasado por agua de semana santa, y aprovechando que el lunes santo me tenía que quedar en casa, pensé: voy a hacer torrijas!! Óle, óle, óle! Que orgullosa estaba de mi misma! Iba a disfrutar haciendo Lo que me gustaba!
Una mierdx…
Primero me puse a cocinar un potaje de garbanzos que tenía que hacer obligatoriamente, principalmente porque no teníamos comida para ese lunes santo. Y cuando acabe con el potaje…entonces me puse con las torrijas. Y como era la primera vez, me las inventé. Y como eran las dos menos veinte, las hice deprisa porque tenía que ir a por la bola a la guarde. Bendita guarde.
Sin recoger la cocina, porque ya había entrado en modo estrés, me fui a por la bola. Y como siempre me puse a charlar con mi seño, bendita seño. Y a charlar. Y a charlar. Oye, y en esto que te metes en la conversación tanto que te flipas…y oye, que acabe diciéndole que al dia siguiente le llevaba torrijas para todos los niños de la guardé. Ea! Ya la había liado.
Pero es que llegó a casa y me escribe mi hermana diciéndome que mañana vamos a merendar ella, yo y mis 10 primas más a Su casa. Pero oye, que cojo yo y le digo que le llevo torrijas…(y está vez no hubo charla de por medio, parece que simplemente se me fundio un cable…).
Así que, con el potaje de garbanzos todavía en la boca, me voy al mercadona a comprar pan, porque obviamente ya no tenía torrijas para 15 niños, 4 seños y 12 primas…que eso es mucho pan… y mucha leche…y mucho huevo…(del que por cierto había pasado en mis primeras torrijas inventadas. Menos mal que siempre recurrimos a las abuelas que ellas, aunque se inventen las recetas, siempre dan en el clavo).
Así que así transcurrió mi lunes santo. Cocinar, cociné. Pero disfrutar, no disfruté. Resulta que va a ser verdad eso de “consejos vendo, y para mi no tengo”.  Espero que este post nunca llegué a manos de ningun paciente, porque sí no me da que van a dejar de comprar mis consejos…lógico y normal.
Jejeje..sin comentarios Shula!! La verdad es que acabo de leerlo y vaya lote de torrijas… !

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