En estas Navidades turrón de chocolate, en estas Navidades…

Madre mía, escribo entre ascos y arcadas y ojo al dato a la hora que es…Empiezo a preocuparme. Sobreviviré, lo intuyo.

Ayer a través de Twitter leía qué buenísimo está cierto turrón de chocolate. A mi casa el señor del supermercado había llegado con la compra entre la que se contabilizaban tres tabletas tres. De buena tinta sé que mi marido, mi gnomita y yo nos hubiéramos comido media al menos. Peeeerooo, no!! Debo estar malísima. Ni las he sacado. Milagros del embarazo.

Gnomita las reconoce y grita desaforada “tocholateeeee”. Le encanta. Y nosotros glotones le damos poquito vaya ser que nos quedemos sin nada; ella pedigüeña mendica por un trocitín, y otro, y otro. Mi bebé de 18 meses es una devoraturróndechocolate como sus padres.

Ya puestos hablar de malos hábitos alimenticios gnomeros, ella queda obnubilada por los refrescos de cola. Jejeje. Le pirran. Alguien le dio de bebé-bebé y ella que no tiene relaciones de amor con la comida o los bibis, pues se hizo íntima de la Cocacola. Como aqui servidora proviene de las Américas ha visto desayunar con ese refresco a su prima de tres años por ejemplo. Allá no hay mito de “ese niño no va a dormir”, no. Tampoco lo habrá sobre la diabetes. Pero se les zampa Coca y café y duermen como benditos. Y Gnomita “tere totatola, tere tocholate y tere tuche” para rubor de su madre y estupor de sus abuelos gnomos.

De todas maneras ella es de poco comer, y no se hincha como sus padres a turrón, y de poco beber, y aunque después de cada sorbito del líquido negro diga “que asco más rico”, ella deja de pedir que el gas llena mucho. Y con las chuches pasa igual.

Yo no sé si los Reyes vendrán cargaditos de regalos, pero el repartidor del supermercado vino cargadito de turrones que creo que se comerán papá Gnomo y ella porque yo…voy a vomitar!! Con permiso…

Ese turrón ciertamente es una ricura y sabrosura. Relleno de sus crujientes bolitas que se entremezclan por ese chocolate dulce y envolvente que siempre se deshace entre los dedos de quién lo come y quien para finalizar, siempre, siempre debe chuparse las yemas dactilares para rebañar los últimos restos mortales de tan delicioso manjar. Es un de los grandes placeres de la Navidad. Mmm.. Y yo ya no lo voy a probar. Se lo dejaré todo a Gnomita y su papá. Qué remedio…

Como estoy inspirada voy a hacerle una coplilla…

Siempre llega en Navidad

un delicioso manjar,

chocolate muy crujiente

a envolver al paladar

rico en su sabor; causa éxtasis,

delicia digna de un Zar.

Y no está patrocinado este post, son delirios de embarazada insomne. He dicho.

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