No paza Naaadaa… Coñ*

Mi gnomita ha aprendido a decir esta frase muy, muy bien. Tanto como coñ*. La abuela de mi niña, la abuela gnomo, dice que los niños dicen y hacen lo que ven. Ejem… esto hace que recaiga toda la responsabilidad sobre mí; se aprecia ahí la subjetividad de la gran gnoma. Pero tiene más razón que un santo, jejejejeje.

Mi gnomito irá a los mejores colegios, jugará al golf o practicará hípica al grito, con eco infinito, de coooooooñ*!!! Como una braveheart de la vida y luego dirá..no paza naadaa.

El otro día sin ir más lejos, estábamos en el pediatra; entre saco el bolso, busco la cartera, gnomito no te escapes, espere un momento por favor y los sudores propios de las 28 semanas de embarazo, el carrito gnomero se me cayó porque es ultraligero, obviamente. Y se cae todo el tiempo. Y ya atacada porque gnomito se iba a la calle dije ¡¡¡Coñ* el carro!!!!

Mano de santo. A gnomito se le quitaron las ganas de escapar y con un porte marcial empezó a gritar enfrente de la sala de espera, coñ* el tado, coñ* el tado, coñ* el tado…para vergüenza de su mamá que le decía, ¡No,no,no digas eso…eso no!, y la enfermera se reía y los padres flipaban porque ése era un sitio de gente elegante, seria y no de barriobajeras que salen del arrabal…que si la niña lo dice, es que lo escucha en su casa.

Ayer mismo le comuniqué que la bañerita hinchable de Winnie the Pooh se había pinchado y me miró incrédula; se acercó a la susodicha y se fijó atentamente y exclamó: ¡Coñ* za pinshao!. No te preocupes reina, que ahora la infla mamá para que te puedas ir al agua patos, patos. Y así olvidó su percance.

Pero su carrera palabrotera empezó cuando oyó por primera vez a papá gnomo gritarle a un árbitro hijo de put*. Mi niña dijo entonces: Put*! Noooo, noo, no digas eso. Mirada retorcida a papá gnomo. Pero a ella le gustó..jejejjeeje y luego vino tio Cacahuete, hermano de papá gnomo, y le soltó al pobre árbitro ¡Nooo…. coñ*! y mi gnomita se decantó por esta última, por más sonora, más frecuente, más bonita y más difícil de pronunciar, que a ella los retos, le van.

El mío será que se olvide de sus nuevas palabrejas para que parezca una niña bien y la admitan en todos los círculos que tengo pensados para ella ya que yo misma me encargo de su vestuario y de peinar sus rizos y adornarlos con una “tola y laso”. Y aqui paz y después gloria, no pasa nada; coñ*!

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