Gnomita está para comérsela…

Eso pienso yo cuando la miro y le hago cosquillas y le doy bezitos, bezitos y me sonríe y me entra el amor de madre infinito. Eso es.

Pero ayer a su amigo el del chaquetón, con el que gnomita disfruta dándose besos en los morros, casi se la come de verdad.

Pongámonos en antecedentes. Gnomita es una niña bastante tierna y cariñosa y da besitos a quién quiere cuándo quiere como cualquier niño. Su amigo el del chaquetón es guapete y muy bruto y le hace placajes jugando y ella sufre en silencio. Ni la madre de él ni yo hemos comprendido ese silencio, pero gnomita no llora. Aunque berree cada vez que se acuerda de que un día se cayó y se hizo sangre y diga “sanguie, sanguie..pupa!!” sobre una cicatriz que tiene un mes ya.

A lo que iba, que ayer estaba jugando y ella decidió adueñarse de cada juguete que cada niño tenía. Y su amigo el del chaquetón, que tras cada placaje le pedía perdón y le daba un besito mientras ella giraba la cabeza hábilmente para que èste terminara en sus morros, era el que poseía cada oscuro objeto de deseo. Éstos eran un camello y una vaca, sacados de la feria de portales de Belén, una moto de Mickey y una pandereta. Ella necesitaba todo eso. Estaba claro. Y perseguía a su amigo para pedirle las cosas. Y el amigo intentaba escapar. Pero gnomita es veloz. Y se agarra cual orangután a las ramas. Y el amigo de los besos, estaba una mijita jarto.

Empezaron ambos al unísono, “eeeeeee miooooo”,”noooo eeee miooo”, “dameee damee”. Y ahí se produjo el suceso. Ambos se callaron y el amigo de los besos optó por morderla; decidió comérsela. En un arrebato caníbal, el besucón se tornó dolorosamente excesivo. Mi hija no lloraba, quería la pandereta y se iba a salir con la suya así acabaran con ella “de a bocaítos chicos”.

La mamá del besucón los separó, y el caníbal en vez de soltarla, tan fuerte le tiraba que le estiraba la piel de la manita. Y mi hija sin llorar, debió pensar algo así como “tú muerde, muerde, pero la pandereta me la quedo yo al final”. Y fue verdad.

Al caníbal lo castigaron, y ya ella lloró al fin, una vez consiguió su tesoro

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Tiene un tatuaje en la mano. Una dentadurita redonda conformada por dientitos chicos que luce en tonos rojizos sobre su piel blanquita.

Menos mal que contuve a la Esteban que llevo dentro y que me limité a consolar a mi chica.

Poco!!Poco castigaron al caníbal…¿¿¿tú sabes lo que le dolió a mi gnomo??? Pobre de mi niña, qué difícil es ser yo, debió pensar.

3 comments

  1. Anonymous says:

    aqui tia mono!!! pobrecita mi gnomo!!! le falto mirar al niño del chaquetón una vez conseguida la pandereta con cara de “ea! te castigaron” y llorar y llorar… jijiji!!!

  2. Anonymous says:

    Resulta que Mamagnomo hizo lo mismo que le hicieron a su pobre hijita cuando ella tenía 2 añitos. La pena es que ahora es la gnomita la que pagó en sus propias carnes…pobre inocente.

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