El día que me convertí en doula. Parte II.

Bien, prosigo con la saga, jeje. El peque de mi amiga quiso nacer teniéndome a mí como monitora de soplidos y yo lo agradecí eternamente. Mi segunda experiencia fue espontánea totalmente…

En mi casa antigua, alias la de los Martínez, había un trasiego vecinal y de visitas inaudito. Éramos vecinos jóvenes y los sábados..hala!! unas tapitas y unas copitas tós juntos pero sin arrebujarnos. ¿Qué cómo lo hacíamos? Pues al ático los hombres a ver el fútbol y las mujeres, de cualquier edad abajo a hablar de partos y maternidades varias.

En esas estábamos cuando llegaron nuestros amigos. Al amigo lo mandamos arriba a beber vino y ver el partido y a la amiga, ya cumplida, la sentamos a oir lo bueno que son los partos porque nadie contó lo “desgarradores” que pueden llegar a ser…jijijiji; Hasta ahí fueron todo alabanzas epidurales.

En ese momento una menda estaba a régimen hasta decir basta porque la lactancia sumada al embarazo y a la ignorancia supina, le dejó unos kilitos que redondeaban cual Botero la figura gnomera. La pobre amiga, tenía diabetes gestacional.  Así que hallábame yo en mi cocina preparando una ensalada de pasta, pasta que se comería ella, puesto que yo sólo probaría las lechugas, cuando todas animadísimas charlaban sobre bebés y gnomita hacía de las suyas al igual que el niño de la canija.

La amiga que se va al cuarto de baño, se pone de pie y exclama: ¡Ahí va que he roto aguas! (primera persona en la sala que rompía aguas, las demás fuimos víctimas de la medicalización del parto). Silencio. Susto. Incredulidad. Venga ya! ¿Cómo lo sabes?…

¿Por qué? ¿Por qué fuimos tan salvajes de preguntar eso? ¿Cómo lo sabes?????!!!! Claro que era obvio, claro que lo sabía, cuando mi querida movió una de sus piernas, pese a los vaqueros que llevaba, cayó agua a mi sofá y al suelo de mi salón como si volcaran un barreño de agua de 50litros de repente.

Madre mía!! Increíble y automáticamente..yo salté de la emoción..sí, sí..siiiiiiiiiii!!!! Mi amiga traía un bebé de nalgas y la sombra de la cesárea planeaba sobre su tripa. Su médico siguió adelante con el plan de parto vaginal y estaba esperando sólo a que se desencadenase naturalmente.

Así que era muy emocionante que este suceso aconteciese, ¡¡y en mi casa!!; Decidí ir a verla al baño y ahí estaba ella asustadita perdida. Pensaba que no podía salir porque aquella fuente era inagotable. De sus pantalones seguía manando agua, sus botas estaban encharcadas y ella tenía miedo.

Acercarme a ella y decirle que no pasaba nada, que la cambiaba de ropa, que la envolvía en empapadores, que era su momento, que lo disfrutara, que comiera y que se preparara, ya iba a estar aqui su bebé!! Fue de lo más gratificante. Lo mejor es que no tenía dolores.

Hubo una visionaria que avisó a los maridos futboleros; en el ático reinó el gozo, abrazos y felicitaciones por doquier, brindis por el nuevo padre, y una carrera al piso de abajo para ver a la futura mamá que estaba pálida.

A la mamá le puse la cena. Me dijo que necesitaría las fuerzas para lo que se le venía encima y yo le dije que el médico jamás sabría si había cenado antes o después de la rotura de bolsa.

Y así empezó la llegada de PP al mundo. Otra vez en sólo dos horas. En este caso sin un sólo dolor y en menos que canta un gallo, mi amiga se vio en un quirófano, rodeada de gente y con un bebé saliendo de nalgas sin necesidad de cesárea..

Y fuimos felices y comimos perdices. Aunque yo después de perder los ocho kilos que me sobraron de la experiencia de gnomita.

2 comments

    • Mama gnomo says:

      Bueno, quizás estuvieses en el ático viendo el fútbol no? 😀 Yo estaba feliz,tuve mi momento “llama a la comadrona” improvisado. Y bueno, luego la funda del sofá a la lavadora a 90º y aqui no ha pasado nada ^-^ beso de los gnomos

Deja un comentario